“Bestia”, el cortometraje que recoge uno de los episodios más escabrosos de la dictadura de Pinochet, es nominado a los premios Oscar

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El cortometraje se fundamenta en los hechos ocurridos en la casa llamada “La Venda Sexy” o “La discoteque”, denominada así por el tipo de vejámenes sexuales que se practicaban en ese centro de detención.

El cortometraje de animación chileno, “Bestia”, nominado a los Premios de la Academia, es una oscura historia que expone de manera interpretativa la brutal forma de tortura a muchas mujeres, ejercida por Ingrid Olderöck, agente de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), en una casona ubicada en la comuna de Macul, durante la dictadura militar de Pinochet, en Chile.

El cortometraje se fundamenta en los hechos ocurridos en la casa llamada “La Venda Sexy” o “La discoteque”, denominada así por el tipo de vejámenes sexuales que se practicaban en ese centro de detención y por la manera en que los detenidos debían convivir con sus torturadores, vendados. Aquí, Ingrid Felicitas Olderöck Benhard, ejecutaba violaciones a nombre de la dictadura, que dan sentido al título de esta pieza artística.

Olderöck es la protagonista y ejecutora del terror, y sus actos la ubican entre una de las torturadoras más despiadadas de la dictadura militar.

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No palidecía ante los nombres de autores que la historia recordará siempre por los más terribles crímenes de lesa humanidad ejecutados en Chile, porque ella pertenece a aquel grupo de violadores a los derechos humanos que gozó de total impunidad hasta el día de su muerte.

La génesis del cortometraje partió en 2016, con la idea de Hugo Covarrubias
(su director), de hacer una serie sobre personajes poco conocidos de la historia
política de Chile.

https://www.youtube.com/watch?v=Ds_X-G98Vs4

 

Un día, estando de vacaciones, entró a una librería y se encontró con el texto de la escritora y periodista, Nancy Guzmán, titulado: “La mujer de los perros”. Cuando Covarrubias comenzó a leer las entrevistas que Guzmán le realizó a Olderöck, entendió no solo la complejidad sicológica de la que sería su personaje principal, sino, también, aquella dimensión filosófica tras su actuar; ese deseo o intencionalidad de infringir daño a otro ser humano, con absoluta libertad y conciencia de que se tiene el poder y las capacidades intelectuales para hacerlo.

Para Covarrubias, el libro de Guzmán fue fundamental para dar un vuelco profundo a su trabajo, ya no solo en la consideración de los hechos reales y aberrantes ocurridos en la dictadura chilena entre 1973 y 1988, sino en la magnitud y profundidad de la perversión que se vivió en Chile, por personas como Olderöck.

Bestia y Volodia

Las entrevistas hechas por Guzmán a la Agente de la DINA, evidenciaban los traumas, la paranoia, las desviaciones y un patrón que se repite en personas que actúan desde la maldad, desde un comportamiento perjudicial y destructivo como fuente de sufrimiento moral o físico: incólumes ante el dolor ajeno, intentando demostrar una imagen muy distinta de la que conocieron sus víctimas, enmascarando su propia inquietud, desviando las respuestas, excusándose de no recordar, en el caso de Olderöck, por efecto de una bala que tenía alojada en su cabeza.

Ingrid Olderöck: una mente perversa

Inteligente, rigurosa, autoritaria, irónica, de carácter complejo, manipuladora, calculadora e inexpresiva, características que la transformaron en un ser perfecto para enseñar su mayor especialidad: ejercer tortura y adiestrar a perros con el fin de violar a detenidos llevados a la casa de la DINA.

La protagonista del cortometraje nominado a la estatuilla, fue una hija de alemanes asentados en Chile, criada por padres violentos, con ideas ligadas al nazismo y con el precepto de que el momento más importante fue el ascenso de Hitler. Consideraban como valor máximo el orden y rechazaban la diversidad y la diferencia entre los seres humanos.

Frustrada por no poder entrar a la Escuela Militar, ingresó a Carabineros con lo que acentuó aún más su carácter opresor. Fue oficinista y, en paralelo, la primera mujer paracaidista de esa institución. Gruesa corporalmente, extremadamente fumadora y con apariencia despreocupada que se entremezclaba con un aire culturalmente más masculino y déspota.

