Semana Santa en Jerusalén, la esencia de Jesús

Varios peregrinos cristianos tocan la Piedra de la UnciÛn a la entrada de la Iglesia del Santo Sepulcro, el lugar de la crucifixiÛn, entierro y resurrecciÛn de Cristo, durante la Semana Santa en JerusalÈn.
Varios peregrinos cristianos tocan la Piedra de la Unción a la entrada de la Iglesia del Santo Sepulcro, el lugar de la crucifixión, entierro y resurrección de Cristo, durante la Semana Santa en Jerusalén.

 

Por Elías L. Benarroch.

 

Lejos de la solemnidad de las procesiones españolas o del dramatismo de algunas latinoamericanas, la Semana Santa asume un papel mucho más humilde en la tierra en la que nació el cristianismo, implantando en el corazón de todo peregrino una esencia más genuina del mensaje de la Resurrección.

Miles son los peregrinos que se dan cita cada año en Jerusalén para volver sobre los pasos de Jesús en el Monte de los Olivos, el valle del Cedrón y la ciudad vieja, en busca de una espiritualidad que emana de cada uno de sus lugares sagrados, de cada una de sus piedras y rocas.

Y ello a pesar de que las procesiones no tienen la vistosidad ni la pompa a la que algunos están acostumbrados en Latinoamérica o en España, por ejemplo, países en los que la Semana Santa se ha convertido en auténtico patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

"Las manifestaciones de la fe en Tierra Santa, sobre todo las externas, son muy sencillas", declara a Efe el padre Juan María Solana, agregado cultural de la Santa Sede en Tierra Santa, para quien "esto ha ayudado a que se mantengan muy pegadas a lo esencial, a lo pobre, a lo original".

 

Peregrinos catÛlicos cargan con la cruz durante un a procesiÛn de Viernes Santo en la VÌa Dolorosa dentro de la Ciudad Vieja de JerusalÈn, Israel.
Peregrinos católicos cargan con la cruz durante un a procesión de Viernes Santo en la Vía Dolorosa dentro de la Ciudad Vieja de Jerusalén, Israel.

 

ASÍ FUE EL CAMINAR DE JESÚS.

La explicación radica en que, hace ya siglos, el cristianismo dejó de ser confesión mayoritaria en Tierra Santa, por lo que las costumbres y tradiciones que se forjaron desde la Edad Media se vieron afectadas por las limitaciones de los distintos gobernantes musulmanes, mamelucos u otomanos.

Solana extrae de esa austeridad el mensaje a su juicio más genuino de Semana Santa, y es el que "Santa Teresa solía repetir: 'La Humildad es la verdad".

"Cuando vienen peregrinos y hacen la Vía Dolorosa, se escandalizan frecuentemente por la pobreza del lugar, por los vendedores, por la basura... Yo les suelo repetir siempre lo mismo: quien quiera seguir las huellas de Jesús en su camino hacia el Calvario, tiene que aceptar esa humildad y esa pobreza, porque así fue la Vía Dolorosa de Jesús", asegura.

Con sus catorce estaciones, la consagrada vía serpentea entre las estrechas y pedregosas calles de lo que hoy es el mercado árabe de la ciudad vieja, entre sus aromas y coloridos puestos, casi buscando los momentos que los Evangelios describen en sus p·ginas o que se han incorporado a las tradiciones siglo tras siglo.

"A mí me ayuda mucho contemplar esas circunstancias y pensar que, precisamente así fue el caminar de Jesús. Creo que, aunque nos cueste un poco, este modo de celebrar aquÌ en Jerusalén nos ayuda a profundizar en el misterio y en la humildad de Jesús", subraya el religioso mexicano.

El actual itinerario de la Vía Dolorosa, epicentro de la Semana Santa aunque no sea el único lugar frecuentado por los peregrinos, parte desde donde se hallaba la fortaleza Antonia, cerca de la puerta de San Estaban y el lugar en el que el gobernador romano Poncio Pilatos juzgó a Jesús ante las multitudes que exigían su muerte.

Y termina en la basílica del Santo Sepulcro, el santuario cristiano más importante del mundo y donde se hallan las cinco últimas estaciones.

