El pasado domingo, 2 de abril, pude disfrutar El gol de Alex del dramaturgo español Antonio Hernández Centeno, gracias al actor y dramaturgo dominicano Juan Pujols, quien me informó de la obra, presentada en el agradable e intimo teatro del Julia de Burgos Performance & Arts Center, ubicado en el 1680 Lexington Avenue.

La dramaturgia, como sabemos, es el género literario más completo, pues, se manifiesta literaria y artísticamente: se puede leer y se puede ver en un escenario con actores que lo interpretan, convirtiéndose, además en la única expresión que llega directa y al público, en grupo. Pero va más allá y se expresa bajo distintas estructuras teatrales y bajo distintos estilos. El gol de Alex ostenta características que hacen pensar al espectador: se anuncia como una comedia romántica, pero nos daremos cuenta de que no es una comedia en el sentido conocido, para hacernos divertir con sucesos hilarantes ni tampoco con circunstancias consideradas, por muchos, como “normales”.

La obra, excelentemente actuada por dos actores de larga y fructífera carrera, el colombiano William Pérez y el puertorriqueño Josean Ortiz, que también la dirige, trata sobre el encuentro de dos hombres: uno, un joven jugador de fútbol, que, ese día, acaba de meter un gol del que todos hablan y que le augura un futuro prometedor; el otro es un periodista deportivo. Esos son los personajes.

La trama nos dice que se conocieron a través del Internet con la intención de tener una relación sexual transitoria y se están encontrando en la habitación del hotel, donde se hospeda el futbolista. La situación se complica debido, sobre todo, a los conflictos del jugador, que no se atreve a salir del closet. Tiene miedo de que sea el final de su carrera cuando sus compañeros de equipo y la fanaticada, se enteren de su preferencia sexual, aunque tiene una novia.


Bueno, eso de que tiene una novia es algo que ni el futbolista sabe cómo explicar. El periodista lo incita a que salga del closet. Se separan, pero, irremediablemente, no pueden olvidarse y durante el transcurso en el que sus universos parecen colisionar por la inminencia de la ley del silencio y la incomprensión humana, tienen el deseo, que se cumple, de volver a encontrarse y amarse. Una historia “poco” fácil para cierto público; pero tan bien escenificada que, ningún amante del teatro va a molestarse.
El teatro, como dije antes, tiene diferentes facetas, tantas como lo deseen los dramaturgos, que, luego de escribir la obra, la ponen en mano de un director, con la esperanza de que sea uno creativo, de mirada real y futurística. En El gol de Alex, además del tema de la incomprensión y posible rechazo a lo distinto, nos enfrentamos a una obra donde el diálogo supera a la acción; estilo muy arriesgado para disfrutar, tanto como lectura como en el escenario; sin embargo, Josean Ortiz, logra una dirección donde el movimiento escaso, se hace efectivo a través de los tonos y los movimientos personales de los dos actores. Ortiz nos ofrece un vivo ejemplo de cómo los personajes se conocen, demuestran sus sentimientos, se manifiestan frente a la sociedad; y, Ortiz, lo hace logrando matices actorales, pero, sobre todo, humanos.

El director/actor, junto al otro actor, William Pérez, interpretan un mundo en el que el espectador se ve obligado a comunicarse con los dos intérpretes, sin importar su orientación sexual o su forma de ver la vida.
A través de estos dos personajes, presagiamos la infelicidad existencial inminente y asistimos a sus consecuencias. El montaje de El gol de Alex, realizado por Latinx Performance Ensemble Inc., habla a distintas personas con una forma teatral, poco frecuente en nuestros escenarios latinoyorKinos. Una presentación y unas actuaciones para recordar por mucho tiempo.






























