UNA NUEVA AMERICANA “MARACUCHA”
Por Niurka Vidal O. IMPACTO LATIN NEWS
Siempre soñé con venir a Estados Unidos, aunque sea a pasarme unas largas vacaciones, estudiar un postgrado o aprender a hablar fluidamente el inglés y así obtener el trabajo de mis sueños en mi querida Venezuela. Nunca me imaginé que estaría viviendo en esta nación y mucho menos en Nueva York, de donde sólo conocía a la salsera “La India”, porque había dado un concierto en Maracaibo, ciudad donde viví casi toda mi vida.
Un cambio muy drástico considero yo, porque a Maracaibo le dicen cariñosamente “la tierra del sol amada”; es decir, la tierra a la que el sol ama, aunque a veces es la tierra a la que el sol derrite, porque hace muchísimo calor. ¡Qué me iba a imaginar yo el frío que me esperaba!, si estaba acostumbrada a sudar casi todos los días, porque aparte del sol “maracucho” me encanta hacer deporte.
Esa es una de las cosas que me ha costado acostumbrarme en Nueva York, que si esta chaqueta, que esta no, que la otra y al final siempre paso frío, porque este clima me parece loquísimo y aún no lo entiendo, y aparte a veces se me olvida ver el pronóstico del tiempo, aunque poco a poco me he acostumbrado a verlo. Ah, pero algo que sí me gusta del frío es la nieve, la cual aprecio mucho, porque en Venezuela sólo la veía en los picos más altos, y aunque aún no he cumplido mi sueño de esquiar, estoy contenta porque se que hay sitios para hacer este deporte dentro del estado de Nueva York.
Aparte del “viacrucis” del clima, y de la terrible nostalgia familiar que todavía siento, me encontré con otro dilema del recién llegado: “¿dónde conseguiré trabajo?”. Eso me pasa por enamorada, ya que me casé con un “chamo” maravilloso que estaba trabajando aquí en La Gran Manzana y se iba mucho de vacaciones a Caracas, donde viví un tiempo.
Allá nos conocimos, aunque primero fuimos amigos por Internet durante un año, pero esa es otra historia. El cuento es que me ofreció matrimonio y aunque temerosa por todo lo desconocido que me esperaba, renuncié a mi trabajo como reportera de radio en Venezuela por amor.
Mi esposo es contador, así que no me podía echar la mano con el periodismo. Entonces me acordé que mi “hobbie” del arbitraje de fútbol daba dinero. Lo que ganaba en Venezuela sólo me servía para ir al cine, pero descubrí que aquí el arbitraje es muy bien pagado.
Un día que hacía picnic en Soundview Park, en El Bronx, se me ocurrió acercarme a un árbitro que estaba trabajando en ese parque. Es ecuatoriano y se llama Ángel. Este “referee” me dio la mano y en menos de una semana ya estaba presentando el examen para certificarme con la Federación de Fútbol de Estados Unidos.
Allí tengo 5 años trabajando y soy árbitro estatal. Entonces me di cuenta que aparte de los charlatanes y estafadores a los que estaba acostumbrada a lidiar en Venezuela, también hay gente solidaria en NYC, como Pablo Domínguez, Ángel, Hernán, Baldomero Cariño, Nino Catalioti, Jason y Gail Smith, quienes me han ayudado a ganarme el pan.
Una de las dificultades por las que he pasado ha sido el idioma, pues llegué con un ingles intermedio que quería practicar, pero al final terminaba hablando español porque no me tenían paciencia. Mi amiga Damary me recomendó un curso gratuito muy bueno con el prestigioso profesor Andy Bell, y así fui dando mis primeros pasos. Allí conocí a muchos de mis actuales amigos, todos inmigrantes, y como en el inicio, nos seguimos dando tips para aprovechar las oportunidades y seguir prosperando en este país.
Al principio me llevé muchos tropiezos, como unos abogados de inmigración “piratas” con los que me encontré y quienes me pidieron 3 mil dólares para dejar mi proceso migratorio en sus cochinas manos, sin explicarme claramente lo que iban a hacer. Afortunadamente conseguí a personas honestas de una ONG, quienes me ayudaron gratuitamente, gracias al consejo de mi amiga Rose, americana de origen boricua.
También trabajé en un restaurante, donde me pagaban muy poco, pero me sirvió para practicar mi inglés y desenvolverme laboralmente. Actualmente tengo 5 años en este país, cuatro de matrimonio y dos trabajos. Siento que mi sacrificio ha valido la pena y estoy muy agradecida con todos los que me han ayudado, la mayoría de otros países latinoamericanos.
Después de 5 años todavía hay cosas que me cuesta entender, pero siempre hay alguien para “echarme la mano”. He aprendido mucho de esta aventura neoyorquina, entiendo mucho más a esta sociedad y siento que cada vez me integro más a ella.
Finalmente quiero comentarles que me extrañaba el asombro de la gente cuando le mencionaba que soy periodista con un MBA, hasta que comprendí lo difícil que es el asunto de estudiar en la universidad en EE UU. Eso es lo que quiero, aprovechar lo mejor de los dos países, entender más a esta sociedad y prosperar, para hacer lo mismo que hicieron conmigo: ¡darle la mano a los nuevos americanos que la necesiten!



























