
Las madres primerizas de bajos recursos, muchas de ellas muy jóvenes, encuentran apoyo indispensable en un programa nacional de enfermeras que las animan a "soñar en grande" y cuyos beneficios se extienden más allá de los primeros años del bebé.
Las enfermeras de la Asociación de Enfermeras y Familias (NFP) permiten reducir los elementos económicos estresantes en las vidas de las madres que participan del programa que desarrolla la asociación y mejoran el futuro de su familia, tal como lo demuestran estudios recientes.
"Las enfermeras de NFP animan a las nuevas madres a soñar en grande y les dan la confianza para trabajar hasta elevar a sus familias fuera de la pobreza", comentó a Efe Frank Daidone, presidente de NFP, organización con sede en Denver que sirve a unas 317.000 familias en 41 estados del país.
Las madres que son visitadas por las enfermeras y participan del programa completan una formación y la gran mayoría logra un trabajo remunerado.
Una de esas madres es Brisa Solís, de 19 años y de Denver. Solís vive junto a su hijo Dariel, de 2 años, y recibe las visitas de la enfermera Theresa Godinez.
Solís indicó a Efe que la interacción con Godinez le permitió "establecer su hogar como un lugar seguro y de respaldo", al aprender a "desempeñar mi papel como madre" y a "acceder recursos comunitarios y del gobierno".
Entre esos recursos figuran programas de educación financiera y cobertura médica adecuada, así como obtener una vivienda estable y reducir o eliminar conductas negativas como las adicciones. Y ahora, en medio de la pandemia del coronavirus, como agenciarse recursos básicos como pañales.
"Me siento más segura como madre primeriza, porque además de mi familia tengo alguien más en quien confiar. Y mi hijo ahora tiene una madre informada sobre el desarrollo del bebé", comentó Solís.
"Los estudios confirman el poder de las visitas de las enfermeras y que nuestras enfermeras tienen éxito al ayudar a las madres a establecer metas educativas y a obtener empleo", dijo Daidone.
Un reporte publicado en febrero en la revista especializada Public Health Nursing, que analizó entre los años 2007 y 2016 las vidas de 127.400 madres de 15 a 24 años de todo el país, concluyó que los beneficios para la madre y para los hijos que participan del programa se extienden incluso hasta la adolescencia de los menores.
Según ese estudio, quienes más se benefician con las visitas de las enfermeras, que son de una hora y pueden ser semanal o mensual, son las madres latinas, quienes encuentran trabajo y lo mantienen durante los dos primeros años de sus hijos, en una proporción mayor que otras madres que no forman parte del programa.
El programa de NFP, que supone una inversión promedio para las familias de unos 15.000 dólares por los tres años de duración, comenzó hace 40 años y además está disponible en otros países de América y de Europa.
Además de las enfermeras, NFP ha intensificado su iniciativa Padres Embajadores, en el que padres y madres contactan a funcionarios públicos y a legisladores locales, estatales y nacionales para generar conciencia sobre los beneficios del programa.
Este año, NFP contará con unos 800 Padres Embajadores. Una de ellas es Tori Valdez, de 25 años y residente en Phoenix (Arizona), quien se incorporó al programa de NFP en 2018 tras ser víctima de violencia doméstica incluso mientras estaba embarazada de su hija, Karita. Valdez y su hija se graduaron del programa en mayo de 2019.
"Gracias a la ayuda de la enfermera, puede dejar una situación abusiva y ahora estoy estudiando en la Universidad Estatal de Arizona", comentó Valdez.
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En Denver, Naomi Tanatty, de 31 años y ahora embajadora, decidió llamar a NFP para aprender junto a su esposo cómo ser padres dado que al haber nacido en otro país no sentían la confianza necesaria para ser "lo mejores padres" de su hija, Noella.
Tanatty ahora educa a otros inmigrantes (este mes de manera virtual por el COVID-19) sobre desarrollo y seguridad infantil. Y trabaja como escritora independiente.
Según la enferma Godinez, las lecciones aprendidas durante las últimas cuatro décadas por NFP, que entre otras cosas le han permitido reducir la mortalidad maternal e infantil en familias de bajos recursos, resultan ahora "de gran beneficio" en el marco de la amenaza del COVID-19.
"Nuestro programa es tan sólido que nos podemos adaptar a las nuevas reglas de distanciamiento social y seguir en contacto con cada una de las madres por teléfono, por videoconferencia, o incluso por texto", dijo Godinez.
"Llamamos a las madres todos los días para ver qué necesitan, cómo está su nivel de ansiedad por la cuarentena y en qué condición económica se encuentran", agregó.
NFP estima necesario mantener de la mejor forma sus programas aun en medio de la actual coyuntura del coronavirus, dado que los beneficios de su iniciativa son a largo plazo.
Según otro estudio de NFP, los niños de madres que participan de estos programas tienen la mitad de riesgo de ser víctimas de abuso infantil que otros niños, sus problemas de conducta o de desarrollo intelectual se reducen en un 67 %, y la posibilidad de ser arrestados en la adolescencia es menor. EFE News



























