El carnaval de Río de Janeiro es una vitrina para que actrices y modelos brillen como reina de batería de las escuelas de samba, un título honorífico que en Brasil da estatus de celebridad y para el que se exige dominio del baile, simpatía, popularidad y carisma.
Por Carlos A. Moreno
Las esculturales mujeres que desfilan delante de las baterías, como son llamadas las orquestas con hasta trescientos percusionistas que dictan el ritmo y la animación de las escuelas de samba, son las que más atraen la atención de fotógrafos y cámaras durante el carnaval carioca.
Estas musas de las orquestas, cuyos suntuosos disfraces llegan a costar hasta treinta mil dólares porque aunque son pobres en paños para cubrir el cuerpo son ricos en plumas, lentejuelas y pedrería, son sinónimo en Brasil de belleza, popularidad y habilidad como bailarina de samba.
Más que los atributos físicos requeridos para participar en un concurso de belleza, a las aspirantes a reina de batería se les exige dominio del baile, simpatía, popularidad y carisma para atraer la atención de la prensa, de los jurados y, principalmente, del público que asiste a los desfiles de las escuelas de samba, la mayor atracción del carnaval.
LA REINA ES DECISIVA PARA GANAR
Pese a que su presentación no es calificada directamente por los jurados, como sí lo son la batería, la portabandera, la música o los disfraces, la reina puede ser decisiva para que una escuela conquiste el título ya que su misión es despertar el entusiasmo del público que asiste al sambódromo para que la presentación de todo el grupo sea apoteúsica.
"La reina de batería tiene que cantar la letra y convencer al público de que también cante. Por eso tiene un papel muy importante para la escuela", asegura la modelo y presentadora de televisión Adriana Galisteu, que completó cinco años como reina de batería de la escuela Unidos da Tijuca, campeona del carnaval de 2010.
"Su misión es hacer una conexión entre la escuela y el público. Emocionar al público con el mensaje de la escuela. Es una responsabilidad muy grande", dice la también presentadora Sabrina Sato, la nueva reina de batería de Vila Isabel.
El desfile de las doce escuelas de samba del llamado Grupo Especial de Río de Janeiro, considerado como uno de los mayores espectáculos del mundo al aire libre, paraliza a Brasil durante dos noches del carnaval y es retransmitido por televisión a decenas de países.
Como compensación por su papel, las reinas de batería reciben una gran exposición en los medios de comunicación, invitaciones para participar en programas televisivos, en desfiles de modelos, en ensayos fotográficos para revistas masculinas y jugosos contratos publicitarios.
El carnaval es internacional. Mi imagen ganó fuerza. Fue un marco para mi carrera. Dejé de ser vista como una 'funkeira' (cantante de funk carioca)", dijo hace dos años Valesca Popozuda, una modelo famosa por su enorme trasero, al admitir que pagó para ser reina de batería de Porto da Pedra.
DESDE LOS AÑOS 70 DEL PASADO SIGLO
El puesto es uno de los más disputados por las actrices, modelos, presentadoras, cantantes y celebridades de Brasil, que aspiran a seguir los pasos de musas como Luma de Oliveira, exesposa del hombre más rico de Brasil; Adriana Galisteu, que fue novia del tricampeón mundial de Fórmula Uno, Ayrton Senna; Viviane Arañjo, esposa del futbolista Radamés, o Luciana Gimenez, madre de uno de los hijos del roquero Mick Jagger.
La figura de reina de batería surgió en la década del 70 cuando Adele Fátima apareció en el desfile de la escuela Mocidade Independente por delante de los músicos.
La aparición de una mujer delante de la orquesta, insólita para la época, causó críticas de los más tradicionalistas pero se popularizó en los años siguientes y finalmente todas las escuelas adoptaron la figura.
Inicialmente el cargo de reina era para las jóvenes que más destacaban en belleza y talento para el baile en las barriadas en las que están enclavadas las escuelas de samba, pero después comenzó a ser ofrecido a mujeres da la farándula.
Para compensar a las jóvenes anónimas que perdieron la oportunidad de ser reinas de su escuela, las agrupaciones musicales crearon puestos paralelos pero de menos categoría, como el de madrina, musa o princesa.
Algunas escuelas, sin embargo, siguen premiando como reinas a las más bonitas y talentosas jóvenes de los barrios donde tienen su sede.
"En 2005 me invitaron a ser musa de la batería porque, como soy de la comunidad, todos sabÌan que un día quería ser la reina. Como todo salió bien, al año siguiente me invitaron a ser reina", explica Bruna Bruno que este año completa un lustro como reina de batería de la escuela Uniao da Ilha.
La actriz Sharon Menezes, reina de batería de Portela, una de las escuelas de samba más tradicionales, admite que el hecho de no ser del barrio y de proceder de una ciudad distante aumenta la responsabilidad y la presión.
Las exigencias para ser reina de batería también han cambiado con el tiempo. Inicialmente eran elegidas las mejores bailarinas, sin importar las medidas del cuerpo, pero después el cargo se fue "profesionalizando" y entre las escogidas actualmente abundan las que exhiben bustos con silicona, cuerpos esculpidos, bronceados perfectos, traseros llamativos y piernas moldeadas en gimnasios.
UN DURO TRABAJO FÍSICO
El trabajo diario en el gimnasio para quemar calorías y mantener las medidas perfectas, algo común en todas las reinas, también es necesario ante la necesidad de contar con una preparación física adecuada para el desfile.
Y es que atravesar los setecientos metros del sambódromo bailando durante al menos 45 minutos, equilibrándose en unos altos tacones y cargando un pesado disfraz exige preparación física para las reinas, madrinas y demás bailarinas, que llegan a perder varios kilos durante la presentación y muchas veces llegan deshidratadas o extenuadas a la llamada Plaza de la Apoteosis.
"Hago musculación y corro todos los días para mejorar la condición física. El entrenamiento de una reina de batería es casi como el de un atleta. Mi entrenamiento es muy cuidadoso", dice la actriz y modelo Ellen Roche, actual reina de Porto da Pedra.
"La mayor emoción de mi vida fue haber ganado el carnaval del año pasado, cuando desfilé con tres meses de embarazo. Como estaba cuidando a mi bebé tuve que correr para recuperar el tiempo perdido en los dos últimos meses. Desde diciembre estoy en dieta y haciendo muchos ejercicios", señala Adriana Galisteu.
Además de la "realeza" del carnaval, en el sambódromo destacan también, entre los más de cuatro mil integrantes de cada escuela, las llamadas "pasistas", mujeres esculturales que se caracterizan por su excelsa habilidad para bailar samba y que suelen ir menos vestidas y adornadas que las reinas.
En su afán por innovar e impresionar al público, la escuela Viradouro escogió el año pasado a Julia Lira, una niña de sólo siete años y con una habilidad innata para bailar samba como reina de la batería, lo que, además de generar una polémica, no le sirvió de mucho porque la escuela quedó entre las últimas del Carnaval.





























