
Nilda M. Tapia
Nueva York (ILN).- José Bonilla dirigió diestramente esta comedia –que no podemos calificar de ligera porque entre chiste y direte se cantan muchas verdades muy profundas en las relaciones entre un hombre y una mujer. El actor dominicano Antonio Rubio y la actriz colombiana Rosario Pineda mostraron con creces que de labores histriónicas tienen bastantes millas recorridas.
La obra está basada en una comedia pero adaptada y traducida al español por los mimos actores. Exhibe el comportamiento abierto y algo desenfadado de la mujer independiente de hoy, que no tiene remilgos en imponer su presencia cuando ve la oportunidad. Y esa oportunidad estaba allí, en el departamento de soltero de un joven abogado que sólo le interesa su profesión y gastar su juventud tratando de trepar la escalera económica.
De ese modo, posterga las relaciones prolongadas y sólo alimenta aquellas que lo diviertan pero no lo acorralen. Las grandes ciudades están llenas de “buenos mozos” viviendo la bohemia callejera con un hiatus de 9 a 5, único período que construyen su futuro. Mientras tanto, por su vida pasan seres que se merecen mejor atención.
La joven llega en el momento preciso que el joven se alista para ir al trabajo. Le pregunta si allí vive un tal Eugenio Frías. Nervioso el joven lo niega y confiesa que ni siguiera lo conoce. Pero la joven, muy lista por cierto, insiste en entrar en el apartamento. Confundido con el desenfado, el joven no haya qué hacer, y apremiado por llegar a su trabajo, termina dejándola instalada en su casa. Trata de seguir adelante con su vida, pero la joven muy astuta le sigue su juego. Poco a poco se va adueñando ella de la situación. El joven reacciona cuando ve que ni su ropa ya tiene espacio en el único armario del minúsculo lugar. Protesta y se queja. Ella trata de conformarlo cediéndole de regreso el espacio que había tomado. Mientras tanto, ella le hace sentir su presencia diaria y él va cayendo en la trampa, feliz de saber que tiene alguien que lo espera en casa.
Antonio Rubio encarna al joven abogado dueño de su apartamento, invadido por la intrépida joven muy bien encarnada por Rosario Pineda que irrumpe con tanta fuerza en su papel de invasora que aparentemente queda como dueña y señora de la escena. Pero no nos engañemos con los trucos de la actuación. La joven supo llevarnos al climax y brillar como lo hacen los “malos de la película”. Antonio Rubio con mucha subjetividad nos hizo sentir el peso del hombre aturdido por su trabajo, desprovisto de interés personal para transformarse al final en el hombre enamorado de su supuesta invasora. Aceptemos que el personaje de la joven tenía las mejores líneas del diálogo para lucirse.. Teatralmente fue así. Pero como ocurre con el actor que sabe transmitir en silencio más que con la elocuencia de las palabras… Rubio supo dejarnos esa magia que sólo consiguen los actores de peso.
Tanto la Pineda como Rubio nos llegaron con creces para hacernos pasar una velada de encanto teatral. Nos dieron comedia y romance…sin llegar al empalago que tanto desencanta… Fue un final de fiesta aplaudible para cerrar el Sexto Festival Internacional de la Casa de la Cultura Navarrete.


























