Venezuela: los límites de la moral

8 días, 8 días de esperanza. 8 días en espera del resultado de las elecciones, las verdaderas, las verificables por organismos internacionales, independientes y confiables y no por los organismos controlados por el poder en plaza.

8 días.

Hoy se teme, no a una dictadura que se consolida, ¡no!, se teme al venezolano que abandonará el país; dos millones se calcula que pueden sumarse a los 8 millones que deambulan por Latinoamérica y el mundo llevando su tragedia en los ojos.

Se les teme por lo que pueden llegar a nuestras calles, a poblar nuestras veredas, no se les teme por lo que sean malas personas, o por que pongan en peligro nuestra seguridad, ¡no!, se les teme por lo que su presencia, la presencia de sus hijos, sus ojos mirándonos, asaltan nuestra conciencia.

No supimos ayudarlos a defender sus sueños, durante 8 días hemos estado presenciando el asesinato de la esperanza de un pueblo.

Un espeso velo comienza a caer, ese silencio culpable que permite que el dictador, el autócrata permanezca en el poder, que los gritos en los cuartos de tortura se acallen, que la justicia se vuelva una farsa.

8 días, y no serán las sanciones, no será un bloqueo que aumente el hambre el que derrotará a Maduro, será nuestro silencio que hará que la moral y la razón sean inútiles frente a la fuerza bruta y a un poder dictatorial.

8 días en espera de unas actas testimonio de un sueño, 8 días en que la esperanza gira y gira hasta caer del tiovivo.

¡No queremos injerencia extranjera! gritan algunos gobernantes, y desde afuera dan la solución --¿la solución o la absolución al autócrata? --, que se busque una solución negociada entre..., y ellos fijan las reglas, aquellas que acallarán sus conciencias.

En aguas que se calman, y el tiempo corre a favor del dictador, el autócrata decreta: cárcel, son terroristas, tengo las pruebas, hablaron, confesaron.

¿Hasta dónde se resiste el dolor cuando el horror no tiene límites?

Están cantando, dice un secuaz, y refiriéndose a un preso añade burlón: y en dos idiomas, es bilingüe.

8 días hemos esperamos que el ejército venezolano cumpliera su deber: defender al oprimido, pero la corrupción, las prebendas, manejan el petróleo, pueden saquear las riquezas de Venezuela, saquear, no recibir migajas, y ello los hace callar, la corrupción compró su conciencia.

8 días en los cuales se siente el peligro de que un manto de silencio caiga sobre Venezuela, de que se piense que una dictadura por ser dictadura es todopoderosa, que, pese a que se la derrotó en las urnas, el poder no es el voto, el poder está sostenido por la corrupción, las armas y la represión.

¿Y la palabra?

Un día escribí al final de uno de mis poemas:

la palabra no sirve si no es para cambiar al mundo

o al menos intentarlo

Triste me pregunto:

¿cuál es el límite del dolor de un hombre?, ¿cuál es el límite del dolor de un pueblo?, ¿cuál es el límite del silencio?, ¿cuál es el límite de la moral y la razón?

¡Ay, humanidad!, hasta cuándo buscaremos excusas, hasta cuando buscaremos cómo acallar nuestra conciencia.

¡Oh, gobernantes! hasta cuándo buscarán lavarse las manos, justificar el asesinato de la esperanza pidiendo se justifique la mano del asesino, por miedo a los ojos de un niño observándolos, por miedo a los que llegarán a golpear sus puertas, por lo que en las noches de pesadilla se ven ellos destruyendo el sueño de su pueblo.

Los autócratas, los dictadores del mundo entero apoyan a Maduro. Hay un dicho popular que dice: entre dictadores no se leen la suerte, temblarían.

Creo, sigo creyendo que podemos derrotar la autocracia, que los derechos serán derechos y no simples frases huecas, que el miedo se puede derrotar, que el hambre se puede derrotar, que el derecho a vivir en paz es un derecho, que “democracia” y “libertad” no son palabras vacías.

Sigo creyendo que se puede encontrar una solución, hacer que se reconozca el resultado de las urnas y lograr la transferencia del poder.

No es fácil, pero es responsabilidad de todos.

Escritor, poeta, dramaturgo y hombre de teatro chileno, miembro del PEN Chile, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y académico de la Academia Tomitana de Constanza, Rumania.

Compartir
[fbcomments]