Sus catorce paradas son un modo piadoso de recordar la pasión, reconstruyendo el camino de Jesús y su sufrimiento, así como los protagonistas de la pasión. "No todas ellas est·n mencionadas en los Evangelios", advierte Solana, que remonta muchas de las tradiciones hasta el Medievo.

Y es que, si la vecina Belén es el epicentro de las conmemoraciones de la Navidad, Jerusalén monopoliza el espíritu del cristianismo durante Semana Santa.

La Iglesia de Betfagé (en el Monte de los Olivos), donde la tradición sitúa el lugar en que Jesús subió al burro; el Dominus Flevit, desde donde divisó Jerusalén y lloró por el destino de la ciudad; el huerto de Getsemané, donde fue apresado; el valle del Cedrón, que cruzó en su triunfal entrada a la ciudad; el Cenáculo, lugar de la última cena; todos ellos son algunas de las etapas que cualquier devoto debe recorrer si quiere sentir el pasado.

 

Peregrinos catÛlicos cargan con la cruz durante un a procesiÛn de Viernes Santo en la VÌa Dolorosa dentro de la Ciudad Vieja de JerusalÈn, Israel.
Peregrinos católicos cargan con la cruz durante un a procesión de Viernes Santo en la Vía Dolorosa dentro de la Ciudad Vieja de Jerusalén, Israel.

 

EL INICIO, EN EL MONTE DE LOS OLIVOS.

Por la variedad de corrientes que tienen sede en la ciudad, la Semana Santa jerosolimitana es un reflejo de la diversidad en el mundo cristiano y en ocasiones hasta celebran la Pascua en distintas fechas por las diferencias entre los calendarios Gregoriano y Juliano.

Para el peregrino m·s devoto, la Semana Santa en Jerusalén se inicia en el Monte de los Olivos con una colorida procesión de Domingo de Ramos que recrea la entrada triunfal de Jesús en la ciudad.

Una caminata de apenas dos kilómetros de empinadas subidas y bajadas que transcurre entre las alegres melodías y canciones de los grupos de feligreses, que animan con sus instrumentos y palmas las m·s ceremoniosas oraciones de los religiosos franciscanos a la cabeza.

Mucho más solemne y sobrio es el Jueves Santo, con la ceremonia de Lavatorio de Pies a doce notables de la comunidad palestina local por parte del patriarca latino y la oración de la última Cena en el Cenáculo, símbolo del amor fraterno que debe regir la vida de todo cristiano y en la que se instauraron la eucaristía y el orden sacerdotal.

Ubicado en el Monte Sin de Jerusalén, encima del lugar donde la tradición sitúa la tumba del bíblico rey David, linaje del mesías en la tradición judeo-cristiana, el Cenáculo se abre para la oración dos veces al año, aunque el resto está abierto al turismo.

Esa noche, las actividades religiosas se trasladarán al huerto de Getsemané y la Basílica de la Agonía, donde se recrea la "Pasión de Jesús" y su fatídico apresamiento.

Ante la roca de la Agonía se proclamarán en distintos idiomas los textos evangélicos que señalan el lugar en el que Jesús, poco antes de su arresto, se entrega a la voluntad del Padre y a su sufrido destino, y en recuerdo del sudor de sangre que aquella noche cayó sobre las rocas del huerto, ahora se esparcen pétalos.

 

ClÈrigos catÛlicos participan en una procesiÛn en el interior de la Iglesia del Santo Sepulcro con motivo del Jueves Santo, en la Ciudad Vieja de JerusalÈn
Clérigos católicos participan en una procesión en el interior de la Iglesia del Santo Sepulcro con motivo del Jueves Santo, en la Ciudad Vieja de Jerusalén

 

CRUCE ENTRE CRISTIANOS Y MAHOMETANOS.

Son el preámbulo a los dramáticos eventos de un Viernes Santo que, en Jerusalén, adquieren, si cabe, un mayor simbolismo y espiritualidad, aunque sólo sea porque los peregrinos retoman el que consideran el itinerario de Jesús hacia la cruz.

El término "Vía Dolorosa" -dice el padre Solana- tiene dos sentidos: uno es una calle de la ciudad antigua de Jerusalén donde los cristianos -al menos desde el tiempo de los Cruzados- han recordado piadosamente el camino que siguió Jesús hasta el Calvario.