Siendo Mayor de Carabineros, fue reclutada para integrar un escuadrón femenino, por Manuel Contreras (jefe de la DINA, condenado, quince años después, a 549 años de cárcel y 24 días, por delitos de lesa humanidad).

Contreras, militar del ejército, vio en ella las habilidades que la llevaron a hacerse cargo de este destacamento especial de setenta mujeres a quienes ella entrenó en las artes de la guerra, seguimiento, espionaje, tortura, asesinato y desapariciones.

Una de las misiones del grupo era detectar a hombres de pensamiento izquierdista, generar lazos con ellos, llevarlos a la Casa para ser torturados y luego asesinados.

Olderöck estaba a la cabeza de los procesos siniestros de detención, sacrificio y crímenes. No obstante, había una especial forma de tortura que estaba a su cargo y que la hace pasar a la posterioridad como “la mujer de los perros”.

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Se especializó y dedicó a adiestrar perros, pero había uno en particular, Volodia (llamado así para molestar a los torturados, pues era el nombre del Presidente del Partido Comunista), un pastor alemán que vivía con ella, a quien macabramente entrenó para violar mujeres.

Un animal instruido solo obedece a su instructora. Los verdugos (aparentemente oficinistas) tenían a los detenidos y detenidas hacinados, desnudos, vendados durante días o semanas, sin espacio para sentarse, sin ser alimentados, con órdenes de no hablar.

Olderöck tenía un cargo importante, era capitana, por lo tanto, sus órdenes se cumplían. Bajo una música con alto volumen para enmascarar las torturas, la agente ejercía su poder violento y maligno. Víctimas reconocen su voz dirigiendo al animal, mientras los otros torturadores obligaban a los detenidos a adoptar posiciones que facilitaban el abuso.

Cuando los detenidos eran apuntados con el dedo por los Agentes de la DINA, por órdenes de Olderöck, ya no volvían. Podían morir rápidamente por un disparo o de manera lenta a través de torturas.

Luego, eran subidos a un automóvil dentro de un saco y llevados a un monte o a un helicóptero, para ser arrojados al mar, amarrados a un durmiente para que, posteriormente, su cuerpo no flotara.

La mujer que jamás fue interrogada judicialmente, alcanzó altos niveles de sadismo a través de distintos planes de la DINA. Conoció los secretos de Contreras, que lo relacionaban con el “Proyecto Andrea” para fabricar el gas sarín, líquido usado como arma química y de destrucción masiva.

Participó en la “Operación Cóndor”, campaña de represión política ideada por Pinochet y Contreras, cuyo objetivo era secuestrar, detener, torturar, asesinar y desaparecer a civiles y adversarios políticos. Además, mandó a torturar y violar a su hermana para quedarse con la herencia de sus padres.

En 1981 sufrió un atentado por el MIR (miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria), ocasión en que recibió una bala en la cabeza, ataque en honor a Lumi Videla, militante y estudiante de sicología, de 26 años que fue detenida, torturada, violada, asfixiada y arrojada a uno de los patios de la Embajada de Italia en Chile, por Agentes de Seguridad del Estado.

Sin embargo, Olderöck siempre insistió que el fallecido general de Carabineros, César Mendoza, dio la orden para su asesinato. Aunque quienes realizaron el atentado sí fueron detenidos, nunca fueron interrogados sobre el atentado a la Agente de la DINA.

El cortometraje muestra la irónica y dicotómica vida de Olderöck, un mundo aparentemente habitual a la luz del ojo público, pero contrapuesto con el verdadero, premeditado y bestial. Una casa, un desayuno, un traslado a un trabajo, un ritual que gira al espectador hacia a una oscuridad aterradora.

A nivel narrativo, el cortometraje se adentra en la sicología de un personaje con una mente depredadora y perversa. Ocupando la animación se comienza a ficcionar el mundo interno de Olderöck, a ratos surrealista y onírico que recoge siempre en primer plano sus imágenes mentales, sueños, delirios.

El corto es una interpretación sutil y cuidada, sin diálogos, centrado en la fuerza vital de una mujer capaz de convertir lo suave, lo bondadoso y edulcorado, en un arma siniestra oculta. Un viaje hacia la intencionalidad que da la libertad y decisión de infringir una acción que vaya en contra de los derechos fundamentales de otros y, que, al mismo tiempo, les produzcan dolor.

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