
Por Ximena Hidalgo-Ayala
IMPACTO
En las calles de la ciudad de Nueva York hay aproximadamente unos 20.000 vendedores ambulantes, entre ellos los que se dedican a la venta de alimentos. Son pequeños empresarios que luchan diariamente con una serie de dificultades, incluyendo los cambios de clima y las adversidades de una metrópoli que en la vorágine de su diaria rutina puede destruir muchos valores.
La gran mayoría de vendedores ambulantes corresponden a las llamadas minorías étnicas y especialmente aquellos dedicados a la venta de comida, le dan a a la ciudad un matiz muy especial al impregnar en ella la diversidad cultural a través de la cultura culinaria.
DESDE OAXACA
Particularmente los vendedores que han optado por vender sus alimentos tradicionales, que convierten una forma de vida en una forma de promover el acercamiento a su cultura de origen. Este es el caso de Xavier Cruz Olivera, oriundo de Oaxaca desde donde llegó a Nueva York en el 2001. Desde hace ocho años Xavier Cruz Olivera se ha dedicado a la venta de los populares antojitos mexicanos, particularmente de los exquisitos tamales, tortas, como se llama a los sandwiches mexicanos, arroz con leche y atole, una bebida caliente, preparada con leche, canela y en base a harina de maíz.

BOCADILLO LATINO
Cabe señalar que en el caso particular del tamal, es un bocadillo popular en la mayoría de países latinoamericanos, con variedades propias de cada lugar, pero básicamente es un plato preparado al vapor, en base a la harina de maíz envuelta en una hoja. En México se los prepara en una serie de variedades, sabores, colores con rellenos de sal y de dulce. En otros países los tamales se preparan en base a hojas de plátano u otro tipo de hojas, existen muchas variedades de tamales latinos, pero los mexicanos se destacan por sus creativas combinaciones como el de chile verde con queso, uno de los favoritos.
RED DE CLIENTES
Xavier Cruz Olivera vive en El Bronx y con o sin nieve, lluvia, frío o calor, todos los días se moviliza en el tren para hacer entrega de sus delicias a una serie de clientes por toda la ciudad, así lo conocimos, realizando una entrega de tamales y tortas en el Upper West Side. Ha establecido una red de clientes y realiza sus entregas bajo pedido, especialmente en las construcciones, en donde los trabajadores, en su mayoría latinos, esperan su llegada para servirse un “lunch” o almuerzo con los sabores tradicionales de sus propias culturas.
BATALLA GANADA
Según nos cuenta Don Xavier, lo importante es llegar antes de la hora del almuerzo. Se siente muy orgulloso de vender una comida suya, preparada en su casa en la forma tradicional y nos cuenta que poco a poco la gente se va dando cuenta que “nuestra comida” es más saludable que la que venden las grandes cadenas comerciales, y nos cuenta que su propio hijo era prácticamente un adicto a las hamburguesas y otras cosas de las cadenas comerciales y nos dice: “para mi hijo todo era Mc Donald’s, para el desayuno, para el almuerzo, tarde y noche, hasta que se puso a investigar en el internet y ahora ya no come eso”. Nos especifica que la investigación cibernética de su hijo lo llevo a informarse sobre las carnes de las hamburguesas y el largo tiempo que estas llevan congeladas antes de ser consumidas. Con su hijo, nacido aquí, la batalla en cuanto a la comida está ganada.
DISCRIMINACIÓN
Don Xavier trabaja en condiciones muy duras, movilizándose en el transporte público y fuimos testigos de la actitud un tanto despectiva y discriminatoria por parte de algunos usuarios del tren que le indicaron que se debe bajar con su carrito porque estorba. Bueno, en el tren de Nueva York se movilizan tantos personajes con tantos objetos raros que realmente nos pareció un acto discriminatorio porque Xavier no puede camuflar u ocultar sus rasgos físicos como tampoco su falta de un inglés perfecto y sin acento.
En Xavier reconocemos la historia cada vez más frecuente de latinoamericanos que no solo buscan una oportunidad para subsistir honradamente, pero que al hacerlo promueven una forma de alimentarse menos artificial y ante todo promueven el mantenimiento de las costumbres gastronómicas de nuestros países, toreando en las calles de Nueva York.


























