
Por Carlos Navedo
IMPACTO
Fucking Cold, escenografía, vestuario y actuación de Omayra Garriga Casiano, música original de Rody J. Huertas Ostolaza. De la autoría y dirección de Nivia Marrero Rolón.
Láyel, original de Joselo Arroyo, con Edna Lee Figueroa, codirección de Edna Lee Figueroa y Karina Casiano.
El Gran Final, diseño de luces, María Cristina Fusté. Con la actuación, autoría y dirección de Ricardo Santana Ortiz.

Nada mejor puede expresar la desolación, angustia y miedo de los espíritus de estos seres lacerados y acorralados, en la puesta que nos ofreció Teatro Círculo, con tres unipersonales de gran valía en su programa CALLBACKSERIES 2015.
La exposición de hechos presentados en tres diferentes circunstancias, lugares y temáticas, arrojan variados problemas vivenciales.

De gran acierto resultan las diferentes quejas y los estados anímicos de los protagonistas de Fucking Cold, Láyel y El Gran Final, todos llenos de desbordante pena e incertidumbre.
Estos seres, son presa de la situación que reina a su alrededor y del ambiente que les rodea.
En el primer cuadro, titulado Fucking Cold, se nos presenta de forma abstracta en este monólogo danzado y actuado magistralmente por Omayra Garriga Casiano, donde la temática e ingredientes principales son el problema de la adaptación de una joven mujer recién llegada a nuestra urbe y sus contratiempos y dificultades en esta nueva vida.

El siguiente trabajo es Láyel, presentado por Edna Lee Figueroa y resulta ser nuestro segundo encuentro con la labor de esta eficiente y laboriosa actriz puertorriqueña.
El pasado año le admiramos durante el transcurso del Festival Monologando Ando, y aunque fue de nuestro agrado, es esta ocasión nos pareció más vital y comprensible.
Edna Lee, es una actriz muy completa, y con esta nueva puesta de Láyel, se luce enormemente y se pasea el texto de principio a fin, mostrándonos los matices de una mujer tímida quien nos presenta su alma, soñando con un amor platónico.

En la vida de Láyel aparece algo o alguien inesperado que mediante la magia logra apoderarse de la protagonista y hasta de nosotros tornando la pieza de una simpática comedia a casi un ritual de terror.
Con una dirección más pulida y con mucho pero mucho más brío, Láyel logró su objetivo, que la asimiláramos de forma total y pensáramos que la habíamos visto por primera vez.
El Gran Final, como se titula el trabajo de Ricardo Santana Ortiz, es algo fuera de serie y extraordinario.

Muchos son los actores que incursionan interpretando papeles femeninos, pero no a todos le sale por ser de mucho riesgo para el intérprete, ya que a la hora de calzar los tacones, pecan de ser chabacanos y de mal gusto. No solo es vestir ropas de mujer, esto va mucho más allá de ser un travestido, es sentirlo e interpretarlo como es debido, con dignidad y trabajo actoral.
Este es el caso del señor Santana Ortiz, que se nos presenta en El Gran Final, como un superlativo actor, de muchos recursos e insospechadas cualidades.
Ricardo Santana Ortiz, dirigido por el mismo y autor del unipersonal, en ningún momento hace un “cliché” de su Cautiva Rexach, mariposa nocturna de las tropicales noches borinqueñas. Su trabajo, es minucioso y logra toda la veracidad y calidad necesarios en él.
En resumen, un espectáculo de valía en los predios de José Cheo Oliveras, donde lo acre se funde en un estoicismo conmovedor, que nos llenó de satisfacción con el trabajo de tres profesionales.



























