Una democracia saludable

EDITORIAL

Escribir sobre polí­tica nacional durante tiempos electorales puede ser complejo, particularmente en un ambiente efervescente e impactado por los estragos mundiales del Covid-19, pero es además particularmente conflictivo hacerlo en la ciudad de Nueva York, donde las diferencias se agudizan.

A pesar de que solo uno de los dos candidatos para la presidencia es nacido en Nueva York, esta ciudad que ha sido la cuna de varios movimientos progresistas, mantiene una fuerte tradición demócrata y aparentemente se encuentra en amplia oposición a ese candidato, que es el aspirante a la reelección, Donald J. Trump.

Ese no sería ningún problema, porque en las democracias saludables la discrepancia es necesaria, además la tolerancia y el respeto a opiniones discrepantes, es parte del funcionamiento de un sistema en el cual, no solo se impone la mayoría, pero que fundamentalmente se respeta a las minorías.

Respetar el sistema democrático no implica únicamente participar en él, además significa aceptar la discrepancia como parte del mismo en forma respetuosa.

Ese fundamento del desarrollo de la democracia no puede ni debe quebrantarse ni siquiera en pretexto de una pandemia.

No importa si usted es republicano o demócrata, tiene el derecho no solo de participar, sobretodo tiene el derecho a que se respete su posición, afinidad, simpatía, filiación política o simplemente su opinión o punto de vista. Cuando un sector social quiere y trata de imponerse a la fuerza sobre otro grupo, la democracia pierde todo el sentido de su esencia, que es el mantenimiento de la civilidad.

Quizás el gran problema en Nueva York es que la política se ha convertido en un negocio muy rentable, donde se defienden posiciones no por valores y convicciones, no por respeto a una ideología auténticamente fundamentada, si no por los beneficios y réditos que se obtendrán de la ganancia de determinado partido, sector o candidato y eso solo demuestra que la política se ha prostituido, gracias a la codicia de unos pocos.

Aquí no se trata de defender a nadie, ni a Trump con su muy singular estilo, ni a Biden con su muy respetable senectud.

Tampoco y por experiencia se ha comprobado, que ni la democracia, el respaldo o simpatía, debe fundamentarse en las encuestas, que son parte del negocio político, que ha desarrollado unos tentáculos tan grandes, que ni los medios que aparentemente son prestigiosos o populares se libran de la manipulación.

Hace cuatro años las estadísticas daban un triunfo arrollador a Hillary Clinton, una veterana de las lides políticas con varias décadas de experiencia y una poderosa maquinaria de respaldo, mientras Trump con solo diecisiete meses de campaña se llevó la gloria, concediéndole al Partido Republicano la victoria presidencial más amplia e impactante en veintiocho años.

Con esa experiencia podemos afirmar que las encuestas no significan nada más que la capacidad de hacer negocios de la maquinaria publicitaria y de empresas especializadas en campañas, cuyos directivos las usan para asegurar posiciones laborales para sus familiares y círculos de allegados, o simplemente para sus paisanos.

Los latinos, como todos los seres humanos, están motivados por su bienestar y saben bien que si no trabajan no van a obtener lo que quieren y merecen. Los latinos huyen de la pobreza y la violencia, pero además tienen necesidades muy particulares, por lo cual van comprendiendo la importancia que tiene el mantenerse activos políticamente aquí en esta nación.

A solo doce días de las Elecciones Generales, la contribución de los medios responsables y serios, debe ser de promover la participación activa en el sistema democrático, fundamentalmente con el voto, pero además con la información, con el conocimiento, mediante información educativa de fácil asimilación y acceso.

Es muy comprensible, en estas circunstancias de pandemia, la vulnerabilidad de sucumbir a las motivaciones económicas, pero los medios saben de lo que son capaces, porque si reciben pagos por publicidad, eso no les castra ni les quita la capacidad de incluir siempre las dos caras de la moneda, los diferentes puntos de vista.

La misión más importante es ofrecer a los lectores y a toda la comunidad, la posibilidad de conocer y tener la mayor cantidad de elementos de juicio fidedignos, para tomar una opinión y ejercer un voto razonado y fundamentado.

Que no sea el temor, la ignorancia, el sentimentalismo lo que guíe a nuestra comunidad, porque eso solo traerá consecuencias negativas. Tampoco puede ser el calculo miserable del oportunismo individualista y miope.

El ejercicio del poder electoral debe ser muy bien razonado, se debe ejercer el civismo con responsabilidad.

En una democracia saludable y legítima, es importante mantener y defender el derecho a la diversidad de opiniones, pero fundamentalmente el respeto y la tolerancia a formas de pensar discrepantes, sin el temor a la retaleación, ni a la censura, ni al linchamiento mediático o a la violencia verbal, física o sicológica, eso solo es para los regímenes tiránicos.

Nueva York y la nación entera vive ya la celebración de la democracia en medio de un hecho que ha conmocionado al planeta entero y eso es realmente un privilegio. En una sociedad y en un ambiente donde es cada vez más relevante la tecnología, no hay pretextos para no investigar más, educarse más y participar.

No es tiempo de permitir manipulaciones, es momento de mantener saludable el sistema democrático, uno de los pilares fundamentales de una sociedad desarrollada.

Infórmese, lea, busque, dialogue, escuche con respeto, tolere a quien no opina como usted, pero participe, es su derecho, es su oportunidad, es su aporte a construir un futuro mejor.

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