
Deshonra para aquel que desafiando el sentir de la mayoría de América se jacta de haber usado la guardia nacional para dispersar “como un cuchillo cortando mantequilla, con solo algunos gases y otras cosas”, a pacíficos manifestantes para, grotesco personaje, ir a tomarse una foto frente a una iglesia que le cerró las puertas, foto que pensaba consagraría su poder.
Honor para al jefe del estado mayor conjunto de las fuerzas armadas que se lamentó de haber participado en esa arrogante muestra de desprecio al pueblo americano e intento de manipulación de las fuerzas armadas y de la opinión pública por parte del presidente Trump.
Honor a aquellos que quieren relegar los representantes de un pasado racista, divisorio, inhumano, a su lugar en la oscura historia de la que hay que avergonzarse, y sacarlos de los frontis de edificios, de los cuarteles, de las estatuas que los honran.
Deshonra para aquel que, oponiéndose incluso a su propia base, intenta preservar esa imaginería que muestra el poder racial, homenaje descarado a la supremacía blanca con la que Trump aún sueña y representa.
Honor a los jóvenes que noche tras noche, día a día han transformado América, y están recuperando su dignidad.
Deshonra para aquel, último bastión del racismo y el desprecio del sentir de un pueblo, que promete someter, someter como en el pasado lo hizo Hitler, como en el pasado lo hizo Pinochet, como en el pasado lo hizo Stalin, como en el pasado lo hicieran los dueños de las plantaciones en el sur, someter con una soberbia desencadenada, con aires de dictador y emperador.
Honor a los negros asesinados hace 99 años en el verano rojo en Washington, Chicago, Elaine, y Bibee, cientos, hombres, mujeres y niños quemados vivos, baleados, linchados o golpeados. A los 300 negros asesinados en Tulsa en 1921, en East Saint Louis, Missouri en 1917, en Rosewooden en 1923.
A los cientos ignorados en nuestra democracia puesto que su muerte ensucia la comercial imagen de una América democrática y respetuosa de los derechos humanos.
Deshonra a aquel que pisoteando la memoria de los muertos quiere regresar a la arena del racismo para mostrar su poder en Juneteenth, Tulsa.
Aislado, ebrio de poder, proclama que domina, que controla, que es el cuchillo que corta los reclamos del pueblo norteamericano como si fueran mantequilla.
Honor a cientos y a uno, a cientos y a una, George o Breonna, uno y una que son miles, los olvidados de la historia.
Honor a aquellos que escapan al pasado racista, al presente racista y que se unen en un canto de lucha, de amor y de esperanza.
Deshonra a aquel y a aquellos que defienden el pasado y el presente racista.
Honor al policía que se arrodilla en gesto de humildad junto a los manifestantes.
Desprecio a aquel que amenaza con desatar la jauría, con lanzar los perros, con devolver SU orden a las calles, aquel que, populismo obliga, ofrece violencia con compasión, que promete defender a los victimarios, no a las víctimas.
Honor a aquellos que le abrieron los ojos a una América adormecida y cambiaron el curso de la historia obligándonos a reexaminar el pasado, pero también a mirarnos en el espejo y ver cómo cada uno de nosotros tiene que cambiar, cómo no deberemos aceptar nunca más una expresión racista disfrazada de chiste, de frase ligera lanzada al aire, una actitud racista en nuestro entorno, en nuestro trabajo, en la calle, cómo educaremos a nuestros hijos tras educarnos nosotros mismos, cómo tener la humildad de escuchar a nuestros hijos, aquellos que están en la calle, para que nos eduquen.
Deshonra a aquel que, ajeno a la realidad, revolcándose en la cloaca de la historia cava su propia tumba deshonrando a América.



























