
La joven pareja de Manuela y Sebastián Giraldo, -originarios de Medellín Colombia-, llegó con su hijo de cuatro años a Estados Unidos hace nueve meses. Los dos son artesanos y después de una experiencia dolorosa en Carolina del Sur, se han radicado en Nueva York.
Viajaron desde Colombia, hacia la frontera de Estados Unidos durante veinte días. Primero a Bogotá en autobús y de ahí en avión a Ciudad de México, donde tomaron otro vuelo a Tijuana y desde ahí en taxi hasta MexiCali. Ahí pasaron el muro, con ayuda de un experimentado traficante de personas, que les cobró mil quinientos dólares por toda la familia.
¿Cómo les fue durante el viaje?
• Realmente nos fue excelente en el trayecto, los coyotes mexicanos tienen mucha experiencia. Cuando cruzamos la frontera, en San Diego nos entregamos a migración, nos quitaron lo poco que trajimos en el viaje, pero ahí mismo comenzamos el proceso de asilo.
En California, tomamos el avión a Nueva York, tenía aquí un amigo, pero cuando llegamos su vivienda era muy pequeña, por lo que aprovechando que teníamos dos amigos en Carolina del Sur, decidimos viajar allá por tierra, durante dieciocho horas.
¿Cómo les fue en Carolina del Sur?
• Ahora nos damos cuenta de que perdimos el tiempo. Cuando llegamos, nuestros amigos nos pidieron mil dólares para dejarnos vivir con ellos. La primera noche ahí, mi esposa y el niño durmieron en el auto y mi amigo que nos llevó en su coche y yo, dormimos en un colchón inflable en la calle.
Comenzamos a buscar trabajo, fue muy duro, finalmente encontré algo en construcción y una paisana colombiana ayudó a mi esposa a encontrar trabajo en limpieza, pero al final le explotó y le robó. Para trabajar debíamos pagar y dejar a nuestro hijo donde otra persona que lo cuide, pasabamos muy poco tiempo con él.
¿Cuál es el balance en Carolina?
• No nos fue bien, allá conocimos al diablo. Se nos metió en la vida una persona que quiso destruirnos todo, fue nuestro jefe en construcción, se dedicaba a comprar casas y las reparaba, nosotros fuimos sus ayudantes, pero se quiso pasar de listo. Es un estado que no da oportunidades a los inmigrantes, es una finca y la movilidad sin auto es muy difícil. No hay ayudas para el inmigrante, nosotros no la vimos, de pronto iglesias cristianas que colaboraban con productos para cocinar.
Desperdiciamos seis meses allá, no teníamos información de nada y los latinos que encontramos nos perjudicaron y con los estadounidenses no hubo comunicación por el idioma, fuimos esclavos del sistema y nos dedicamos a sobrevivir.
¿Cuándo retornaron a Nueva York?
• Por tierra, el 17 de abril y estamos felices, porque todo ha cambiado para bien, aquí nos ha ido excelente, el niño ya va a la escuela, alla no estaba estudiando, nosotros trabajabamos doce horas al día, seis días a la semana, no compartíamos con nuestro niño.
Al llegar busqué en Facebook un cuarto para rentar y lo único accesible está en El Bronx pero ahora ya sabemos movilizarnos y no tenemos miedo, porque venimos de un país realmente peligroso. Vendemos nuestro arte en diferentes puntos de la ciudad.
Los materiales para hacerlo se pueden encontrar fácilmente y he podido fabricar los moldes. Hacemos figuras religiosas y estatuas de animales, hacemos obras a pedido.
¿Dónde se conocieron?
• En nuestra natal Medellín, hace seis años y tres meses, nuestro único hijo tiene ahora cinco años, somos católicos y somos artesanos. Toda la vida he sido artesano, vengo de una familia de artesanos, mi arte es el tallado en cerámica y las piezas, -una vez moldeadas-, son pintadas a mano por mi esposa.
Empecé a tallar cerámica desde que tenía diez años, me involucré en la profesión como ayudante de mi tío, -hermano de mi madre-, que me llevaba a cuidar la mercancía para vender. Con él aprendí el oficio y me apasionó. Por parte de mi madre eran doce hermanos, siete mujeres y cinco hombres, todos los hombres escultores.
Este ha sido siempre mi trabajo y me siento feliz de poder ejercerlo en mi patria adoptiva.
¿Qué les impulsó a emigrar?
• La verdad no nos sobraba el dinero, pero vivíamos cómodos en Medellín, el problema fue la extorsión, porque uno no puede progresar a la vista, porque inmediatamente viene la vacuna. Venimos huyendo de la inseguridad en las calles, uno no podía trabajar, ya que los asaltos estaban a la orden día y también debíamos lidiar con las fronteras invisibles, que se trata de límites de barrios, impuestos por las pandillas.
¿Hay mucho problema con las pandillas?
• Sí, pero también hay demasiada guerrilla, aún más que pandillas. Con la firma de la paz se suponía que se habían acabado, pero hay más, porque se firmó la paz con las FARC, pero no con las disidencias, que son otros grupos que no dejaron las armas y que no estuvieron de acuerdo con el tratado y ahora hay muchísimas más, por todos lados, en todas las ciudades de Colombia, donde el crimen se ha internacionalizado, actualmente hay varias ciudades manejadas por carteles mexicanos, como Pereyra.
En Colombia vendíamos nuestras artesanías en ciudades de todo el país, pero como algunas esculturas son huecas por dentro, recibimos propuestas para llenarlas y movilizar droga. Si uno dice que sí, se mete en un grave problema, pero si uno se niega es peor, es muy complicado. No tuvimos opción, debimos emigrar.
¿Por qué escogieron Nueva York?
• Manuela siempre quiso conocerla para ver el cambio de estaciones, la nieve, el otoño. Yo le enseñé el oficio, ella pinta las obras que yo hago, es un oficio de familia y con nuestro arte pensamos que podía haber oportunidades para progresar.

Un mensaje final.
• Que nos apoyen en nuestro emprendimiento, porque nos ha costado mucho sacrificio y esfuerzo. Hemos podido empezar en Nueva York y es un orgullo para nosotros traer nuestro arte a esta ciudad tan bella, construida por inmigrantes.



























