Nueva York, como en su día lo fuera París, es la ciudad que muchos Latinos eligen para desarrollar su trabajo y para exponer al mundo su concepción de un mundo artístico cada vez más global.
Por Ana Crespo
París fue durante muchos años la reina indiscutible en el mundo del arte, pero Nueva York la destronó en los años cincuenta. La vibrante escena ha atraído desde entonces a cientos de artistas, que instalaron sus estudios en esta ciudad.
Y aunque el mundo del arte esté globalizado, haya otras ciudades muy activas en el mundo del arte y sea el mercado asiático el que no para de crecer, la Gran Manzana mantiene un encanto intacto para los creadores. Entre ellos muchos hispanos que siguen estableciéndose y desarrollando sus obras en este lugar.
“Aunque el mercado del arte esté en crisis, la ciudad mantiene un gran flujo de galerías y museos, está continuamente creciendo y cambiando”, explicó María José Durán, artista chilena de 29 años que llegó hace tres a la ciudad de los rascacielos con una beca Fulbright.
CONSTANTE FORMACIÓN
Durán, que combina su trabajo de asistente de la artista Lydia Benglis con la creación de esculturas, instalaciones y dibujos, afirma que no se trasladó a Nueva York para vender sus obras, sino para formarse.
Primero, a través de un postgrado en la School of Visual Arts, pero también gracias a la propia urbe. “Nueva York sigue manteniendo su liderazgo, es un lugar para saber qué estea pasando en el mundo de la cultura y ofrece una educación constante”, explica.
En el arte, quizá más que en cualquier otro campo, la formación no termina nunca, por lo que los que comienzan su carrera como Durán comparten la ciudad con otros que ya contaban con una trayectoria nutrida en sus países de origen, pero que decidieron cambiar de residencia para seguir creciendo como artistas.
Es el caso de los españoles Manolo Valdés o José Manuel Ciria. Antes de trasladarse a Nueva York en 1989, Valdés fue cofundador del colectivo artístico Equipo Crónica, que desde 1963 hasta 1981 aplicó con ironía el pop art a la historia española.
Por su parte, Ciria, reconocido pintor abstracto, dio “un giro hacia el arte figurativo y a colores que no había usado antes”a raíz de instalar su estudio en Nueva York en 2005, según señaló.
LA CIUDAD Y LA OBRA
Si hay algo en lo que los artistas consultados coinciden, ya sean veteranos o recién llegados e independientemente de la disciplina artística que cultiven, es en que la ciudad inspira.
“Cuando llegué a Nueva York, lo primero que vi fue la estación del metro en la calle 42 de Times Square. Las luces, los sonidos y la energía del lugar me inspiraron para continuar mi vida como artista”, explicó Grimanesa Amorís, artista peruana que llegó a la ciudad con 21 años y una beca para estudiar en la Art Students League.
“Proceso lo que veo en las calles y lo incorporo a mi obra, aunque la urbe no sale expresamente”, afirma Uzi Sabah, que desarrolló su trabajo en el campo del videoclip y el vÌdeo experimental primero en Uruguay y desde hace dos años en Nueva York.
Parte de la obra de Sabah gira en torno al “found footage”, o películas ya existentes, la mayoría en formatos analógicos, que el artista emplea para crear nuevas obras. Así, trasladarse a la Gran Manzana le sirvió para encontrar no solo inspiración, sino materia prima.
“En Uruguay es más difícil conseguir el material con el que trabajo, películas en celuloide en 16 milímetros y super 8, allí el campo es más limitado”, reconoció.
En algunos casos, la inspiración que brinda la ciudad se concreta, y ésta aparece de forma explícita en la obra. El español Marcos Tamargo, que dice que la ciudad, a la que se trasladó al terminar sus estudios universitarios en su país natal, “regala arte y eso anima cada día a la creación”, ha representado en sus lienzos de gran formato lugares tan reconocibles y concretos como el metro de Nueva York, o paisajes norteamericanos como puertos de la costa este de Estados Unidos.
Por su parte, la argentina Denise Turu, que desde 2000 se mueve entre Nueva York y otras capitales como París, creó una serie de obras titulada “New York, New York”, en la que aparecen elementos tan asociados a la ciudad como los taxis amarillos o las señales de tráfico que se pueden encontrar en sus calles.
Turu, que trabaja la pintura, la ilustración, la escultura o la instalación, también es la autora del dibujo y el guión de una novela gráfica que protagoniza una artista hispana en Nueva York. “Es en parte mi historia”, señaló, “pero también la de mis antepasados y los marcos históricos de los países que viví, como la época de la dictadura en Argentina cuando nací, o el atentado del 11 de septiembre en Nueva York”, explicó.
