EDITORIAL
No cabe duda del tremendo aporte de la tecnología en la globalización de las noticias y el más rápido acceso a información gracias a las redes sociales. Muchos crímenes y desastres se reportan instantáneamente por las famosas redes que también son usadas inescrupulosamente para diseminar mentiras, pero cuando se trata de videos sobre crímenes, las redes se convierten en una herramienta de difusión de los peligros que enfrenta el ciudadano común.
Si por un lado las redes han afectado la veracidad de ciertos asuntos, por otro lado se han convertido en un balance de los medios que aún mantienen un monopolio en los mensajes masivos, que les permite manipular la información y que continúan sirviendo a los intereses de quien les pagan publicidad e incluso la transmisión o inclusión de notas tendenciosas, con mensajes para dirigir la opinión pública.
El caso de la circulación en las redes de una pugna de pandillas criminales latinas en Queens, en el popular y transitado barrio de Elmhurst, cuando gracias al video de un pasajero del tren 7 se pudo ver casi inmediatamente un asesinato tipo ejecución, ha concitado gran atención por una serie de factores que dejan al descubierto que los criminales no tienen miedo de ser filmados, ni por los celulares ni por las cámaras de seguridad de la ciudad. Como si estuvieran muy confiados de la debilidad del sistema de justicia, afectado muy gravemente por una serie de medidas que han descriminalizado y despenalizado efectivamente varios delitos que van desde la evasión de la tarifa del transporte público, el consumo de drogas como la marihuana, la revisión de portación de armas sin autorización, etc., argumentando la defensa de las minorías y las libertades civiles, detrás de los cuales se camuflan los criminales enemigos de la sociedad.
En lugar de que el Alcalde solicite un reporte para realizar reformas en el Departamento de Policía, debería desarrollar e implementar políticas que den más autoridad a esta instancia de seguridad, que sus miembros tengan mejores salarios para que sus miembros no se conviertan en presa fácil de las ofertas de los grupos criminales, que la ciudad garantice una presencia real de las fuerza del orden en los lugares de mayor actividad, que el sistema de justicia favorezca la paz, el orden público y que deje, so pretexto de defender a las tradicionalmente marginadas y discriminadas minorías, para dar rienda suelta a los criminales. Es innegable que las pandillas criminales de Nueva York son integradas mayoritariamente por latinos y los temas de la pobreza tampoco son justificativo del crimen, porque equivaldría a decir que todos los pobres se convierten en criminales. Se convierten en criminales quienes no han sido formados con valores morales, con ética profesional, con sentido de austeridad y motivados por la codicia y ambición desmedida, encuentran en el crimen una opción para enriquecerse ilícitamente. Esto incluye no solo a los pandilleros de la calle, que son realmente las extensiones meas visibles del crimen internacional organizado.
La falta de valores morales y de ética profesional se expresa desde el robo a la información y la violación a la privacidad de las personas, el hackeo de cuentas de correo electrónico, el robo de contactos de esas cuentas, hasta el uso indebido de fondos públicos para asuntos personales. La justicia, dada su incapacidad operativa ha defendido la debilitación de los sistemas de control y castigo aduciendo al tema de la discriminación a las minorías, pero la misma comunidad, conformada por esas minorías, está en desacuerdo con esta flaccidez enfermiza del sistema de control y castigo al crimen que aprovecha para instalarse y crecer.
La violencia resultado de la confrontación de pandilleros en la estaciono 90 en Queens, no causa sorpresa, este es un problema viejo que actualmente se evidencia más, pero que poco a poco va minando y deteriorando el funcionamiento normal de las comunidades con un impacto económico real, la criminalidad reduce el normal funcionamiento de las comunidades en varios niveles, la gente evita salir con más frecuencia, anda estresada, temerosa de convertirse en víctima. Un punto alarmante es el hecho de que la madre de la víctima indica que el hijo nunca le dijo que pertenecía a las pandillas, lo cual muestra la falta de comunicación familiar, la falta de autoridad que tienen los padres debido al sistema, los padres no saben lo que realmente pasa con sus hijos.
Las consecuencias del debilitamiento paulatino de las fuerzas de control del orden y de justicia son totalmente predecibles, si estuviera vigente la practica “stop and frisk” para cateo de la portación ilegal de armas, probablemente el arma que cobró la vida de Abel Mosso no habría estado dentro del sistema de trenes. Si los disparos se hubieran efectuado a otra distancia, probablemente pudieron haber heridos e incluso muertos inocentes. En el video del crimen se aprecia claramente que civiles desarmados trataron de auxiliar al ahora difunto y lastimosamente los fines de semana, -cuando esta zona es más transitada-, no suelen haber policías, mientras que en la avenida Roosevelt se mantienen y crecen los negocios de venta de licor y prostitución camuflada y se conoce de casos de uniformados involucrados en la distribución y venta de drogas, también se genera desconfianza en la comunidad, que cada vez siente más la falta de un liderazgo real y efectivo.
Las agrupaciones de base latinas también decepcionan por su indiferencia, no ha habido ninguna posición frontalmente expresada exigiendo mayor protección, proponiendo medidas para fomentar la colaboración con unas autoridades, que por otro lado pierden respetabilidad. No existe una decisión firme de trabajar fomentando los valores en las generaciones jóvenes, particularmente con los niños, ni de promover campañas educativas para fomentar los valores, la importancia de la educación, de los valores, del respeto a la vida, del valor de la paz.
Hay mucho trabajo por realizar y todos estamos llamados a aportar para lograr vivir en paz.


























