Triste e Incómoda Situación

HAITIANOS ESPERAN REGULARIZAR SU ESTATUS MIGRATORIO EN REPÚBLICA DOMINICANA

 

La ejecución de medidas para controlar la emigración de haitianos a República Dominicana ha generado un conflicto que atenta no solamente al bienestar y ambiente positivo en la pequeña isla del Caribe, además conmociona la estructura de paz continental y el proceso de integración entre las hermanas naciones de toda Latinoamérica.

El asunto es complejo y las dos partes tienen sus elementos de juicio a considerar. Los conflictos entre países vecinos no son algo nuevo en la historia del continente. Los afectados de lado y lado pero también existen daños colaterales, para las otras comunidades que no quisieran pero que deben, por responsabilidad regional, tomar una posición.

El mundo hace tiempo dejó de tener fronteras cuando la tecnología y los cambios climáticos apuntan a la verdadera consolidación de una comunidad internacional muy comprometida con asuntos de derechos humanos, ecología, etc., etc.

No existe justificación para que en forma civilizada dos países que no solo son vecinos, sino además hermanos con una muy estrecha relación, de siglos, no se sienten a la mesa a discutir y sobretodo a negociar una salida satisfactoria para las dos partes. Genera la situación un malestar general en donde nadie gana. Los seres humanos, como las aves en el cielo y las especies en el mar tienden a movilizarse para subsistir, ese es el instinto de conservación para proteger la vida en el planeta, no podemos luchar contra la naturaleza del planeta y de las especies, incluyendo al llamado rey de la creación.

Por encima del odio y la violencia, el dialogo, la paz, los valores universales. Ese debe ser el ejemplo y el legado a nuestros hijos, un futuro de paz, que es la base del progreso.

Una participación solidaria de las demás naciones del continente para pedir un diálogo y una solución que no afecta la vida, que no afecte la paz. Las dos comunidades tienen importantes conexiones con el gobierno de Estados Unidos y ojalá esta nación junto a otras sepan llamar al diálogo pacifico a Haití y República Dominicana, como una esperanza y una oportunidad de demostrar el elevado espíritu de hermandad, solidaridad y justicia, ante Dios, que es el único dueño de la vida y del territorio.

Pensar a futuro siempre es saludable. Dentro de 20, 30 o 40 años, todo lo que se puede lograr con un futuro de paz.

Paz en la Isla, pero sobretodo paz en el corazón de cada haitiano y en el corazón de cada dominicano. Ojalá los verdaderos líderes tomen la iniciativa y así por ejemplo el papa Francisco apoye los diálogos para evitar tragedias e injusticias. Mientras tanto qué hace la comunidad, salir a protestar no es suficiente, dar declaraciones no es suficiente, opinar no es suficiente, sino trabajar para buscar la paz, porque lo que no se busca no se encuentra.

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