
María Dolores Pradera, dijo adiós en su Madrid natal el pasado 28 de mayo a sus 93 años, cargados de éxitos en sus seis décadas y media de carrera, donde incursionó en el cine, el teatro y sobre todo la música.
Nacida en 1924, vivió la postguerra de la guerra civil española, cuando abandona sus estudios para darle la bienvenida al arte de la actuación, en el cual se inicia en 1944, con tres películas, “Inés de Castro”, “Altar mayor” y “Yo no me caso”.

Vivió parte de su infancia en España y en Chile, junto su padre un asturiano que poseía negocios en el país sudamericano. En 1945 contrae matrimonio con Fernando Fernán Gómez, unión que dura 12 años, pero carente de química a pesar de haber procrearon 2 hijos, únicos vástagos de ambos, relación que ponen fin de mutuo acuerdo cuando el divorcio se hace oficial en España. Fue su único matrimonio, y en un principio dedicó todo su tiempo a la crianza de Helena y Fernando, siendo una madre ejemplar. Con el tiempo volvió a el mundo de la interpretación y a partir de 1960, regresa al cine y al teatro, en este último interviniendo en títulos de relevantes autores: “Don Juan Tenorio”, de José Zorrilla; “El jardín de los cerezos”, de Antón Chejov; “El rinoceronte”, de Eugene Ionesco; “La difunta”, de Miguel de Unamuno; “Mariana Pineda”, de Federico García Lorca; y “Cándida”, de George Bernard Shaw, entre otras.

SU MUNDO MUSICAL
María Dolores Pradera, resultó ser un fenómeno musical de proporciones no imaginadas. En 1966, graba su primer larga duración titulado “Amarraditos”, y es ahí donde comienza todos sus años de gloria. Su arte es acompañado por espacio de 30 años por dos jóvenes hermanos, guitarristas de profesión y de nombre Santiago y Julián López, más conocidos por Los Gemelos. Su cadenciosa y suave voz, la sitúan en un lugar de privilegio en el pentagrama musical de medio mundo, actuando en escenarios de España, Francia, Argentina, Alemania, Estados Unidos, (Madison Square Garden); Reino Unido, (primera española en actuar en Royal Albert Hall, de Londres); y México, país donde desarrolla su carrera y se establece durante años. Estos viajes y giras, la vinculan a los compositores e intérpretes más prominentes de esos años: José Alfredo Jiménez, José Ángel Espinosa, “Ferrusquilla”; Chabuca Granda, Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Miguel Matamoros, Osvaldo Farrés, Carlos Cano, Rocío Jurado, Miguel Poveda, Chavela Vargas, Lola Beltrán, Mercedes Sosa, Joaquín Sabina, Caetano Veloso, Alberto Cortez, Raphael, Joan Manuel Serrat, Cachao, Ana Belén, Victor Manuel, e innumerables nombres que harían esta lista interminable.

CANTABA PORQUE GUSTABA DE CANTAR
Siempre sus íntimos comentaban que cada vez que iba de fiesta con sus amigos y finalizaban en algún restaurante o lugar de diversión, cuando le pedían que cantara no se hacía de rogar, y como anécdota personal diría que esto es más que cierto, porque en una de mis frecuentes visitas a España, me encontraba en compañía de Carlos Navedo y su hermana Liliana en un pequeño lugar de tapas del centro histórico de la localidad de Alcalá de Henares, cuando de pronto hizo su entrada María Dolores Pradera con un grupo de amigos muy jovial y animada. Al poco rato alguien tocó la diana y la más grande exponente del folklore de la América Hispana, se puso a cantar unos cuantos temas que identificaban su repertorio, para deleite de todos. Ha sido memorable, el haber podido constatar personalmente eso que se rumoreaba de esta gran artista y persona.
Un pensamiento de amor por tú partida María Dolores y por habernos dejado en los acetatos tanta belleza de nuestros folclores nacionales.


























