Sin duda, si algo caracteriza a la pandemia de coronavirus hoy, es el hecho de que ha puesto a la economía global en un verdadero sitio de dilemas, suspenso y falta de esperanza.

En La Moneda, en Chile, redunda la misma autocomplacencia que llevó a la catástrofe de la primera ola. Marzo de 2021 parece un espejo fiel y triste de mayo de 2020.

El gobierno no oía las advertencias de los expertos y publicaba apuntes sobre las ventajas sanitarias en comparación con Argentina y otros países.

El Colegio Médico, el Colegio de profesores y otros expertos, hace más de un año ya ponían luz roja en mantener las restricciones de movilidad y cierre de fronteras.

Si bien, la campaña de vacunación apareció como una promesa, hoy es claramente exigua en el control de la pandemia.

Esta semana, con más de 7.000 casos y más de 100 muertos diarios, la pandemia está desatada una vez más, y los “paso a paso” del Ministerio de Salud son un rotundo fracaso en el alivianado “mundo” de Piñera y Paris; la fluctuación sobre la toma de decisiones, la falta de fiscalización, los permisos de vacaciones, la apertura de casinos de juego en fase 2 o el pase de movilidad, son criterios inentendibles utilizados para definir las políticas públicas.

A este siniestro se suman largas filas en los centros de inoculación, escasa cantidad de vacunas, discriminación a inmigrantes y la nula entrega de información por parte de representantes del ministerio.

Aforo inexistente, rescindida trazabilidad. Así, la ola de contagios, muertes y vulnerabilidad crece como la espuma.

En medio de este “juego” del gobierno, se deja ver una marcada línea ascendente donde muchos chilenos ven disminuir sus ingresos y aumentar su fragilidad; vendedores, docentes, taxistas, ingenieros, pequeños empresarios, artistas. Todos olvidados, antes y mucho más, ahora.

En mayor o menor grado, con profesiones u oficios, hoy chilenos y extranjeros residentes miran con absoluto pesimismo el futuro. Una población, además, extenuada en un barco sin rumbo en el que lo único certero, es la incertidumbre. Solo la tasa de desempleo formal en Chile, entre enero y marzo, alcanzó el 10,4 %, un aumento de 2,2 puntos porcentuales con respecto al mismo periodo del año anterior.

El aumento de los precios también es una realidad; educación, transporte, alimentos, construcción, medicamentos.

La falta de empatía gubernamental lleva a la negativa sobre la regulación de precios en productos de primera necesidad o básicos, y deja dilucidar la vara con que se conduce el país, directrices de un poder ineficiente en todos los ámbitos de seguridad social, que juega en medio de los zarpazos de la Constitución de 1980, diseñada para beneficio de unos pocos.

Chile necesitaba ayer medidas tempranas y claras; hoy, urgentes y drásticas. Todo fue advertido por muchos expertos, pero Piñera no quiso ni quiere oír. El discurso del gobierno, en la última cuenta pública, revela una realidad paralela que sorprende con nombres ampulosos de muchos programas, un país inexistente y ajeno a ojos de los chilenos.

Esa es la percepción de la ciudadanía sobre el irresponsable manejo de una crisis sanitaria con escasos avances y alcances, y con indiferencia ante la urgente necesidad de una renta básica de emergencia que llegue a todos y todas.

Para Eugenia Dos Santos, Socióloga, Magíster en Historia de América y Doctora en Filología, “Si algo deja ver el último proceso eleccionario en Chile, es la respuesta a la
falta de conducción y abandono por parte del gobierno a la población más vulnerable en medio de una crisis sanitaria”.

Eugenia Dos Santos
Eugenia Dos Santos.

Lo que evidencia, también, la profunda desconfianza a la política tradicional y a las ideas exitistas, presuntuosas, pero ciegas.

La actual subdirectora del programa de Bachillerato de la Universidad de Santiago de Chile, agrega:

“Pensar en un nuevo Chile es pensar en un país más inclusivo donde los políticos de siempre no van a estar, que la nueva Constitución va a ser escrita, por primera vez, por todos los segmentos de la sociedad; mujeres, transexuales, ambientalistas, izquierda y derecha. Una diversidad que cualquier civilización debe tener, y jamás antes vista.

Esto es un desafío, en donde el diálogo es fundamental, cómo quienes tienen el poder económico toman la respuesta de las urnas”.

Pensar en el Chile verdadero no es tan difícil, basta hacer un recorrido consciente y empático, supone salir de la zona de privilegios y desarrollar la capacidad de escuchar y confiar en un país que grita, pero que por largos años no es oído ni considerado.

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