En Estados Unidos hay cuarenta millones de adultos que cuidan a seres queridos. Entre la comunidad latina los estudios indican que hay un 25% más de probabilidades de que se termine siendo un guardián cuidando a familiares y actualmente el 50% de nuestra comunidad está dedicando más tiempo a atender a los familiares, en comparación con los no hispanos.
TODOS INVOLUCRADOS
El cuidado de familiares puede estar en manos de hombres o mujeres y según un informe reciente de AARP, actualmente el 40% de las personas que cuidan de un ser querido son hombres y tanto ellos como las mujeres son más propensos a padecer de enfermedades y depresión, que los no cuidadores. Usualmente ambos se encargan de las finanzas, la atención médica, también del cuidado personal, asistiendo a sus seres queridos a alimentarse, bañarse, vestirse e ir al baño, entre otras cosas.
RESPONSABILIDAD INESPERADA
El Alzheimer, diabetes, complicaciones cardiacas, obesidad, cáncer, problemas de huesos, Parkinson, etc., son algunos de los males que afectan a los latinos y la mayoría de sus familiares afirman no haber tenido muchas opciones al momento de aceptar las responsabilidades y terminan cuidando a sus padres, cónyuges, parejas u otro familiar. Con el cuidado de familiares llegan decisiones que involucran cuentas, obligaciones y responsabilidades legales y financieras, documentos médicos, planificación del patrimonio, hasta detalle de los deseos finales y una tensión por la responsabilidad y el tiempo que se debe dedicar.

Una situación natural que llega con el tiempo y muy común, que afecta a todo tipo de latinos. Doña Cecilia Vega, puertorriqueña de nacimiento quien llegó muy joven a Nueva York y radica en el Upper East Side, compartió su historia.

¿Cómo se hizo cargo del cuidado de su madre?
-Un día mi hermana llegó de Puerto Rico con mi madre que vivía allá y me la encargó, supuestamente por un fin de semana y nunca me explicó nada, me dijo que le traía de visita, se fue y nunca más volvió.
¿Su madre estaba enferma?
-Ella fue fumadora desde joven, en una época en donde no se sabía que el cigarrillo producía cáncer, sus pulmones estaban totalmente deteriorados, no había forma de ayudarla, pero cuando llegó donde mi lo que tenía era demencia y yo no lo sabía, mi hermana no me dijo nada, después desarrolló el cáncer de los pulmones.
¿Cómo descubrió la demencia de su madre?
-Yo era maestra y dejar a mi madre desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde, sin saber que ella ya no tenia capacidad de hacer nada, que ya no era independiente, fue muy difícil, yo no comprendía por qué, si le dejaba su comida, cuando yo llegaba no había comido nada en todo el día. No sabia que mi madre tenia perdida de memoria, de pronto a las dos semanas de que mi hermana la dejó, le dio una convulsión y es entonces que llegó una enfermera, quien nos refirió a una agencia para que me ayude a cuidar a mi madre.
¿Lograron la ayuda necesaria?
-Sí, nos abrieron las puertas, aunque esto ha mejorado mucho, porque ahora un familiar puede quedarse en casa y recibir un pago por cuidar a su propia familia. Tuve suerte, los primeros dos meses pedí el cambio como de diez o quince personas que no estaban pendiente de mi madre, no hacían el trabajo, venían a hablar por teléfono, a mi madre le cubría el Medicad, pero yo no sabia nada de eso, esa cultura de cuidar a un anciano y mi hermana se desapareció, yo hice todo sola, me tocó aprender todo sola. Le cuide nueve años, ella falleció y terminó con dignidad, bien atendida. Hubo tanto apoyo de las agencias pero quien más me ayudó fue una señora guatemalteca, que llegaba a las siete de la mañana, incluso fines de semana y días en que no tenía que trabajar.
¿En estos casos que es lo más importante?
-Hay que educar a la familia, entender que no es solo el cuidado que otros le dan, hay que tener interés por ese ser humano, aún si hay servicios, hay que cuestionar ciertas cosas, las agencias y todo el que trabaja con esa persona deben saber que no está sola, que hay alguien que es responsable y vela por ella y eso no es fácil, porque todos aquí son ocupados y nadie quiere responsabilidades ni posponer su vida personal por un envejeciente.
¿Quién tiene más responsabilidad?
-Las familias deben interesarse, tú no puedes esperar que las organizaciones se humanicen como tú, que eres de su propia sangre. Ellos sabían que si yo no estaba contenta con algo les retaba, preguntaba, entonces buscaban formas de ayudarme. Hay que estar ahí, pendiente, es igual que el sistema escolar, los padres no se involucran, no van a ver quienes son los maestros de sus hijos, que es lo que están aprendiendo, es como tener una niñera y encargarle el bebé y despreocuparse totalmente sin saber lo que hace con el hijo de uno.
Un mensaje final
-Todos deben interesarse en el tema porque todos vamos a llegar ese horizonte. Se debe dar ejemplo a las nuevas generaciones, especialmente si son nacidos o criados aquí, para que no se contaminen con esa indiferencia, con esa distancia que muchas veces adoptan al crecer aquí. Nosotros tenemos una cultura que valora la unidad de la familia y a nuestros seres queridos, hasta el momento en que deben irse.


























