Todos irlandeses... por un día

El sentimiento patrio es caprichoso y tiende a manifestarse más cuando se está lejos de la tierra natal. Así lo evidencia cada año el día de San Patricio, efemérides que se vive con más fervor fuera de Irlanda, y en la que Estados Unidos se vuelve verde por un día.

 

Por Cristina García Casado

 

 

Tan sólo hace diez años que la nación del trébol comenzó a esforzarse en poner sus fastos a la altura de los espectaculares festejos que la comunidad irlandesa residente en otros países organiza desde hace varios siglos.

 

Sin embargo, el desfile de Nueva York continúa imbatible como la cabalgata más grande en honor al patrón irlandés desde su primera celebración el 17 de marzo de 1762.

 

"Cuando vivía en Irlanda, San Patrick era un día festivo más; pero desde que estoy en EE.UU. tengo más morriña y siento más orgullo de mi patria, sobre todo en este día del año en el que todo el mundo quiere ser irlandés", explicó Emma Whelan, que dejó su país natal hace varios años para trabajar en Washington.

 

VERDE, COLOR OFICIAL

 

La fiesta irlandesa gana cada año más adeptos, que no dudan en rastrear el armario en busca de las más llamativas prendas verdes, el color oficial de la jornada.

 

Una vez se dispone del imprescindible uniforme, la siguiente misión de todo buen fiel a San Patricio, aunque por sus venas no corra ni una gota de sangre irlandesa, es hacerse con las deseadas pintas de cerveza, que ese día baten récords de venta en ciudades de todo el mundo.

 

Los más canónicos acuden en bandadas a los "pubs" irlandeses, que hacen su agosto en pleno mes de marzo con una clientela que, independientemente de su origen, quiere entregarse por un día a la alegría de vivir de Irlanda.

 

Un desenfreno que conoce bien Creg Whelan, irlandés y dueño de dos "pubs" en Washington, que cada 17 de marzo ve cómo la ciudad se tiñe de verde y en sus negocios no cabe ni un alfiler.

 

Y todo ello a pesar de que, de los cuarenta  millones de estadounidenses con ascendencia irlandesa, son pocos los que residen en la capital en comparación con las grandes comunidades que hay en otras ciudades de la costa este, como Nueva York o Boston.

 

Esto es así porque la magia del día de San Patricio hace que los irlandeses se sientan más orgullosos de serlo y que los que no lo son, ni por parte de los antepasados más lejanos, deseen convertirse en uno de ellos, aunque sea sólo por un día.

 

 

 

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