Un problema que huele mal

EDITORIAL

La ciudad de Nueva York se ha convertido en un ejemplo internacional en el manejo de la pandemia del Covid-19, sin embargo un peligro se mantiene latente en sus calles y se trata de la acumulación de basura, un tema de salud pública, que podría poner en riesgo la batalla contra el coronavirus.

La basura, no es un asunto de estética, es un asunto de salud pública, mientras los botes de basura desbordados se han convertido en algo común desde julio, un mes después de que se recortara el presupuesto del Departamento de Saneamiento, este problema latente que afecta a la llamada Capital del Mundo persiste desde hace tiempo y con la pandemia se ha agravado.

Con la llegada de la tormenta Isaías, mientras las autoridades locales advertían a la ciudadanía y particularmente a operadores comerciales, incluidos los restaurantes del programa Open Restaurants, que eviten dejar objetos sueltos y livianos, como muebles de jardín, plantas en macetas, etc., el agua llevaba la basura acumulada a vertederos, ríos
y probablemente al océano.

La pandemia se convirtió en un pretexto para muchas cosas, incluyendo un grave retroceso en las medidas de protección al medio ambiente. Todas las regulaciones aprobadas para reducir el uso de fundas e implementos plásticos se fueron al bote de basura.

Las autoridades jamás han enviado un mensaje pidiendo a la población que sea responsable con el desecho de mascarillas usadas, de guantes desechables, de todos los utensilios desechables incluyendo los proveídos por los restaurantes.

Los restaurantes se hicieron de la vista gorda para continuar utilizando implementos plásticos, algunos con responsabilidad continúan usando recipientes pero de plástico reciclado y fundas de papel.

Todo el progreso en beneficio del medio ambiente se esfumó en la ciudad de Nueva York y los funcionarios electos no han dicho ni hecho nada al respecto.

El tema de las protestas contra el racismo agravó el tema de protección al medio ambiente, además de añadir elementos como la violencia, no solo por los choques entre grupos, los saqueos y el vandalismo contra los negocios, el movimiento generó escombros y destrucción a la propiedad pública y privada.

La autorización para el funcionamiento de cierto tipo de negocios, que nunca cerraron durante la pandemia, como los de estipendio de alimentos, disparó la presencia de vendedores de alimentos y comida preparada en las calles, que sumado a la disminución del presupuesto del Depto. de Sanidad, ha dado como resultado particularmente en
barrios latinos y de minorías, de una acumulación impresionante de basura.

La renovación positiva de barrios como Corona, ha sufrido un retroceso negativo enorme, con veredas y calles más congestionadas.

Por un lado los restaurantes que en su desesperado intento por sobrevivir han invertido para construir pequeñas terrazas en la calle, han agravado el problema del tránsito vehicular cuya congestión en la zona es bien conocido.

Pero hay un problema que aumenta aún más en ese barrio y es la presencia de supermercados de comida en la vereda, o como se llame a los puestos instalados diariamente para vender productos como frutas y verduras.

Es evidente que pertenecen a una red de distribución, con grandes camiones de donde descargan cajas de productos, las cuales vacías se encuentran acumulando la basura de los botes públicos.

Vecinos del área han denunciado que son estos vendedores de productos quienes dejan cajas y fundas de basura de sus ventas, acumularse en los botes de basura públicos, pero también se encuentran cajas de cerveza y comida, que evidencia que los restaurante locales también están usando esos botes de basura.

Empresas bancarias son el punto de concentración de gran número de personas, particularmente los viernes y sábados, a pesar de que su nombre está publicitado en los botes de basura frente a su establecimiento, no hacen nada para ayudar en el problema, que crea condiciones insalubres.

Los vecinos se quejan del incremento de plagas, ratas, ratones, cucarachas, olores nauseabundos, incluso se ha registrado la presencia de animales silvestres, como mapaches, dándose un festín en los botes de basura de barrios populares.

¿Pero qué hace el habitante común de la ciudad para ayudar en esta situación?
Para mantener a la ciudad sana, segura y limpia, se requiere la participación de todos sus habitantes.

Mantener las calles y barrios limpios es responsabilidad de cada neoyorquino, sin embargo los oficiales electos de cada distrito tienen responsabilidad directa y la insatisfacción en las condiciones de vida de la gente se va a hacer sentir en las urnas.

Mantener nuestras calles limpias es una de las responsabilidades como neoyorquino y es ante todo una expresión del respeto a uno mismo, una representación del país de origen y la proyección del deseo de vivir mejor en el país que generosamente lo acoge.

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