Por Victor Contreras
La gran nación norteamericana es un ejemplo en la manifestación de las devociones religiosas, lo saboreamos cada diciembre, cuando inician innumerables festejos nacionales e internacionales en honor a la Virgen de Guadalupe; lo saboreamos en sus costumbres navideñas con Posadas y Pastorelas y con festejos de contenido religioso que llegan hasta enero con el Día de Reyes.
Sin embargo en medio de esta marcada religiosidad florece como la hierba en el jardín mexicano una exacerbada “narco-cultura” que desde hace un buen tiempo viene produciendo una serie de fenómenos de una cultura en descomposición, o más bien en una descomposición social.
La tormenta de violencia provocada por el narcotráfico que ha cobrado miles de muertes en México, desaparecidos, secuestrados, violados, etc., etc. en forma macabra se ha extendido a otras áreas como la música, el cine y la televisión, que son las que por algunas décadas abrieron las puertas del mundo a México cuya influencia ha pasado ha ser nada más que una añoranza de aquella Época Dorada, en donde los “chullitas” los “chapulines” y los “cantinflas” eran o representaban auténticos héroes populares, defensores de las causas justas y del bien.
Con la exageradamente promocionada captura de El Chapo Guzmán hemos podido ver el sensacionalismo que impera en los medios informativos mexicanos y sus extensiones en el extranjero. El espíritu comercial de los mexicanos, que comprenden bien la escénica del mercadeo, los ha llevado a promocionar toda este “narco-culto” incluso a nivel de turismo, con fotos, selfies y videos de los lugares en donde estuvo, pasó, vivió o cayó El Chapo, que se está convirtiendo en vida, en un ícono y representante del país.
No cabe duda que el temor impera en México, pero igualmente el rechazo a un sistema administrativo que ha demostrado en la mayoría de las circunstancias su ineficiencia para hacer cumplir las leyes, que claro está, quedan en letra muerta.
El gabinete de Enrique Peña Nieto celebró la captura de El Chapo, como si con ella se resolviera el problema del narcotráfico y sus nefastas consecuencias, sobretodo cuando le va a pasar la papa caliente al gobierno americano.
Los nexos de uno de los capos mexicanos con actores nacionales e internacionales tampoco es algo nuevo. Larga es la lista de “estrellas estrelladas en el fango de las drogas” o por lo menos embadurnadas en él. Lo más grave es que no solo son actores de cine, la lista incluye políticos, militares, deportistas, periodistas y como lo afirman los propios medios mexicanos, “los más propensos a establecer esos lazos parecen ser los músicos y las reinas de belleza, en un país donde los narcocorridos, canciones que hablan de los barones de las drogas, muchas veces haciendo apología de ellos, generan gran fervor popular.”
En una sociedad en la que el boxeo, las peleas de gallo y los toros, tan lejanas al mundo desarrollado, continúan convocando y promoviendo la violencia entre seres humanos y contra los indefensos animales, los caos de periodistas, cantantes y celebridades vinculadas al mundo de las drogas ya es historia conocida. En la interminable lista se incluye Julio Cesar Chávez, boxeador vinculado con los narcos; el presentador de televisión Paco Stanley; Farell Goodman, esposo de la rockera Alejandra Guzmán. Se han relacionado con empresas de lavado de dinero figuras como Vicente Fernández, el fallecido Joan Sebastian con sus dos hijos asesinados; Jenny Rivera, cuya carrera fue impulsada cuando empezó a componer “narcocorridos”; grupos musicales y bandas componen y cantan melodías a los narcos más famosos. Varios artistas han sido asesinados, unos más famosos que otros.
Entre las reinas de belleza el caso de la Reina de Sinaloa, Laura Zúñiga y de la Ex Miss Universo Alicia Machado y la novia de "El Cholo Iván", jefe de seguridad y mano derecha del "Chapo" Guzmán, capturado junto a este último el viernes, que luego de ganar un concurso de belleza fue asesinada en un operativo.
Los canales de televisión, las emisoras de radio y los medios de comunicación impresos tienen una importante parte de responsabilidad en esta crisis, ya que promueven directa o indirectamente el culto al narcotráfico, a través de narco-novelas, narco-corridos y “deportes” que promueven violencia. El otro 50% es responsable el mismo pueblo, que en lugar de erradicar este mal, lo promueve y solicita, llegando a ubicar a los narcos en los altares y rezando a la propia muerte.
México tiene que decidir si está con Dios o el Diablo, porque como dijo Jesús, no se puede servir a dos amos a la misma vez.



























