
Nunca está demás repetirlo, hasta el cansancio repetirlo: cuando la democracia está en peligro debemos buscar las causas para encontrar la solución.
Hoy estamos en peligro, se aviva el fuego del fanatismo, se avivan el racismo institucional y personal, puesto que el racismo no es solamente el de las leyes, de la salud, de la desigualdad, es también y sobre todo el racismo en cada uno de nosotros.
Se aviva la ilusión de un poder compartido a través de demagógicos discursos, de llamados a aplicar el lado oscuro de la ley, el favoritismo de la ley, la injusticia de la justicia.
Se oculta la pobreza ofreciendo riqueza fácil, vendiendo ilusiones a un pueblo que perdió la ilusión, se ofrecen imaginarios trabajos a quien de ellos carece.
Se aviva el temor a la desigualdad: ellos, los otros, los miserables, invadirán sus jardines, ensuciarán sus calles, afearán con su presencia los parques, ellos podrán aspirar a casarse con sus hijas, sus hijos, ellos, ellas cambiarán el color de América.
Se aviva el fantasma de la igualdad: igualdad significa menos derechos, menos prebendas, igualdad significa que alguien paga y ese alguien es el que algo posee, algo más que unos, pero muchísimo menos que otros, los poderosos.
Cuando la democracia está en peligro se aviva el fantasma del caos, “arde la ciudad”, dice Nerón desde la Casa Blanca, las milicias hacen sonar el ruido de las botas, se sienten autorizadas, bomberos que arrojan fuego para intentar apagar la llama de la justicia que florece en las calles.
Cuando la democracia está en peligro la ignorancia puebla los discursos del jefe, la sonrisa imbécil, triunfadora, fiel reflejo de su pensamiento, aparece en escena.
Cuando la democracia está en peligro en medio de una tragedia, el líder evade sus responsabilidades e intenta sumirnos aún más en la tragedia, la muerte es insaciable, la peste es insaciable, la ciencia es la salvación, pero cuando la democracia está en peligro la ciencia está en peligro.
La democracia está en peligro cuando la mojigatería prevalece sobre la sensatez.
La democracia está en peligro cuando el miedo determina nuestro actuar.
La democracia está en peligro cuando pensamos que nuestras creencias son superiores a las de los otros y, por lo tanto, por su bien –siempre es por el bien de los otros– debemos imponerlas.
La democracia está en peligro cuando prevalece el “Yo” sobre el “nosotros”.
La democracia está en peligro cuando encandilados por la brillantez del oro permitimos que el dinero prime sobre el voto, cuando permitimos que nos ofrezcan candidatos en bandeja de oro y cedemos a la tentación y mordemos la manzana.
La democracia está en peligro cuando callamos, o cuando levantamos la voz pero nos restamos de la acción y los poderosos, acostumbrados a pataleos de ahogados se dicen: “dejen que los perros ladren, nuestro poder no está en peligro”.
Así llegamos al presente, triste presente en una fría mañana de otoño, hoy sábado 17 de octubre, mañana domingo 18 de octubre, y dentro de poco martes 3 de noviembre, y debemos decir que la reelección del actual presidente, Donald J. Trump, representa un real peligro para la democracia.
¡El presidente de los Estados Unidos representa un peligro para su pueblo, este presidente resume lo peor de América, este presidente se aprovechó de nuestras debilidades, este presidente se aprovechó de un sistema donde la corrupción a gran escala otorga impunidad, donde nuestras voces fueron acalladas, y hoy, el autócrata herido, teme que se le aplique la ley! ¡A qué extremos hemos llegado en esta deriva hacia la autocracia!
La defensa de la democracia, el establecer los valores de una democracia requiere acción, y nuestra acción puede ser silenciosa, y ese ladrido silencioso –el voto– puede mostrar a los poderosos, a las corporaciones, a los multimillonarios que existimos, que tenemos derechos, que más allá del autócrata que derrotaremos queremos recuperar todo derecho perdido, todo derecho cedido para que nunca más se diga: “la democracia está en peligro”.
Mientras tanto alguien en la Casa Blanca, a regañadientes, prepara las maletas, si es que con nuestra acción ponemos fin a la amenaza a la democracia y a la impunidad.
* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Reside en Nueva Jersey.



























