EDITORIAL
El servicio de electricidad en Nueva York es el alma de una ciudad cuyo movimiento se realiza las veinticuatro horas, pero se convierte en un aspecto vital durante una ola de calor extremo.
Sobre el apagón del domingo 14 de julio la respuesta restringida de Con Edison fue que un generador falló y se reparó en cinco horas, pero no se explicó exactamente cómo sucedió y las medidas para evitar que vuelva a suceder y este es el mayor temor, pero en el caso del último problema, el fin de semana del 20 de julio, es que la gente muera por falta de aire acondicionado, pero también el impacto en pequeños negocios.
Los informes del Servicio Nacional de Meteorología no fallaron y las temperaturas batieron récord en Nueva York, que ha registrado durante este mes, dos interrupciones masivas. Los neoyorquinos han perdido la confianza en la capacidad de Con Ed para proporcionar un servicio básico.
Al malestar se suman los cortes en el servicio de transporte público masivo, así como las fuertes tormentas que han provocado inundaciones, caídas de árboles y problemas al normal movimiento de la ciudad que literalmente nunca duerme.
Esta situación extremadamente molesta para todos los neoyorquinos y potencialmente peligrosa para los más vulnerables, ha motivado un nuevo problema que además de cuestionar la eficiencia de la empresa privada que ofrece el servicio, ha puesto sobre el tapete el tema de la privatización.
La propuesta del alcalde la ciudad es de desprivatizarlo, para lo cual espera el informe iniciado a pedido de la gobernación estatal.
Lo más rescatable de la crisis ha sido el comprobar que los equipos de la ciudad y del Estado trabajaron totalmente coordinados: la Policía Estatal trabajó bajo la dirección de la policía de Nueva York en términos de dónde necesitaba ayuda adicional, el Depto. de Incendios se encargó de visitar en hogares a personas vulnerables, por ejemplo personas con problemas respiratorios que usaban ventiladores.
La Oficina de Manejo de Emergencias (OEM) estableció un refugio de emergencia con la Cruz Roja en caso de que alguien tuviera que llegar a un lugar seguro.
Esta fue una oportunidad para apreciar la buena coordinación y la colaboración entre gobierno local y gobierno estatal, así como entre las agencias de la ciudad que demostraron su eficiencia atendiendo una crisis, que según había indicado Con Edison estaba preparada para afrontarla, pero que en la práctica demostró que no solo ha sido incapaz de afrontarla, pero que además no ha sabido explicar satisfactoriamente.
Los neoyorquinos están muy decepcionado con Con Edison, por la crisis de dos interrupciones importantes, pero los responsables directos no están proporcionando información real y claramente no se les ha responsabilizado ni confrontado formalmente, lo cual sería absolutamente inaceptable si fuera una entidad pública.
Tampoco no hay aún una cifra estimada sobre cuánto han costado los daños de los apagones a los contribuyentes ni el impacto de estos inconvenientes han provocado a las personas y negocios afectados justo durante la ola de calor, una situación muy incómoda para la gente pero con impacto económico en cientos de negocios de comida, tanto en tiendas, supermercados, restaurantes, pastelerías, heladerías, etc., etc. en donde hay importantes pérdidas que dañan particularmente a los pequeños negocios.
¿Qué tipo de compensación financiera pueden esperar estos clientes de Con Edison? Es una gran pregunta que tampoco ha sido respondida.
Un problema que las autoridades locales deben abordar es el de la calidad del aire, que se afecta debido al ozono y que en algunas ciudades de la Unión Europea se aborda, entre otras cosas, limitando el flujo de tráfico de automóviles.
En la ciudad más grande del mundo, donde hay tantas empresas de tecnología y recursos financieros, que sucedan este tipo de catástrofes es incomprensible e inaceptable.
El cambio es inevitable y los medios estaremos al pendiente del desenlace.


























