Tiempos de violencia

Gracias a la tecnología la sociedad mundial está mejor informada sobre todo lo que sucede en las diferentes regiones del planeta. Particularmente en ciudades como Nueva York, que históricamente ha sido blanco de atentados terroristas, el complejo sistema de cámaras de seguridad es parte del diario vivir. A través de las imágenes que captan las cámaras tanto a nivel privado, en negocios, residencias y en todas las calles y lugares públicos, se han podido identificar a malhechores, violadores, asesinos, asaltantes, pero además a innumerables adolescentes que se atacan mutuamente.

No solo eso, la búsqueda de protagonismo los lleva a filmar confrontaciones y subirlas al Internet. Las gangas no son propiedad exclusiva de los llamados países tercermundistas, en donde la pobreza y falta de oportunidades genera olas de delincuencia y violencia. Las autoridades han desmantelado gangas en motocicleta, para quienes este "estilo de vida" confiesan, es una verdadera religión. El asesinato a sangre fría de un inmigrante mexicano en la concurrida zona de la calle Roosevelt en Queens. El atraco a un adolescente a quien le sacaron del tren para asaltarle y robarle sus pertenencias. Los golpes que grupos de adolescentes propinan a indefensos transeúntes en lo que han instaurado como un juego. La violencia verbal, pero ante todo la violencia en la que crecen niños y adolescentes que la ven como algo natural, es uno de los más graves problemas de la sociedad hoy en día.

Que el mundo observe los desalmados asesinatos de periodistas y rehenes por parte de grupos extremistas, prácticamente en vivo, es algo aterrador, increíble. Pero que no hagamos nada para parar la violencia del mundo y peor aún que la promovamos, es algo imperdonable.

Los canales de televisión cada vez más le dan espacio a las luchas libres y los programas de box, negocios millonarios en los cuales se inculca que la agresión física entre dos seres humanos es buena, es deporte. El deporte promueve la vida, la salud física, mental, emocional. ¿Cómo puede ser deporte que dos seres humanos se golpeen, destruyan los tejidos de sus rostros, conmocionen su cerebro, golpeen sus músculos y órganos internos? La violencia que promueven poderosos grupos económicos, que lucran con la bestialidad ajena, se extiende además a las peleas de animales, peleas de gallos, de perros, entre especies y la explotación de las mascotas en general. Se ha perdido el respeto a la obra de Dios, comenzando con el propio ser humano. Coyotes, osos que están apareciendo en zonas urbanas en todo el planeta, porque el ser humano a invadido y destruido su hábitat para luego perseguirlos y aniquilarlos.

La codicia humana parece no tener límites. El cine no se queda atrás y se mantiene produciendo películas de ficción que crea en niños y jóvenes una visión distorsionada de la realidad. Seudo-héroes que compiten en autos. Hombres y mujeres que desarropan músculos solo para pelear, atacar y obtener la "victoria". ¿Cuáles son los valores que trasmitimos a nuestros niños y adolescentes? No son suficientes los muertos en las arenas de lucha libre, los actores que han muerto en carreras de autos, por cierto, ilegalmente realizadas en las calles de ciudades, en donde ponen en juego la vida del resto de la comunidad.

Los medios de comunicación son directamente responsables de la violencia, pero al final, quien tiene el control remoto en la mano, es más responsable aún. La agitación del mundo provoca niveles de estrés en las personas y eso se refleja en el diario vivir, en las calles, transporte público, en los lugares de reunión, en donde es difícil encontrar personas alegres, amables, cordiales. Los valores de la buena urbanidad se están disolviendo y para rescatarlos no son suficientes los carteles en lugares públicos, sino un mayor compromiso de los padres y maestros para inculcar desde la infancia el amor al planeta y a sus habitantes

Que la visita de un hombre de paz, un mensajero de hermandad como es el Papa Francisco, nos motive a reflexionar sobre la importancia de promover los valores y fundamentalmente la paz, a nivel personal, familiar, en el trabajo, en las calles y por ende en el mundo.

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