EDITORIAL
Varios hechos históricos determinan la celebración del Mes de la Herencia Dominicana, que en Nueva York cobra especial significación, no solo por el importante porcentaje de dominicanos y su creciente representación en varios niveles del gobierno estadounidense, pero sobretodo por el gran entusiasmo y profundo sentido de patriotismo del pueblo dominicano, orgulloso de su historia y su cultura.
Información estadística más precisa sobre la comunidad dominicana en la capital del mundo, se obtendrá en el Censo 2020, que a pesar de todo, siempre va a tener un margen de error, debido a varios factores, que dificultan la realización de un conteo total y absoluto, pero que es un referente importante, no sólo en términos de conseguir fondos federales para las comunidades locales, si no que es fundamental para todo lo que se refiere a planificación, no solo de la comunidad dominicana, si no de ésta como parte importante de la comunidad latinoamericana en esta parte de la nación.
El Mes de la Herencia Dominicana en enero y febrero de cada año, se viven en la ciudad de Nueva York como una gran oportunidad de promoción cultural de los dominicanos.
A través primeramente de su historia patria y de todas las manifestaciones culturales a nivel musical, gastronómico, deportivo, educativo, artístico, político, religioso, social, laboral, económico, etc., etc., etc.
Por cual se constituyen en un importante movimiento que este año ha tenido un gran impacto por los hechos electorales en República Dominicana, de los cuales la comunidad ha hecho eco, demostrando que no solo son inmigrantes que han luchado y luchan contra las adversidades propias de la inmigración, idioma, cultura diferente, situación legal, discriminación racial, social y económica, pero que además están muy pendientes de lo que sucede en su patria natal, de lo cual tienen no solo derecho, además responsabilidad de manifestarse.
El involucramiento de la comunidad dominicana de Nueva York en los temas políticos de
República Dominicana, es un aspecto desde todo punto de vista, positivo, no solo por el hecho de que los inmigrantes envían ayuda a sus familias, el asunto de vivir en una nación donde el patriotismo, el civismo, el activismo, el voluntariado, son importantes, permite a los dominicanos tener una perspectiva diferente, un aporte enriquecedor, bien dice el refrán que los “toros se miran mejor de lejos”.
Mientras hay críticas constructivas, de que la comunidad dominicana debe involucrarse menos en los asuntos de República Dominicana y enfocarse en lo que sucede aquí, en este punto hay un gran mérito de los inmigrantes de mantener vivo ese amor, ese respeto, esa preocupación y ese anhelo de que las cosas allá marchen correctamente. Es algo legítimo y algo necesario.
En el tema de participación y activismo político aquí la comunidad dominicana, al igual que el resto de la comunidad caribeña, está bien, basta mirar con la representación política que tienen a nivel local, estatal y federal, sin embargo, ya es momento de dar un paso más hacia adelante, en el sentido que se debe derribar la barrera del nacionalismo, para nutrir una visión de integración latinoamericana, que es donde radica primordialmente, la verdadera fuerza que puede y debe llegar a desplegar la comunidad hispanoparlante en Estados Unidos.
Las agendas comunitarias, las agendas nacionales están bien, son legítimas, pero también hay una agenda continental muy importante, porque es la que realmente le da peso al latinoamericano, no como grupo originario de un punto específico, si no como un gran conglomerado con una identidad propia, una historia, una geografía y una experiencia migrante compartidas.
En términos generales la comunidad dominicana está bien.
Con una cantidad notable de agrupaciones y organizaciones que trabajan en diferentes frentes, que se preocupan de lo que sucede aquí y allá.
Que promueve el mantenimiento de sus raíces y costumbres, con representación en todos los aspectos de la sociedad, pero que aún debe aprender a romper las barreras nacionales para integrarse real y verdaderamente a la comunidad latinoamericana continental.
A la cual estira la mano para solicitar apoyo en tiempos electorales, pero a la cual segrega cuando ya consiguen el objetivo, por su lado las comunidades latinoamericanas que apoyan, deben desarrollar mejor un sentido de negociación y acuerdos, para que crezcan conjuntamente y se presenten como lo que son, un gran bloque de seres humanos unificados por una cultura e identidad común, que dentro de su diversidad mantiene raíces comunes y planes comunes.
El 2020 es un año de acontecimientos importantes, con la realización del Censo y además con las Elecciones Generales, estamos seguros que la comunidad dominicana mantendrá el liderazgo y el ejemplo de activismo.
Los retos que se presentan en el camino son solo oportunidades de fortalecer el sentimiento de patriotismo y ante todo, de identificar objetivos comunes.
En ese sentido e independientemente de lo que pasé allá en la isla, estamos seguros que la gran, laboriosa y activa comunidad dominicana, está más que preparada para nuevas
conquistas y para proyectarse a un futuro mejor.


























