En su declaración oficial del lunes 3 de agosto sobre la enfermedad del legionario, el Alcalde de Nueva York Bill de Blasio expresó entre otras cosas que la misma “… ha sido una persistente amenaza de salud pública durante años y se ha intensificado tanto en la ciudad de Nueva York y en todo el país durante la última década.”
Lo que no dijo es cuáles han sido las medidas preventivas que ha tomado la ciudad desde que él se hizo cargo de la Alcaldía, para evitar, prevenir y reducir este mal que se registró en Nueva York por primera vez en 1976, que ya ha cobrado la vida de siete neoyorquinos y que oficialmente ha reportado un total de 86 casos, con una mayoría de infectados que se mantienen hospitalizados y en peligro de muerte.
La legionelosis se desató y tiene su foco de irradiación según han confirmado las autoridades de salud de la ciudad, en el condado de El Bronx, en las torres de refrigeración de diecisiete edificios de los cuales cinco han resultado positivas e infectadas con este mal, a pesar de que en varias ocasiones el presidente del condado ha expresado que este se encuentra mejor que nunca.
El alcalde ha asegurado que se ha realizado “una vigorosa campaña de información pública” que la ciudad ha tomado medidas que incluyen la desinfección y rehabilitación de los focos de infección, pero el aumento de las víctimas está por verse, ya que la enfermedad tiene una etapa de dos semanas para que incube y se desarrolle, lo que hace muy difícil realmente determinar quien ha sido infectado.
Durante su última rueda de prensa al respecto de este grave asunto de salud el martes 4 de este mes el Alcalde junto a las autoridades de salud, vivienda y defensoría pública de la ciudad, actualizaron la información. Luego de expresar el pésame a las familias de los fallecidos y agradecer a los empleados de la ciudad así como al personal del Hospital Lincoln, enfatizó en que no es una enfermedad contagiosa y que no se puede transmitir de persona a persona, también informó que no hay riesgo a través del agua potable y que puede ser tratada con antibióticos. Pidió la colaboración de los propietarios de los edificios y de las personas que crean tener síntomas.
Las autoridades han indicado que se aprobará una nueva legislación para evitar nuevos brotes de la enfermedad y ahora sí, diseñar y trabajar para evitar futuros brotes de la misma, los cuales incluirán inspecciones y pruebas regulares a los sistemas de procesamiento de agua particularmente. Esta nueva legislación obligaría y responsabilizaría a cada propietario de edificio primeramente a registrar y además a alertar a las autoridades de la ciudad, sobre la presencia de una unidad de enfriamiento del tipo similar a las unidades infectadas que indicaron son muy modernas, aplicando multas a quienes no lo hagan.
La Comisionada Mary Basset del Departamento de Salud reconoció que “hubo al final del año pasado un brote pequeño con ocho casos identificados y confirmados como la enfermedad del legionario en la torre de enfriamiento de un edificio” y el Alcalde expresó textualmente que: “fue visto como una situación bastante esporádica, e inusual.” Además la Comisionada Bassett reconoció que: “Este es el mayor brote de legionelosis que conocemos en la ciudad de Nueva York.”
En una ciudad que recibe miles de turistas de todo el mundo diariamente, el asunto es más grave de lo que parece ya que la enfermedad lleva este nombre porque efectivamente viaja a través del vapor de agua. Esperamos que esta sea la oportunidad de reformar y reforzar todo el sistema de salud pública que realmente estén a la altura de una metrópoli desarrollada, sin que tengamos que preguntarnos: ¿Cuántos muertos harán falta para que se tomen en serio los asuntos de salud pública e higiene en Nueva York?


























