Tiempo de reflexión

EDITORIAL

Los latinoamericanos de Nueva York se unen a la comunidad católica de todo el planeta para recordar y celebrar el nacimiento de Jesús.

La Navidad es una ocasión de profunda reflexión, de agradecimiento y sobretodo de esperanza. Un festejo que se presenta como una oportunidad para rescatar, mantener y difundir las raíces culturales de cada país, expresadas en su música, tradiciones y gastronomía.

A nivel musical la hermandad y los importantes vínculos geográficos e históricos demuestran que la latinidad es una realidad. Varias canciones latinoamericanas navideñas, han sido tan popularizadas y asumidas como propias rompiendo los limites de los países y son cantadas como propias, sin reconocerse el origen nacional de su autor, para ejemplo el famoso Burrito Sabanero, de autor venezolano, que se canta en Colombia, Ecuador o México y se siente como propio.

Casos como el de la novena de aguinaldos, escrita por un fraile quiteño quien fue trasladado a un convento de Colombia, en la cual además se cantan villancicos como Dulce Jesús Mío, de origen ecuatoriano, que los colombianos asumen como propios, son una muestra de la unidad de identidad latinoamericana, rica por su diversidad y variedad, pero unificada por estrechos e innegables vínculos.

En gastronomía sucede lo mismo. Algunos países, sobretodos los que padecen de nacionalismos excluyentes y enfermizos, impuestos como una reacción de defensa ante lo que se suele denominar como colonialismo y que ahora se asimila más saludablemente como globalización, tienden a pensar que los platos que se comen tanto en las celebraciones navideñas como en otras ocasiones o durante el resto del año, son exclusivos suyas.

La cocina como manifestación cultural, al igual que la música, viaja y trasciende fronteras, sin embargo es posible identificar productos comunes, cuyo origen genético se pierde en el tiempo y que en algunos casos ha sido posible determinar gracias al avance de la ciencia y las pruebas de laboratorio, a pesar de lo cual no se pueden borrar su presencia en diversas zonas y regiones, lo cual demuestra una vez más, el sentido de unidad geográfica y las fuertes relaciones comerciales que existen en América, como continente, desde tiempos inmemoriales.

Mucha es la arrogancia al pensar que solo en la actualidad los seres humanos, gracias a invenciones como el avión o el Internet, pueden viajar y movilizarse o estar presentes en otros lugares y compartir sus conocimientos. Los nexos comerciales entre las poblaciones originarias del continente son muchos y así lo comprueban y demuestran las investigaciones arqueológicas.

El mestizaje, comprendido como una mezcla cultural y racial, no se dio en América únicamente entre grupos de diferentes continentes, también ha ocurrido y continúa dándose en la actualidad, más en una ciudad como Nueva York, en donde conviven todas las nacionalidades del planeta. Igualmente los visitantes o inmigrantes a los diferentes países, han llevado consigo sus costumbres y recetas, han llevado sus semillas, sus productos, su riqueza cultural.

Desde los viajes de las principales civilizaciones prehispánicas en exploración y expansión a diferentes puntos del continente, particularmente hacia la cuna de su principal divinidad, el Sol, en la linea ecuatorial, en donde intercambiaban sus productos, que tenían función de mercancías-moneda, hasta las más recientes oleadas migratorias motivadas por la situación económica, social, de violencia o corrupción interna de los países, los viajeros e inmigrantes han sido un factor clave de la expansión cultural.

Lo interesante y positivo de esta Navidad, es comprender los elementos que unifican a los latinoamericanos. Por un lado y primeramente, los  elementos aborígenes, originales del continente, fundamentalmente en cuanto a productos y alimentos, que han librado de la muerte a naciones enteras, como el caso de la papa y el maíz, como el tomate y la calabaza, que mayoritariamente se desconoce son originales de América y que son parte del inmenso aporte de los nativos del continente al planeta, son elementos que hermanan a los latinoamericanos.

Por otro lado los elementos de origen europeo, muchos de ellos de muy vieja tradición asiática, árabe, africana, que pasando por Europa llegaron al Nuevo Continente con la invasión de 1492 y se mezclaron para dar una nueva y vigorosa cultura multicolor, de la cual somos resultado y debemos ser embajadores.

Que en esta Navidad los latinoamericanos sepamos reconocer lo que nos une en forma positiva, aquellos elementos que nos hermanan, que nos permiten reconocer que somos una grande, diversa y fuerte comunidad.

Que esta Navidad permita a los empleados gubernamentales latinoamericanos comprender la importancia y necesidad de mejores convenios comerciales con Estados Unidos, para que nuestras comunidades puedan acceder a sus productos y preparar sus recetas y promover su cultura.

Que reflexionemos sobre las diferencias de las dietas, entre la ofrecida por una sociedad industrializada, en la cual el maltrato a los animales, el uso de pesticidas, preservantes y productos químicos está matando a millones y el contraste con la forma natural, orgánica y más respetuosa de la tierra y las especies de los países de origen, que nos permite valorar nuestras raíces, nuestras dietas nacionales, rescatarlas con más vigor y promoverlas más en Estados Unidos, particularmente la dieta aborigen, más pura y saludable.

La reflexion sobre la importancia de promover un mejoramiento de la dieta como medida preventiva para reducir los elevados niveles de obesidad, diabetes y muerte entre latinos, por el consumo de frituras y carnes animales, pero además como un compromiso de fé para promover la misericordia y reducir la violencia en el mundo.

Que esta Navidad nos permita rebasar las diferencias y descubrir las raíces, intereses y retos que enfrentamos todos los latinos. Feliz Navidad!

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