
Por Fernando Campos
IMPACTO
El recién pasado primero de noviembre visitamos nuevamente el Weill Recital Hall del venerado Carnegie Hall, para la celebración del trigésimo Concierto Anual de Gala de la entidad Amigos de la Zarzuela, y una vez más disfrutamos de un evento que es ya tradicional en nuestro entorno, que año tras año reúne a un grupo de artistas de primer orden empeñado en mantener vigente entre nosotros la más emblemática expresión del teatro musical de España.
Como bien se sabe. Amigos de la Zarzuela tiene al frente a la diligente Carmina Lombas García, quien merece todo nuestro respeto por su estimable aporte elevando el nivel cultural de la comunidad hispana de la ciudad de Nueva York.
Y bien puede decirse que el elenco seleccionado para la ocasión se hizo acreedor de los bravos recibidos tras interpretar como número final el “Pasacalle” de “Agua, azucarillos y aguardiente,” de Federico Chueca.
Entre los otros números que más nos impactaron figuran la romanza “No puede ser,” de “La tabernera del puerto,” de Pablo Sorozábal, interpretada por el tenor mexicano Alejandro Olmedo, y por supuesto la interpretación de éste del “Granada” de Agustín Lara, que aunque no proviene de una zarzuela tiene las características del género.
No menos impresionante fue el dúo que ofrecieron la soprano Amaia Abreras y la mezzo-soprano Anna Tonna tomado de “Los diamantes de la Corona,” de Asenjo Barbieri; y cabe mencionar que tanto la guapa Amaia Abreras como Alejandro Olmedo también compartieron un momento estelar al ofrecernos el “Caballero de alto plumaje” de la “Luisa Fernanda,” de Federico Moreno Torroba.
Por su parte, el barítono Ricardo Rosa también dio buena cuenta de su talento vocal primeramente con “Mi aldea” de “Los gavilanes,” la zarzuela cumbre de Jacinto Guerrero; y cuando con Anna Tonna hizo un dúo de “La rosa del azafrán,” también de Guerrero.
Pero además de las voces privilegiadas que adornaron la celebración, el programa tuvo como atracción especial a la bailarina peruana Gabriela Granados, quien nos deleitó con el “Fandango” de “Doña Francisquita” de Amadeo Vives, con la coreografía de José Molina, así como con su propia creación “Tango,” con música de Isaac Albéniz.
Y, finalmente un párrafo aparte es lo que merece el pianista ruso Maxim Anikushin, quien no cesó de asombrarnos con su virtuosismo, que constituyó uno de los elementos claves del éxito de esta gala anual de Amigos de la Zarzuela.


























