Tres mujeres inmigrantes en Nueva York cuentan su historia

MUJERES INMIGRANTES DE NUEVA YORK
Tres mujeres migrantes comparten su historia de dolor, peligros, pero también la esperanza de días mejores. Ellas son, de Izq. a Der.: Angela Sucesin, Marjorie Hernández y Patricia Tenecota.

Patricia Marjury y Angela son de las más nuevas inmigrantes que ha recibido la ciudad de Nueva York. Ellas se conocieron durante una de las clínicas legales, que gratuitamente ofrece la Iglesia Metodista de San Pablo y San Andrés en el Upper West Side de Manhattan.

En la amplia iglesia, donde también estuvo en una histórica visita el difunto presidente Hugo Chávez, cuando vino a participar en la Asamblea General de Naciones Unidas, conocimos a tres amigas, todas inmigrantes que llegaron hace pocos meses de Venezuela y Ecuador a Nueva York.

Patricia Marjury y Angela se conocieron en las actividades de la iglesia y cuando se reúnen para recibir los servicios comunitarios, comparten su historia de sacrificio y peligro, así como también información sobre alguna ayuda disponible, de cualquier tipo, asistir a la clínica de asistencia legal es una oportunidad para recordar momentos difíciles y para apoyarse mutuamente.

Patricia Tenecota, nació en Guayaquil, Ecuador, desde donde llegó a Nueva York hace siete meses. No encuentra trabajo y aun cuando nunca ha realizado labores de construcción, piensa iniciar pronto el entrenamiento para adquirir la licencia de seguridad laboral, conocida como OSHA, ya que ve a varios hombres que ahí consiguen trabajo. También hablamos con Ángela Sucesin, originaria de Maracaibo, quien nos contó que, en Ciudad Juárez estuvieron a punto de secuestrar a su hija de dieciocho años. Nos dijo que salió de Venezuela en familia, con su esposo y su hija. 

Recuerda que todo fue muy doloroso y lleno de sobresaltos. En México dice que se dieron cuenta de que les comenzaron a seguir en un auto tipo camioneta, grande, con los vidrios oscuros, entonces comenzaron a caminar mucho más rápido y que gracias a que su esposo simuló que llevaba un arma, pudieron continua, a pesar de todo ello se acercaron y les dijeron que querían a la niña, a la de cabello largo. Nos cuenta que en Guatemala casi le roban los mismos policías.

Finalmente hablamos con Marjury Hernandez,originaria de Barinas, Venezuela, quien llegó hace cinco meses y previamente vivió ocho años en Ecuador. Actualmente vive en Corona, en el camino a Flushing, en la parada 140 del tren 7, ahí conoció a un abogado que les dio una tarjeta y ya a través de él llegaron a la iglesia de San Pablo y

San Andrés. "Aquí nos escuchan el caso y nos dicen que podemos hacer, nos conectan con recursos, es muy bueno el servicio, porque no nos cuesta nada y nos atienden abogados de inmigración, nos tratan muy bien."

¿Por qué escogiste emigrar primero a Ecuador?

-Bueno, la primera vez que salí de Venezuela fui directo a Ecuador. En ese momento iba a lo incierto, Dios me llevó hasta allá, porque yo iba con un grupo de compatriotas míos que siguieron hacia Perú. Inicialmente me iba a quedar solo un día o dos días en Ecuador, si me quedé ahí porque en Colombia nos robaron a todos.

La primera vez que salí fue por canales regulares y fue por la frontera hacia el sur. Yo salí con mi pasaporte, pero al llegar a la frontera con Colombia ahí tuve que dar dinero.

Los militares son más corruptos que los ladrones. Yo pagué cien dólares en ese momento, entonces me quedé en Manta y viví ahí cinco años y luego emigre a Guayaquil, donde me fue bien, yo amo Ecuador, en general me fue bien.

¿Por qué decidiste emigrar a Estados Unidos?

-Porque en este momento Ecuador está muy peligroso, yo era encargada de un minimercado, donde al dueño, mi jefe, le extorsionaron dos veces con las llamadas vacunas y casi me secuestran a mi para pedirle rescate, entonces ahí fue cuando decidí venir a Estados Unidos, pero primero pasé por Venezuela a ver a mi niño de doce añitos. Arranque mi nueva aventura un dieciocho de octubre.

