Por Nilda M. Tapia
El estreno del pasado viernes 7 de octubre en Repertorio Español de La verdad sospechosa viene a corroborar los frutos de la raza española en el Nuevo Mundo desde sus albores coloniales. Excelente contribución de esta compañía para rememorar el 519 aniversario de nuestra herencia hispana. Su autor, Juan Ruiz de Alarcón, nacido y educado en el México colonial, construia con una cuidada atención la psicología de sus personajes, destacando valores como la lealtad, la amistad, la generosidad y el valor del perdón. En La verdad sospechosa, Alarcón expone sin retórica la perniciosa labor de la mentira mientras nos divierte con un jugoso diálogo rico en una cuidada poesía satírica.
El diestro Pedro Salazar dejó ver sus destacadas dotes como director al montar una producción colmada de atractivas y bien logradas actuaciones, un ensamblado con excelentes y operáticos movimientos y un elenco cuidadosamente escogido. Jerry Soto, en el personaje central, nos trajo un Don García tan diestro en los enredos como en el manejo del espadachin… Sus movimientos en escena sobresalían y su manejo del diálogo fue tan efectivo como eficiente. Hubo momentos que nos seduzco con su persuasiva farsa, aunque llegamos a aborrecerlo por su falsía.
El Don Beltrán de Fermín Suarez lo ubica a este actor entre uno de los mejores de nuestro medio en español. Manejó sus líneas con una claridad y fluidez exquisita, trayendo la cordura de su personaje como eficiente contrapeso. El Tristán de Alfredo Tauste no desperdició sus exquisitas líneas para hacerle frente al efectivo Don García, imprimiéndole a sus apariciones el peso de su personaje.
Un acierto de dirección fue la forma efectiva en presentar los personajes menores de esta comedia. La Isabel de Mariana Buoninconti fue comedida y dispuesta para todo lo que se le ofrecía. La comicidad que emana de los gestos de esta actriz la hace notoria, no importe la importancia de su personaje dentro de la trama: ella logra agrandarlo a pesar de su menuda talla. El Juan de Luna de Mario Mattei pisó muy fuerte en el primer acto y Gerardo Gudiño hizo resaltar el Don Sancho a pesar de su breve presencia escénica.
Soraya Padrao mostró su habitual destreza en su entrega verbal y en sus movimientos gráciles y coquetos. Robmariel Olea jugó su papel secundario con una efectividad dramática, mostrando a una Doña Lucrecia sosegada pero de miradas sumamente elocuentes. Tanto el Don Félix de Ignacio García Bustelo como el Don Juan de Sosa de Pep Muñoz contribuyeron eficazmente a redondear este montaje tan ameno como divertido. Israel Hernández trajo ese elemento que los directores usan para marcar un aspecto de esta producción, su mexicanidad y lo hizo con la naturalidad de su corta y expresiva presencia… El que apenas alcanzó a perfilar su personaje fue Julián Mesri en Camino. Su juglar no logró ese brillo que este teatrista suele alcanzar en sus personajes.
Pedro Salazar mostró su talento como director de teatro con una tremenda destreza para manejar escenas que quedan en la retina del espectador. Me conmovió la dinámica de los movimientos en cada uno de los actores, en especial lo que logró de Jerry Soto y de Alfredo Tauste. Ni hablar de lo que le extrajo a Robmariel Olea y al dramático encuentro de espadachines. Todo fue teatralmente efectivo para traernos una obra clásica escrita por un dramaturgo del Nuevo Mundo pero con una honda compenetración del sentido y eficacia del teatro clásico del Siglo XVII.



























