La justicia es sometida a juicio en los Estados Unidos

 

Durante dos días, dos posiciones se enfrentaron a través de una candidata a la Corte Suprema. La jueza Amy Coney Barrett, la mayor parte del tiempo observaba el enfrentamiento y cada tanto respondía, sin responder, truco de abogados, a las preguntas que le hacían buscando un error de su parte, el apoyo a una u otra posición intentando develar sus intenciones, saber cómo decidiría el curso de la justicia en Norteamérica en caso de ser nombrada.

Enorme responsabilidad en manos de 9 jueces de la Corte Suprema, decidir la justicia o la injusticia, confirmar o negar derechos, tus derechos, nuestros derechos, derechos progresistas o derechos conservadores, ¿unos negando los otros?

Durante dos días se habló por ejemplo de si sí o si no se derogaba el acceso a la salud a millones a través de un programa de la época de Obama, el “Affordable Care Act”.

Se presentaron casos dramáticos, “gracias a él tuve acceso a exámenes, gracias a él pude ir a ver especialistas, gracias a él me operé del corazón”, todos casos humanos exponiendo la miseria y la profunda desigualdad en el acceso a la salud en Norteamérica.

La emoción dejada de lado, nadie preguntó o se preguntó las razones por las cuales la asistencia médica no es un derecho.

Y ya que de una corte de derechos se trata, de derechos hablaremos, nadie se preguntó el porqué se dan parches en vez de otorgar acceso al derecho a la salud a los desfavorecidos de siempre.

Nadie se preguntó, cómo llegamos a estos extremos, nadie se preguntó por el derecho de la gente a no tener que exponer sus heridas: me operaron del corazón, pero mi corazón sigue sangrando, por mí, por mis hijos, por otros como yo.

Se expuso a nuestros ojos el derecho de las mujeres a disponer o no de su cuerpo, el derecho o no al aborto, pero no se habló de cuándo llegó la religión, la mojigatería a imponerse como ley, se olvidó del dolor moral impuesto a las mujeres, del estigma con que en nombre de un dios cruel y todopoderoso se condena a aquella que tomó difícil decisión de interrumpir un embarazo, sea por lo que no fue deseado, sea por lo que no se tiene con qué alimentar al fruto de su vientre.

No se habló del más allá, no del celestial o infernal, del terrenal, de cómo podemos estigmatizar en nombre de creencias a nuestro vecino a nuestra vecina, de cómo podemos ahogar sus gritos.

Soy creyente, condeno al ateo, soy ateo, condeno al creyente, soy creyente y condeno al infiel, y nos deslizamos hacia el peligroso terreno de la intolerancia, de la crueldad de las leyes religiosas, de poder degollar al infiel y devolver a las catacumbas al cristiano.

Se habló de todo, menos de la primera de las leyes, la convivencia en el respeto del otro.

Cansados de hablar de la constitución, se habló de los dineros grises, de los dineros ocultos que empujan las ideas de unos sobre las ideas de los otros, y sin pudor, procuradores y defensores denunciaban la cantidad de dinero que compraba una u otra posición en la desigual balanza de la justicia en Norteamérica.

Se habló de todo menos de que la justicia es elitista, de que la dirección de la ley depende del dinero que puso aquel a quien esta favorece, de la ley que les permite recuperar con creces la inversión. No son las leyes de Peter, John o Mary, o de Pedro, Juan y María, son las leyes a favor de las grandes corporaciones, de los multimillonarios, de políticos corruptos buscando impunidad.

Se habló de la primera enmienda, de la segunda, de cuanta enmienda salió al ruedo, pero no se habló de la necesidad de enmendar la constitución para alejar el dinero de la justicia, no se habló de justicia igualitaria en un país de desigualdad.

Se habló de nosotros sin hablar de nosotros, se habló de racismo sin hablar de racismo, se habló de la muerte sin hablar de la muerte; más allá de discursos interminables y repetitivos en una jerga legal, más allá de las fotos que exponían a los expuestos a la injusticia, no se habló de las causas, no se habló de cambio.

No son 9 jueces o juezas, no es un voto más o un voto menos, y sus terribles consecuencias, es la dignidad del ser humano enfrentado a la justicia, es nuestra dignidad con la que juegan.

Por favor sus señorías, no nos muestren para justificar su indolencia, su responsabilidad en esta situación. No somos objeto de compasión, somos objeto de derechos, derechos humanos, sus señorías.

A los tres días se pasa al alegato final y a la presentación de los últimos testigos; en un día se presentarán los argumentos finales. El resultado se conoce, al igual que se conoce el resultado en los tribunales subalternos: injusta justicia para unos, los poderosos, injusticia para otros, los desposeídos. Los Pilatos emitirán juicio, se lavarán las manos, y sentencia será dictada. ¿Breonna Taylor?

El dinero se mezclará con la justicia y elegirá a los honorables, la balanza se inclinará bajo el peso de la justicia divina, la mojigatería vestirá toga, la injusticia cerrará el caso, ellos, ¡inocentes!, nosotros, ¡culpables!

Nosotros, los que no tenemos dinero para pagarles, sus señorías, para preservar nuestras vidas, sus señorías, para tener una vida decente, sus señorías, por nuestra seguridad, tenemos que llevarlos a juicio, a ustedes y a su sistema, sus señorías.

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