ENTRE DOS MUNDOS
Aunque vivan en la Gran Manzana, estos artistas no abandonan nunca sus lugares de procedencia. A través de su obra, establecen en ocasiones puentes que unen los diversos mundos entre los que se mueven. Es el caso de Victoria Febrer, que nació de padres españoles en Estados Unidos y crecieo entre diversas culturas e idiomas.
En sus lienzos y “vinografías” -imágenes creadas a partir de vino tinto con una técnica de su propia invención-, Febrer explora la manera en la que las imágenes pueden servir “para el entendimiento universal”.
Para ello, busca encontrar “Ése punto en el que la imagen se reduce a lo mínimo que se necesita para recordar un lugar, porque es ahí donde la imagen se convierte en algo universal y reconocible”, explicó.
“En mis imágenes hay cosas que alguien de Japón, de Hawai o de Rusia puede reconocer”, dijo acerca de su última exposición, “Memorias de un mar”, una colección de paisajes marinos reducidos a su mínima expresión, que evocan espacios que podrÌan formar parte de cualquier punto del globo.
Por su parte, Grimanesa Amorís llevó a Times Square, en el centro de Manhattan, una pequeña parte de su Perú natal, en concreto su versión de las viviendas de los indios Uros del lago Titicaca, “Uros House”.
Esta escultura con luces se expuso en la célebre plaza durante la feria de arte moderno Armory Show a principios de marzo de 2011, y evoca las viviendas de los Uros, que flotan en Titicaca gracias a que están construidas con un tipo de caña especial.
“Desde que llegué a esta ciudad, siempre quise hacer una pieza sobre mi amor por el Perú”, señaló la artista. “Uros House” tiene un gran significado para mí, y su ubicación en Times Square es muy importante porque es el corazón de Nueva York”, dijo.
GRAN COMPETENCIA
Nueva York puede ser la mejor en lo que a inspiración y educación se refiere, pero por lo que se desprende de las opiniones de estos artistas, en el aspecto económico no está tan claro su reinado, y a veces el número de creadores puede llegar a ser un inconveniente.
“El hecho de que haya una gran cantidad de artistas es bueno y malo al mismo tiempo, por una parte el estar siempre rodeado de personas creativas te anima a crear, y por el otro, existe una gran competencia”, señaló Marcos Tamargo.
Sin embargo, para Denise Turu, “es cierto que la comunidad latina en Nueva York es enorme y por ende la competencia, pero en una ciudad como ésta hay mercado para todo y todos”, todo depende “de cómo uno de a conocer su arte”, argumentó.
Otros, como Uzi Sabah, ven las dificultades en Nueva York, pero desmitifican que sea más difícil en unos lugares o en otros. “En ocasiones hay tanta oferta, que se compite por lo mismo y tienes que bajar el listón económico”, explicó.
‘Pero vale la pena estar aquí, económicamente es difícil en cualquier lado”. En esta línea, Victoria Febrer, que trabaja en el mercado estadounidense y el español, también desmitifica la idea de que sea más fácil para los artistas en unos lugares o en otros. “Cada uno lo ve más difícil donde está, son modos diferentes de venta. En Nueva York por ejemplo funciona muy bien que el artista abra su estudio, y en España parece que se prefiere la galería o la feria de arte”.
ESPACIOS PARA EL ARTE HISPANO
Además de su presencia constante en galerías y ferias de arte, en colecciones y eventos de instituciones como los museos Metropolitano, de Arte Moderno (Moma) o en subastas millonarias, el arte hispano cuenta en Nueva York con un espacio privilegiado: el museo del Barrio, situado en el corazón del Harlem hispano, al noroeste de Manhattan.
Esta institucieon nació en 1969, ligada a los movimientos sociales de la época que reivindicaban más espacios para culturas alternativas, y desde entonces se ha convertido en un punto de referencia para el arte hispano en la ciudad. En estos momentos se prepara para acoger en junio su sexta Bienal, que mostrará las creaciones de 75 artistas latinos y caribeños que desarrollan su trabajo en la ciudad.
Tampoco se puede olvidar que Nueva York cuenta con un centro dedicado a la cultura hispana desde 1904: la Hispanic Society of America, un museo, biblioteca y centro de investigación del arte y la historia de España, Portugal y Latinoamérica. Entre sus fondos se pueden encontrar desde ejemplos únicos de cerámica de Puebla (México), manuscritos de Francisco de Quevedo (1580 -1645), lienzos de Diego Velázquez (1599-1660) u obras de artistas hispanos contemporáneos, como Victoria Febrer.
Otra de las instituciones que se centran en el arte hispano en la ciudad es la Fundación Gabarrón, que desde que nació en 2002 acoge diversas actividades y muestras alrededor del trabajo de artistas hispanos o acerca de sus países de origen, con el objetivo de promocionar su cultura. Un ejemplo más de que estos creadores tienen mucho que contar en Nueva York.



























