En el 2019, un avión de la Fach (Fuerza Aérea de Chile) llevaba un cargamento de ayuda humanitaria a Venezuela, la entrega iba acompañada de una promesa, de un compromiso moral que con anterioridad ya había hecho Sebastián Piñera, presidente de la república de Chile, al pueblo venezolano.
Piñera había comunicado que se iba a seguir recibiendo venezolanos en Chile, porque existía un deber de solidaridad y un compromiso a la memoria, ya que “Venezuela fue muy generosa con chilenos que buscaban nuevas oportunidades, cuando Chile perdió su democracia, en dictadura”.
Los anuncios siguieron ese año. Con verborrea, en su cuenta pública del 2018, el mandatario chileno, volvió a dar su palabra a los venezolanos: “Chile es y seguirá siendo el asilo contra la opresión”.
Así, se instaba a los venezolanos a postular a una Visa de Responsabilidad Democrática (VRD) para entrar a Chile.
Dos años después, en el 2021, el escenario es totalmente contrario y sorpresivo: un avión de la Fach despega de Chile con 86 migrantes expulsados. La mayoría, venezolanos y, salvo contadas excepciones, su falta fue la de ingresar irregularmente a Chile en los últimos tres meses. La razón: escapar de la pobreza, miseria y represión de Nicolás Maduro.
Las personas fueron sacadas de madrugada de los refugios en que estaban en Chile. Con overol blanco, custodiados por policías como delincuentes. El entonces Ministro del Interior, Andrés Chadwick, con criterio cero señaló: “Es para que las personas que vienen a Chile sepan a lo que vienen”.
Piñera y su gobierno en un par de años perdieron la memoria. Las promesas del presidente se esfumaban como todas las palabras que adornan muchos de sus discursos que rebosan de forma y carecen de contenido.
Sigamos sumando. El 11 de abril del 2021, Piñera promulgó la Ley de Migraciones, cuyo objetivo es prevenir el ingreso irregular de extranjeros y promover la migración ordenada y legal, según el propio mandatario para poner “orden en nuestra casa”.
La Ley reconoce a los migrantes la protección de derechos laborales, acceso a la salud, a la seguridad social y beneficios de cargo fiscal, a la educación, a la vivienda propia, envío y recepción de remesas y al debido proceso.
La tramitación de una visa es fundamental. No obstante, casi no se están entregando a extranjeros ¿dónde están las garantías?, ¿el debido proceso?, ¿las posibilidades de regularización?, ¿a dónde fue a dormir tanta promesa?
La semana pasada nuevamente, esta vez 56 venezolanos, se convirtieron en personas no deseadas para Piñera. Otra expulsión, mismo modo de operación: de madrugada, tratando de pasar desapercibida frente a la opinión pública.
Con la Ley de Migraciones, no existe posibilidad de regular, por el contrario, sí aumenta la facultad de remover. Tras la aprobación de la Ley ampliaron los decretos de expulsión.
Si bien, diecinueve personas cumplían condenas, motivo suficiente para su expulsión, 37 de ellas no estaban condenados por delitos, sino que ingresaron a Chile de manera irregular, por pasos no habilitados.
Ni los reclamos de ONG y ni los de organizaciones migrantes fueron escuchados por Piñera.
La Corte de Apelaciones de Santiago manifestó que “las persecuciones políticas y dificultades económicas más las carencias sanitarias que padecen en sus países de origen quienes ingresan irregularmente a Chile (...), de modo tal que de mantenerse el decreto de expulsión del territorio nacional de un ciudadano extranjero bajo tales circunstancias implicaría necesariamente una afectación de la integridad física, síquica y seguridad personal de los mismos”.
Entonces, ¿ dónde quedó la solidaridad ofrecida?
Enviarlos de regreso sin hacer un análisis de cada caso, pone en cuestión, principalmente, el respeto a sus derechos humanos, aspecto que el mandatario tanto critica del régimen de Maduro.
Están previstos 13 vuelos adicionales para expulsiones colectivas de extranjeros.
Sebastián Piñera deja ver su postura y decisiones. Al parecer, no le parece tan mal la violación a los derechos fundamentales, de hecho, por largos años la región de la Araucanía ha sido militarizada como una “solución”, y el pueblo mapuche sigue siendo tratado como delincuente.
Tras el estallido social, cientos de personas, por manifestar su pensamiento ante el abuso, quedaron con lesiones oculares; muchos de ellos, ciegos; otros, muertos o desaparecidos. El abuso sexual a mujeres tras las detenciones, también fue común por parte de las Fuerzas de Orden y Seguridad.
En plena dictadura militar bajo el régimen de Pinochet, muchos chilenos debieron escapar y hoy siguen repartidos por el mundo. A Piñera se le olvida o no aprendió que nadie se va de su tierra si sus derechos están garantizados.
https://impactolatino.com/el-refugio-chileno-de-inmigrantes-venezolanos-del-pastor-bernabe-bazan/



























