Por Karina Borodnikoff
IMPACTO LATIN NEWS
El diario británico The Times consideró que era necesario incentivar a sus periodistas y manifestarles su “apoyo” de una manera bastante particular y cuestionable, en un momento muy complicado para los trabajadores de la prensa impresa.
Repleta de problemas económicos, despidos en masa, salarios en decadencia, jornadas interminables y la invasión de la insoportable levedad del mal llamado “periodismo ciudadano”.
Un pésimo momento para la profesión en cuanto a rentabilidad y buenas condiciones laborales.
Ya sabemos que los avances en las tecnologías de la comunicación abrieron un enorme universo de posibilidades; canales de expresión y acceso masivo a la información.
Hechos a los que les damos la bienvenida pero que están recayendo sobre las espaldas de los periodistas afectando su trabajo diario.
Una especie de socialización de la palabra que se confunde con la práctica periodística y la necesidad de desarrollar un nuevo modelo de negocios que no prospera.
En este contexto, el diario The Times, del grupo News Corporation –uno de los siete más poderosos del “planeta medios”- se le ocurre implementar una idea-incentivo, sin consultar a sus periodistas si realmente les resulta una ayuda: reproducir por los altavoces de la redacción central de Londres el sonido de las máquinas de escribir.
Este sonido o ruido (depende del dueño del oído receptor) que va in crescendo a medida que se acerca la hora de cierre se supone que los motivará y los hará rendir mejor.
El editor del periódico de Rupert Murdoch, John Witherow, con el mismo nivel de entusiasmo (u obsecuencia) que el ideólogo (se desconoce el autor por el momento) dice que: “El problema de las redacciones actuales es que tienen unos teclados tan silenciosos que parece que estás trabajando en un banco o en una aseguradora. Y un periódico es algo diferente”.
Y, así, propone estimular la celeridad en la escritura, hacerles sentir la peculiaridad del oficio y mejorar el trabajo, aseguran desde la dirección del diario.
Mientras, en declaraciones a The Guardian, uno de los periodistas explica que se hayan desconcertados frente a esta decisión de la dirección y que nadie les ha hablado con claridad respecto a esta nueva implementación.
Es bastante probable que el o los autores de esta idea jamás hayan ejercido la profesión o ya han olvidado cómo hacerlo.
Un periodista necesita trabajar bajo buenas condiciones laborales, con salarios respetables y en un ambiente propicio, cosas que distan bastante de esta medida superficial tomada por The Times, que hasta puede ser molesta y contraproducente.
Desde este diario británico aseguran que, a pesar de que las máquinas de escribir desaparecieron de las redacciones en los 90, su sonido se puso de moda nuevamente.
Claro que lo que no tienen en cuenta es que el periodismo no es una moda, no puede ser tratado con criterios de marketing y los periodistas hacen un trabajo demasiado importante para que se los motive como monitos en un zoo.
Las motivaciones internas de los periodistas son muy personales y se activan con diferentes disparadores que nada tienen que ver con escuchar un ruido de tipeo.
Puede funcionar en el imaginario colectivo de los lectores, pero no en la labor diaria de un periodista.
Y en cuanto a las motivaciones externas, ya dijimos, tienen que ver con condiciones dignas de trabajo y recibir las garantías suficientes para realizar el trabajo con libertad y seguridad.
Y, en su etapa final, ese trabajo se vehiculiza a través de un teclado, como en su momento se hacía con una máquina de escribir, pero es una instancia en donde quien escribe ya ha recorrido los verdaderos lugares en donde se pergeña la historia.
Henry Miller no se cansaba de decir que “La mayor parte de la escritura se hace lejos de la máquina de escribir".
Imaginemos a Truman Capote, a Bob Woodward o a Carl Bernstein, entre otros íconos del periodismo, encerrados en la redacción para hacer su trabajo y motivados por un CD con ruidito a máquina de escribir.
Tom Wolfe -siempre vigente- no tiene ninguna duda de que “Los periódicos pierden dinero porque no pisan la calle.
Se quedan en la mesa, calentitos y haciendo de buenos chicos y cumpliendo órdenes”.
Gay Talese, otro referente de la profesión, dejó bien en claro los tantos: “Si los periodistas tradicionales no hacen algo por mejorar, se van a extinguir. Estamos perdiendo la especialización, la singularidad, el arte del periodismo. En otras palabras, la carrera de periodista va a acabar reducida a un puesto de administrador, como un secretario. Habrán perdido el oído, la pluma, el cerebro. El periodista tiene que ser testigo de la Historia. Y si no de la Historia, por lo menos de la actualidad. Los reporteros tienen que llevar la contraria y no pueden hacer eso sentados en una habitación apretando botones. ¡Salir a la calle! Y siempre deberían mantener el escepticismo. Un periodista tiene que estar harto, enfadado con la situación y reaccionar. No pueden ser tan pasivos".


























