Ayer, en medio de una ola de calor que se suma a la creciente ola de la pandemia, vivimos la impresión de que una brisa de razón había penetrado en la Casa Blanca.
El presidente, en una bien orquestada puesta en escena, y un monólogo conlleva riesgos –de director a director, ¡felicitaciones a quien dirigió la obra!–, dio una breve cuenta sobre el coronavirus en el país.
Apareció solo, sin científicos a su lado, sin el coro que lo acompaña asintiendo, solo, muestra de poder: yo dirijo, yo asumo las responsabilidades, yo lidero.
Tras tantos meses aparece como quien lleva las riendas en esta batalla contra el virus. Calculada imagen.
Lo segundo que dio la impresión de un momento de cordura es que no apareció, me refiero al presidente, arrogante, desafiante.
Incluso se ahorró la sonrisa de sapo satisfecho tras un banquete de moscas con la que acostumbra a pausar sus discursos. Si hasta pareció humilde, ¡el presidente dando muestras de cordura y humildad!, casi un momento histórico en su gobierno.
Leyendo pausadamente, con pocas salidas del libreto, pero no le pidamos peras al olmo, afirmó todo lo contrario a lo que había dicho desde el comienzo de la crisis sanitaria que nos golpea: las máscaras hay que utilizarlas, yo las utilizo, si pueden salvar vidas es patriótico el usarlas.
Llamó a los jóvenes a respetar las reglas en los bares y fiestas en las calles, los llamó a no exponerse, a cuidarse, ellos y los otros, es lo correcto, es inteligente.
Habló de continuar la ayuda del gobierno a aquellos más golpeados económicamente, no todas, no los 600 dólares, quizás el 70%, 420 dólares.
Nada en este vendaval de millones arrojados al viento, a los bolsillos de los billonarios, a las chaucheras de los millonarios, a las alcancías de chanchito del mundo corporativo, pero 420 o 600 significan comida para algunos, significan menos hambre para los niños.
Ayer, esa conferencia dio la sensación de que una bocanada de aire fresco llevado por la razón hizo entrar en vereda al presidente. Cierto, la razón fue ayudada por los números de las encuestas que muestran su popularidad, su apoyo en caída libre, y el presidente ama el poder, quiere permanecer en el poder.
Quedé anonadado, ¿sería verdad tanta lógica o sería un entremés para que, en un acto de magia, el presidente saque un nuevo frente de batalla de su sombrero?
No se puede sino estar de acuerdo con la lógica, no se puede sino estar de acuerdo con el uso de las máscaras, no se puede sino estar de acuerdo con el llamado a los jóvenes a cuidarse, no se puede sino estar de acuerdo con la necesidad de ayudar a las capas más golpeadas por la pandemia, no se puede sino estar de acuerdo con los parches aunque se necesitan soluciones a largo plazo, soluciones donde la batalla contra la pandemia es una escaramuza comparada a la batalla contra la injusticia y la desigualdad.
No se puede sino estar de acuerdo en que el presidente debe dar el ejemplo y hablar con razón y lógica.
Pero no se puede sino desconfiar de aquel que se contradice y cuya palabra perdió valor, y una puesta en escena por bien preparada que esté tiene sus límites y en algún momento se acaba la comedia. “La commedia è finita” lo saben los actores y si no lo saben, la audiencia se lo recuerda.
Dicho esto, me preguntaba, ¿qué prepara el presidente?
Temblé, no sea que tras la batalla perdida nos lleve a otra guerra aún más cruenta, guerrero impenitente, que con la excusa de combatir la violencia y el crimen saque a relucir los federales, la fuerza del poder, esa fuerza que pone en peligro la democracia, que pone en peligro las libertades, aunque a veces esa libertad sea la de morirse de hambre.
Temblé pensando en otra puesta en escena en la cual el presidente, solo, se apropie del destino de nuestra nación, se crea la nación, y por la fuerza, no la razón, autócrata en potencia, imponga su locura mientras una bocanada de razón escapa despavorida por una ventana de la Casa Blanca por cuya puerta principal salen marchando rumbo a 14 ciudades las fuerzas del orden al servicio del poder.
Una golondrina no hace verano, una bocanada de razón no hace cordura, más allá de falsos decorados, más allá de la pandemia, nuestra democracia está en peligro.


























