Un bofetón para Trump, un bálsamo para los DACA, una bocanada de decencia para América

DACA
Estados Unidos celebró, la calle celebró, humildes hogares vieron una luz de esperanza, el sueño sigue vivo.

La Corte Suprema, en una resolución, redactada por el juez John Roberts, nombrado por el expresidente Bush, determinó que el gobierno de Donald J. Trump no puede terminar con el programa del presidente Obama que protege a los jóvenes soñadores, un escudo que les protege de la deportación y les permite trabajar.

Un escudo que representa un paso adelante, ahora necesitamos una coraza, aquella que les abrirá el camino hacia la naturalización, a ellos y a sus padres.

Otra promesa insensata de Trump el candidato que la razón arroja al tarro de la basura en estos tiempos en que comienza a cambiar el curso de la historia.

Ayer fue la población LGBTI, hoy los DACA, mañana los sin papeles y quedan faltando las leyes que nos protejan del racismo, de la discriminación, del respeto que merecemos.

Hoy 700.000 jóvenes respiran, hoy uno, Donald J. Trump, continúa asfixiándose en la Casa Blanca.

Momento de alegría. Sin embargo, la Corte Suprema se pronunció sobre la forma, no el contenido, y deja la puerta abierta a la administración para que vuelva a la carga contra los DACA.

Estados Unidos celebró, la calle celebró, humildes hogares vieron una luz de esperanza, el sueño sigue vivo. Joe Biden declaró que el primer día de su gobierno haría permanente el programa de Obama. ¿Un paso adelante o un paso atrás?

Hubiera deseado una declaración que, desde antes del primer día, hablara de la presentación de medidas que conduzcan a una solución permanente, a la que dicta la razón y la decencia; protección contra la expulsión, sí, pero ello no basta, necesitamos que se defina por un claro camino hacia la ciudadanía, no queremos seres protegidos que aporten a nuestra América, queremos ciudadanos con todos sus derechos que construyan nuestra América. El momento exige claridad y no medias tintas.

Y no se trata solamente de los hijos de los soñadores que cruzaron la frontera cobijados en sus brazos, se trata también de los 11 millones se inmigrantes que sin papeles viven en las sombras, un ejército de almas que se deslizan en las sombras de la ciudad, que encorvan las espaldas en el campo, que limpian América, no los pisos de América, el rostro de América.

Se trata de aquellos niños y niñas que cruzaron, pero ya podían caminar y quedaron fuera del programa, mi hermano sí, mi hermana no, y sin embargo somos la misma sangre.

Se trata de anunciar una reforma migratoria que termine con la discriminación en la frontera, que dé asilo al perseguido, que no separe a las familias, que permita, si hubieran llegado hoy, entrar a los padres fundadores de esta nación y no mantenerlos en el limbo (aunque a decir verdad, a estos Trump los habría dejado entrar porque eran blancos y venían de Europa), se trata de que como ayer se piense en el ser humano y no en una supremacía blanca.

La realidad pandemia nos asecha mientras el mundo que imaginamos, la América que imaginamos avanza, el coronavirus avanza arrancado vidas de negros, vidas de hispanos, vidas, simplemente vidas, la tuya, la mía.

Desde un comienzo los científicos nos lo advirtieron, mientras no exista una vacuna, remedios eficaces para combatirlo, hay una sola solución, protegerse y ello pasa por una decisión personal pero también por una decisión de las autoridades.

Desde el comienzo solamente algunos autócratas o irresponsables negaron la ciencia, fueron contra la ciencia y contra su población. Bolsonaro en Brasil, hoy segundo país con mayor número de infectados y muertos, Donald. J. Trump en los Estados Unidos el país que lidera en el número de infectados y muertos.

En la Casa Blanca, aislado, con una imagen deteriorada, con el viento en contra, Trump, aquel que si es incapaz de gobernar al menos debería callar y dar el ejemplo, opta por la imagen del hombre fuerte, el macho indestructible, y desafía la muerte, no la de él, la nuestra, somos nosotros quienes pondremos los muertos mientras el nuevo jinete del apocalipsis, la cara descubierta, cabalga desde la Casa Blanca a sus concentraciones exponiendo a sus seguidores.

La muerte hace campaña en los estadios cerrados.

En el intertanto, el mundo que soñamos, que comienza a hacerse realidad, golpea nuestras mentes y nos advierte, hay que cimentar cada paso, hay que elegir aquellos que puedan proteger lo avanzado, aquellos que proponen soluciones.

Trump, tras el nuevo fallo de la Corte Suprema adverso para él dijo, “esto prueba que necesitamos de más jueces conservadores.”

La decencia le responde, no señor presidente, necesitamos de rostros jóvenes, rostros de la esperanza, necesitamos una Cámara con voces progresistas, un Senado con voces progresistas, necesitamos renovar, transformar, necesitamos soluciones permanentes no bálsamos para calmar las heridas, necesitamos darnos las herramientas para que sea el futuro y no el pasado el que se abra.

Hoy observamos el día del fin del esclavismo, Juneteenth, honremos los afroamericanos muertos exigiendo el fin de la violencia policial, el respeto de la vida humana, exigiendo juicio y castigo para los culpables, exigiendo reparación para aquellas vidas condenadas al infierno en una América racista, observémoslo diciendo, Black Lives Matter, pero sobre todo honrémoslo haciendo realidad el nuevo mundo que soñamos: un mundo en que la decencia haga retroceder la desigualdad y los delirios de grandeza de un presidente.

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