¿Cuál fue la parte más dura de la travesía?

-Después de Colombia el segundo punto peligroso y del que tengo un mal recuerdo es Panamá, ahí a mi niño le robaron, le arrancaron una cadenita que llevaba en el cuello y le dio una crisis nerviosa y en tres oportunidades casi se ahoga, es un viaje espantoso.

¿Cuál fue la parte más dura de la travesía?

-Guatemala, donde que los mismos del ejército te quieren robar y en Panamá que es donde directamente roban en las microfugonestas o microbuses, en lo que transitan los inmigrantes, los militares se montan en los buses.

Uno toma un autobús sabiendo que se corre el riesgo de que te bajen y te entreguen a inmigración y si no me bajan los de migración, se montan la policía, todos uniformados y por eso cuando los ves, tu piensas que nos van a proteger, pero ellos nos hablan fuerte y nos dicen: “ustedes saben cómo son las cosas, son por lo menos mínimo cien pesos”, pero de cien para arriba, a algunos compañeros de viaje les sacaron hasta quinientos dólares.

Pero no te sacan el dinero de una sola vez, es cada cierto tramo del trayecto, en total pagué trescientos pesos y en la otra doscientos, son pedacitos de trayecto, ellos van cubriendo toda la zona. Todos están uniformados y con armas, pero cubiertos los rostros, son del gobierno, es una mafia.

Uno está con tanto temor de que ellos mismos nos pueden entregar a migración, entonces lo que tratamos es de pasar. A mi casi me violan, pero tuvieron compasión por mi niño.

Un mensaje final.

-A todos los inmigrantes, que no pierdan la esperanza, que tengan primero en Dios y después en ellos mismos, uno no está solo, hay gente buena, que ayuda por convicción y sin cobrar nada, solo hay que mantenerse bien informados y seguir caminando por la vida.

REFLEXION

Los testimonios de mujeres inmigrantes, que son poblaciones vulnerables, demuestran que en cada país se violan los derechos básicos de las personas, los Derechos Humanos, que no existe una sola autoridad o representante de organismos internacionales, nadie a quien puedan quejarse de los abusos de los llamados hermanos latinoamericanos.

Es imperante intensificar la cooperación regional, y eso se logra primeramente a través de la modernización, capacitación de funcionarios, actualización de legislaciones locales y nacionales y desarrollo de mecanismos de coordinación regional.

Se debe diseñar un plan migratorio, que obligue a cada país a asumir la responsabilidad de su propia migración y a responder por el trato que da a los migrantes extranjeros dentro de su territorio.

Es urgente reforzar los sistemas de bienestar social al interior de cada país, para asegurar la protección de los más vulnerables, que son los que actualmente más huyen en busca de seguridad, así como exigir transformaciones y pasos concretos para la gobernabilidad compartida de la migración internacional. 

Analizar las distintas experiencias de los migrantes, es un recuerdo para impulsar la gobernabilidad de la migración a escala regional, con lineamientos de carácter multilateral, énfasis en la coordinación y complementación.

La ayuda solidaria y humanitaria, debe extenderse a acciones concretas que generen condiciones para que las personas permanezcan en sus lugares de origen con programas de pacificación, lucha contra el crimen, enlazadas con apoyo económico para el desarrollo productivo de estas naciones en vías de desarrollo.

Si bien se afirma que los migrantes contribuyen al desarrollo, los países de destino tienden a asegurar que traen una enorme carga, hasta tanto tengan éstos la capacidad de devolver con sus contribuciones laborales lo que se ha invertido en ellos.

La ciudad de Nueva York puede aprovechar el potencial de desarrollo de la migración, para lo cual requiere programas eficientes, un sistema funcional dinámico y un trabajo social y comunitario intenso, para lograr la cohesión social de los migrantes y su incorporación a la estructura estadounidense, no solo económicamente, también culturalmente.

La migración puede apoyar el desarrollo de la ciudad y su mejoramiento, solo hacen falta buenas políticas de integración socioeconómica y programas educativos e informativos para promover la convivencia pacífica entre nacionales e inmigrantes, así como un marco legal que garantice la no discriminación y los derechos humanos, activando mecanismos, destinados a combatir todas las formas de discriminación y formas de esclavitud moderna. Las agrupaciones comunitarias están haciendo una gran labor en esta crisis migratoria, falta que las autoridades se pongan a la altura.

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