EDITORIAL
Es una de la celebraciones más populares a nivel global y por lo tanto una de las más grandes y más impactadas por la pandemia, pero ante todo debe ser la época de mayor reflexión y solidaridad.
En una estrategia comercial poco solidaria con el dolor de los miles de familias que este año vivirán una Navidad sin un abuelo, sin un padre, un hermano, un hijo, un tío, los medios televisivos pretenden mantener una imagen falsa de la realidad que se vive durante esta temporada.
Programas navideños con bailes, canciones y mensajes de Felices Fiestas, son poco coherentes y contrastan radicalmente con las noticias diarias y permanentes de contagiados, agonizantes y muertos, que para fines informativos no son más que cifras o casos para usar el sensacionalismo como recurso para incrementar audiencias.
La verdad es que la realidad diaria de los latinos en las calles de la ciudad de Nueva York, difiere diametralmente con esa perspectiva comercial, superficial o sensacionalista. La realidad, particularmente impactada por la pandemia del Covid-19, exige un cambio de perspectiva en todo aspecto y los medios informativos no son la excepción.
La Navidad también es la época de oportunidad, no solamente para vender, comprar, evadir el dolor mundial de los muertos por el Covid-19, es fundamentalmente una oportunidad para revalorizar todos los aspectos de la vida, no solo de la vida humana, de toda la vida del planeta.
En general Navidad ha sido un llamado a la espiritualidad, pero esta Navidad 2020 debería ser el llamado a la solidaridad, a la misericordia, la compasión y comprensión del sentir de los demás.
La pandemia nos cambió la vida, a muchos se las puso de cabeza, pero qué es lo que realmente hemos aprendido de estos nueve meses de incertidumbre, descubrimientos, expectativas, derrotas y triunfos? Hemos aprendido muchas cosas, hemos descubierto muchas otras y hemos comprendido que por encima de todas las diferencias, somos una sola humanidad, somos seres humanos, somos mortales.
El Covid-19 no ha respetado la fama, los millones, el estatus migratorio, las influencias ni el poder político, popularidad, raza, sexo, tendencia ideológica, religión, edad, preferencia sexual. Ha sido en definitiva el que nos ha dado el sentido de igualdad.
Esta Navidad es diferente, eso es incuestionable. Probablemente la mayoría de los hogares celebraran el mensaje de paz, hermandad, solidaridad y humildad que trajo el nacimiento de un pequeño, pobre e indefenso niño hace más de dos mil años, probablemente habrá una comida especial, habrán regalos, en muchos hogares habrá una o quizás varias sillas vacías, habrían lágrimas pero sobretodo, habrá esperanza.
Como comunidad los latinoamericanos crecen en conciencia, mientras anteriormente los políticos solían usar la Navidad para regalar juguetes de plástico chino, que después de poco tiempo los niños desechaban, ahora han reflexionado y obsequian juegos que promuevan el acercamiento a la ciencia, que promuevan el desarrollo cognitivo, al aprecio a la tecnología. Eso es muy positivo y debe continuarse por esa ruta.
Pero falta mucho por hacer. Mientras los inmigrantes pagan para enviar a sus países de origen colorido plástico chino, ropa de materiales sintéticos, destruyendo con ello la industria nacional de cada país latinoamericano, incrementando los desperdicios de plástico que destruye el medio-ambiente, se desarrolla una conciencia de cambio y perspectiva. Actualmente se comienza a revalorizar la industria y la artesanía latinoamericana.
Muñecas de trapo, juguetes artesanales elaborados en México y en Ecuador, son cotizados por los inmigrantes, que encuentran en ellos incluso un medio de re-conexión con su infancia, con sus raíces. La Navidad para los latinos es una oportunidad de fortalecer sus raíces culturales y su identidad, por ello bendita sea la Navidad!
Los contrastes socio-económicos se diluyen ante la fuerza de la esperanza por el retorno a la normalidad, por el anhelo de cambio, por el deseo profundo de progreso. Los latinos están transformando Estados Unidos en forma permanente y significativa, ese es un hecho irrefutable, lo importante es comprender que el proceso de transformación ocurre en dos sentidos, no solo en el impacto cultural de los latinos a esta nación, su inmenso aporte económico como mano de obra, emprendedores y grandes empresarios, sus contribuciones con el talento de médicos, trabajadores de salud, científicos, académicos.
También Estados Unidos transforma a los latinos, los vuelve bilingües, les transmite valores y retos, les obliga a asimilarse legalmente y culturalmente. La Navidad no es la excepción para ese compartir entre los latinos y Estados Unidos, el reto para los latinos es en este momento, comprender la responsabilidad individual de absolutamente todos, en el triunfo sobre el coronavirus.
Que el deseo de progreso material, no ahogue el respeto por la vida, que el anhelo de retorno a la normalidad, no asfixie el sentido de sobrevivencia para continuar cuidándose del contagio. Que esa tan venerada imagen del Niño Jesús, cobre vida en cada niño latinoamericano que necesita no solo alimento, vestido y educación, pero que desesperadamente necesita amor, protección, respeto, valores humanos, espirituales e intelectuales.
Que esta Navidad 2020 sea el inicio de un cambio profundo en la comunidad latina, para manteniendo sus tradiciones y costumbres, abrirse a conocer, aprender, compartir y a través de ello enriquecerse espiritual y materialmente.
Esperanzadora y solidaria Navidad 2020.



























