
EFE.- Un polémico festival, con el ánimo de mirar al futuro con unidad pero que no aprueban todas las familias de las víctimas de las revueltas de Crown Heights (Brooklyn), de las que se cumplen 25 años, marca los actos de recuerdo del suceso.
Fue uno de los peores episodios de colisión racial de la historia de Nueva York, una lacra que en los últimos tiempos se ha enrarecido en todo Estados Unidos a raíz de la muerte de afroamericanos a manos de la policía.
Aquel 19 de agosto de 1991 murió un niño negro de 7 años, Gavin Gato, atropellado por el coche de un rabino. Un fatal accidente que calentó los ánimos y terminó con el asesinato de Yankel Rosenbaum, un judío ortodoxo.
Aunque durante años judíos, afroamericanos y caribeños, la mayoría inmigrantes, habían vivido en concordia en ese barrio de Brooklyn, el incidente en el que se vio involucrado el rabino Menachem Schneerson marcó un antes y un después en las calles.
Las semanas y los meses que siguieron a los hechos estuvieron marcados por la violencia, también contra la policía, de vecinos de todos los grupos.
En 1993 todavía seguían los episodios violentos y la policía, tras decenas de arrestos y 200 heridos en el cómputo global, reconocía que se trataba del peor episodio de confrontación racial que había vivido Nueva York en las últimas décadas.
A día de hoy Crown Heights, al este del conocido y familiar Park Slope, es un barrio de Brooklyn con precios en alza, con muchos recién llegados y en el que siguen viviendo judíos y afroamericanos.
De hecho, según señalaba al canal local NY1 esta semana la directora ejecutiva del Consejo judío de la comunidad de Crown Heights, Eli Cohen, las presiones de las inmobiliarias para subir los alquileres afectan igualmente a vecinos de todos los orígenes, provocando que compartan problemática.
Cohen explicó que en el parque Hamilton Metz de Crown Heights, no muy lejos de donde sucedieron los hechos, es habitual ver a jóvenes judíos y afroamericanos jugando juntos en la cancha de baloncesto.
Desde mediados de los años noventa se incrementaron los trabajos vecinales por la reconciliación de todos los vecinos, unos esfuerzos que querían culminarse con un festival de música y actividades para toda la familia este fin de semana, que sin embargo no es del gusto de todos, especialmente de la comunidad judía.
El hermano de Rosenbaum declaró al diario Daily News su desagrado por un festival que tachó de "insensible".
"Es la trivialización de una serie de incidentes muy, muy serios que culminaron con el asesinato de mi hermano", apuntó Rosenbaum.
Los organizadores del festival defienden la necesidad de hacer un esfuerzo de cohesión y unidad en el barrio, sin tener por ello que olvidar a las víctimas.
Este mismo viernes se realizará una vigilia en recuerdo de las víctimas y el domingo, cuando están previstas la mayoría de festividades, una misa funeral multitudinaria.
A favor del festival se ha mostrado también el propio alcalde de Nueva York, Bill De Blasio, quien llamó "milagro" la paz y unidad que a su juicio existe a día de hoy en Crown Heights.
"Si la gente quiere celebrar su unidad, y cómo han conseguido la reconciliación después de tanta tragedia, creo que hay que respetar su decisión", apuntó desde una conferencia de prensa en El Bronx.
A pesar de las buenas palabras de De Blasio sobre la salud del barrio, el presidente del distrito de Brooklyn, Eric Adams, reclamaba aprovechando la atención de la opinión pública estos días alrededor de un millón de dólares para mejorar la seguridad en Crown Heights, con el fin de instalar más cámaras de videovigilancia que permitan facilitar la investigación de los crímenes de la zona.



























