EDITORIAL
El 2018 inició y culmina marcado por los tiroteos contra civiles indefensos, como las doce víctima del tiroteo en un bar de California el 9 de noviembre, sin que ocurra ningún cambio efectivo en la legislación a nivel federal para controlar en forma más eficiente la adquisición de armas por parte de civiles.
En todos los niveles de la sociedad existen responsabilidades para lograr mejorar la situación actual a nivel legal, social, educativo, migratorio, financiero, etc., etc., pero los directamente y lealmente responsables son los oficiales electos, por ello la instalación de los representantes elegidos democráticamente por el pueblo el pasado 6 de noviembre, alberga muchas expectativas, un cambio sustancial del panorama político oficial con la incursión de miembros de las llamadas minorías, en las que se incluyen inmigrantes y mujeres, inspira esperanza por parte de una gran mayoría del país que exigen cambio, renovación y efectividad.
Así como se ha manifestado la alegría por los logros políticos de las mujeres, ellas tienen retos más grandes e importantes y de la forma como los aborden dependerá la credibilidad en la incursión de nuevos actores políticos, o el retorno a la tradicional estructura gubernativa. El 2018 se despide con la censura pública y ajusticiamiento de varios funcionarios por temas de corrupción, lo que finalmente es bueno porque han sido extirpados de un sistema que no es estático pero que tiene un funcionamiento operacional bien establecido.
A nivel nacional el panorama político indiscutiblemente ha estado marcado por la peculiar forma de actuar del Presidente Trump, controversial y bastante inestable en cuando a su equipo de trabajo que en los dos años de gobierno ha visto desfilar tantos funcionarios como candidatas de belleza de Miss Universo, lo cual expresa un mensaje negativo sobre la efectividad del ejecutivo que finalmente acepta que no ha sabido seleccionar bien a su equipo o que por otra parte también indica que ciertos miembros del gabinete han preferido renunciar, antes que apoyar la forma de gobernar y las políticas desacertadas de la administración Trump.
El cierre del gobierno federal no es algo nuevo y con el Presidente Trump, ya se va haciendo una costumbre que cada fin de año suceda, pero no deja de preocupar que la inestabilidad y la manipulación, sean los elementos predominantes de la política nacional que no para su juego de tira y afloja para lograr réditos políticos a manera de triunfos en las separadas e incluso opuestas agendas de los dos partidos predominantes. Cada oportunidad se toma para resaltar los desaciertos mientras no se ponen de acuerdo y ello afecta al pueblo que está cansado de este ping pong político. Lo que los políticos deben comprender es que fundamentalmente la eficiencia de los logros en beneficio de la mayoría, es lo que cuenta y no los ataques a los opositores, a menos que estos ataques estén fundamentados en elementos de juicio y pruebas para comprobar su ineficiencia y se tramiten por la vía apropiada para sacarlos de sus cargos.
Lamentablemente en este permanente juego político, han surgido nuevos elementos, como el uso de información privada para la extorsión y en ello están directamente los hackers o terroristas cibernéticas que se enriquecen vendiendo los secretos de los adversarios a diestra y siniestra, un caso contundente es el de Julián Assange, cuyo nombre ha surgido en varias ocasiones en las investigaciones del Rusia Gates, confirmándose varias reuniones con el ex director de la campaña presidencial de Donald Trump e incluso con un el actual presidente de Ecuador, que protege al hacker instalado hace más de seis años en la Embajada de Ecuador en Londres.
La repercusión de las políticas económicas de Estados Unidos, particularmente en Latinoamérica son innegables, a pesar de los intentos de algunos países que liderados por una nueva mafia disfrazada bajo el nombre de Revolución de Siglo XXI, realizó convenios con los archi-enemigos de Estados Unidos, con muy malas consecuencias como lo demuestra la incursión de China en Ecuador y ni decir de la deplorable situación en Venezuela, que prácticamente ha colapsado bajo el dominio de un gobierno directamente vinculado al crimen internacional organizado. Lo peor de todo es que este club de países revolucionarios han desarrollado mecanismos de fraude electoral y adicionalmente han desplegado campañas y emisarios a nivel internacional, muchos de los cuales se han infiltrado, como diplomáticos o prensa, en organismos internacionales, medios de comunicación, agrupaciones comunitarias, con acceso a los oficiales electos y con recursos para pagar publicidad que ayude a mantener el negocio de pie.
A nivel estatal y local el incremento salarial, lejos de significar un motivo de alegría para los trabajadores, conlleva una subida de precios en productos, servicios y otros costos, por lo cual no necesariamente se puede augurar una bonanza, hasta no ver la forma como se ajusta el sistema productivo y el mercado ante el incremento. Iniciativas motivadas por la codicia de incrementar los ingresos económicos, como la aprobación del consumo de marihuana para recreación, eufemismo insultante para promover la adicción a esta hierba alucinógena entre la población, para beneficio directo de los productores de esta droga, crea sospechas en las comunidades sobre la infiltración o vinculación de narcotraficantes en los gobiernos a nivel local, estatal e incluso federal. Los elevados niveles de violencia que particularmente se viven en Nueva York, reconocidos por las autoridades locales con la aplicación de campañas sobre salud mental y adicción a los opioides, -que incluyen medicamentos prescritos por doctores así como drogas comarcadas por los narcos-, sin duda se incrementarán cuando los neoyorquinos accedan libremente a la marihuana, cuyo contaminante aroma ya invade la calles de la que puede pasar a ser Capital Mundial de los Marihuaneros, quienes bajo la influencia de esta planta con efecto narcótico, pierden la capacidad de actuar y pensar con cordura.
La Ciudad de Nueva York que debido a su ineficiente estructura carcelaria, está abriendo la puerta y convirtiéndose en un lugar totalmente permisivo del crimen, requiere la activación inmediata de mecanismos de defensa que inician en la familia, se extienden a las escuelas y centros educativos y deben estar reforzados por las comunidades locales, en donde el trabajo de las agrupaciones cívicas, sociales y deportivas tienen un rol fundamental en la promoción de los buenos valores. Como siempre los medios no se salvan y en un momento culminante de la lucha entre el bien y el mal, la ambición del dinero determinará el lado del cual se ubiquen, pero nadie podrá evadir la responsabilidad de lo que suceda y el ambiente que se genere, como resultado de esta etapa clave en la historia de la ciudad.
Escándalos, controversias, despedidas, nuevas propuestas, pero sobre todo esperanza es lo que predomina en el país y el inicio de un nuevo ciclo proporciona una oportunidad para respirar profundo, continuar y mantener vivos los anhelos de cambios positivos, que no son responsabilidad única de los políticos, si no que exigen la participación activa de toda la sociedad, de cada persona, en su lugar de trabajo, en su hogar, diariamente. No puede haber unidad ni integración con la corrupción, es un momento de definición y de unión para luchar por lo correcto, por la vida, por el respeto al ser humano, por la justicia social, por los Derechos Humanos, por el planeta.
Nuevos retos, nuevas expectativas y esperanzas para todos con los mejores deseos de progreso individual y colectivo, que merece la Capital del Mundo. ¡Feliz Año Nuevo 2019!



























