
El secuestro y asesinato del equipo periodístico del diario El Comercio de Quito, conformado por Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, para nosotros es mucho más que una noticia internacional.
El diario El Comercio, de Quito, parte del Grupo de Diarios América, conformado por los principales rotativos latinoamericanos, es una empresa periodística establecida en 1906, que opera en el más elevado nivel profesional.
El alto honor y el gran afecto de haber sido parte del medio de comunicación independiente más importante de la capital ecuatoriana, al que orgullosamente nos integramos por selección de personal para laborar en el Departamento de Relaciones Públicas, Documentación y Archivos; en donde tuvimos el privilegio de coordinar la edición especial de los 500 Años del Descubrimiento de América; en donde inauguramos la Fundación El Comercio para promover la educación y el progreso académico de colegiales y periodistas, convierte este trágico asunto en algo personal.
Vuelven a nuestra memoria el sonido de las prensas, de los montacargas transportando los gigantescos rollos de papel, del restaurante-cafetería en donde de podía compartir con famoso periodistas y conocer a las nuevas generaciones. Han retornado memorias gratas, que nos llena de nostalgia, de orgullo y que nos hermanan de una forma más profunda, más íntima y personal con el dolor por este horrendo crimen, que no hace si no develar al mundo, lo que realmente sucede en Ecuador.
Hay un gran problema, de implicaciones internacionales, que es resultado de una estrecha complicidad del oficialismo, -que ha secuestrado el poder político en Ecuador durante los últimos once años-, con grupos criminales; de la ineficiencia de empleados gubernamentales colocados a dedo; de un sistema jurídico que ha permitido la impunidad y la corrupción; de una política migratoria interna ineficiente, un aparato de control y seguridad dedicado a la represión política y no al resguardo del bienestar e integridad de nacionales y visitantes.
Los periodistas honestos e independientes de Ecuador han sufrido acoso, persecución, retaleación. El correato se encargó de desprestigiarlos, de callarlos y creó su propio grupo de comunicadores pre-pago, aquí y allá, pero el diario El Comercio se mantuvo firme en los valores e ideales de sus fundadores, los hermanos Carlos y César Mantilla, con cuyas nietas tuvimos el honor de trabajar directa y estrechamente.
A pesar del control y manipulación de las redes sociales y prensa nacional e internacional, que aún existe por parte de grupos leales al correato, del cual los empleados del servicio exterior en Nueva York han sido parte, ha sido posible conocer sobre la situación de un país, en donde la seguridad interna se ha deteriorado inmensurablemente durante la última década, viviendo una violencia dramática, sin parangón desde su existencia como república.
El viernes 13 de abril el presidente de turno, -heredero y coideario del partido establecido por Correa-, informó oficialmente sobre el deceso del equipo de El Comercio, secuestrado por la narco-guerrilla desde el 26 de marzo en la frontera con Colombia. A pesar de que no conocimos personalmente a Javier, Paul y Efraín, nos sentimos hermanados, no por una nacionalidad, ante todo por una profesión y por ser parte de una gran familia y de una universidad de la profesión, como es el muy prestigio diario El Comercio.
En Nueva York es más fácil conocer el sentimiento y el pensamiento de los hermanos colombianos afectados por la narco-guerrilla, es más fácil conocer el dolor de la comunidad mexicana que aún busca a los estudiantes de Ayotzinapa, es más fácil conocer y comprender a las víctimas de regímenes autoritarios y dictatoriales del mundo entero, pero también es lamentable y vergonzoso ver a una comunidad ecuatoriana que durante los últimos once años, ha apoyado la destrucción de su país de origen con su silencio cómplice, con su oportunismo egoísta, con su falta de dignidad y solidaridad con la patria que le vio nacer.
Ante el asesinato de Javier, Paul y Efraín, hacemos propio el dolor de sus familias, de la gran familia del diario El Comercio de Quito, de la cual fuimos parte, así como del dolor e indignación de los ecuatorianos decentes y de toda persona sensata, que valore la vida como el bien más preciado sobre la faz de este planeta. Agradecemos al Comité Internacional de la Cruz Roja por su trabajo humanitario, sirviendo como mediador para lograr la entrega de los cuerpos.
Expresamos nuestra solidaridad, nuestro afecto muy especial y elevamos nuestra voz en esta Capital del Mundo, uniéndonos espiritualmente a la gran marcha en Quito, para recordarlos y para solicitar el retorno de sus cadáveres.
Mantenemos viva nuestra esperanza porque en Latinoamérica se fortalezca el periodismo libre, independiente, académicamente fundamentado, que es base fundamental de una verdadera democracia.



