"El otro coincide más con el término 'Vía Crucis', y describe el camino espiritual y moral de Jesús en su pasión. Coinciden en la materialidad, pero el segundo sentido resalta más la persona y la experiencia de Jesús", subraya.

Con la excepción de los detalles del juicio y de la crucifixión, los Evangelios no abundan demasiado sobre el trayecto mismo y, ni mucho menos, sobre la ubicación exacta de los lugares y episodios que actualmente son conmemorados en cada estación.

El recorrido actual data del siglo XVIII y fue definido, más o menos, sobre el de otros anteriores que conmemoraban las mismas estaciones y recuperaban figurativamente la arteria este-oeste que cruzaba la antigua ciudad romana en su sector norte.

La ceremonia la suele encabezar el patriarca latino de Jerusalén, o en su ausencia, como este 2017, el administrador apostólico, el italiano Pierbattista Pizzaballa.

Detrás, miles de personas seguirán sus pasos por las empedradas callejuelas, de forma individual o en grupos, cargando una gran cruz de madera de olivo bajo la que se van alternando palestinos cristianos y peregrinos.

Por la hora a la que se celebra, los cánticos litúrgicos del itinerario y los rezos de cada estación -cada uno en su propio idioma- se entremezclan en Jerusalén con las llamadas del muecín convocando a los musulmanes a la mezquita en su día santo semanal.

La Policía israelí, que controla esa parte ocupada de la ciudad, se encarga de abrir y cerrar las barreras en las vías en las que confluyen los creyentes de las dos confesiones, los unos camino del Santo Sepulcro, los otros de la mezquita de Al Aqsa.

Y también el paso de los judíos que, con motivo del Pésaj (Pascua), se dirigirán al Muro de las Lamentaciones, todo dentro de una ciudad amurallada de menos de un kilómetro cuadrado.

Los actos y ceremonias son retomados al día siguiente con la bendición del fuego y del agua en el Santo Sepulcro, más vistosa en en ritual ortodoxo que en el católico y antesala de una Pascua que adquiere su máximo esplendor con el prolongado repicar de campanas que anuncian al mundo la Resurrección.

"El conocimiento de la Semana Santa entre los creyentes varía mucho de nación a nación y de persona a persona. No cabe duda que la tradición hispana ha acentuado mucho el sacrificio de Cristo, su dolor, su pasión. Y de ello brota la gratitud y la alegría de la Resurrección", sentencia Solana sobre el mensaje central de la Pascua, que ejemplifica con la ilustrativa parábola de Jesús sobre el dolor de la mujer que finalmente da a luz un hijo.

 

di 5.- El Patriarca griego ortodoxo TeÛfilos III de JerusalÈn lava unos pies con motivo de la ceremonia pascual del Jueves Santo celebrada en el Santo Sepulcro de la antigua ciudad de JerusalÈn (Israel).
El Patriarca griego ortodoxo Teófilos III de Jerusalén lava unos pies con motivo de la ceremonia pascual del Jueves Santo celebrada en el Santo Sepulcro de la antigua ciudad de Jerusalén (Israel).

 

CatÛlicos cargan con cruces de madera al comenzar la procesiÛn por la Via Crucis en JerusalÈn (Israel) durante las celebraciones del Viernes Santo .
Católicos cargan con cruces de madera al comenzar la procesión por la Via Crucis en Jerusalén (Israel) durante las celebraciones del Viernes Santo .

 

Cristianos etÌopes visitan la Iglesia del Santo Sepulcro, durante las celebraciones del Jueves Santo en JerusalÈn (Israel) .
Cristianos etíopes visitan la Iglesia del Santo Sepulcro, durante las celebraciones del Jueves Santo en Jerusalén (Israel) .

 

Creyentes catÛlicos suben al Calvario (izda) donde se cree que Cristo fue crucificado en la Iglesia de la Sagrada Sepultura en JerusalÈn (Israel) durante las celebraciones del Viernes Santo.
Creyentes católicos suben al Calvario (izda) donde se cree que Cristo fue crucificado en la Iglesia de la Sagrada Sepultura en Jerusalén (Israel) durante las celebraciones del Viernes Santo.

 

ClÈrigos catÛlicos participan en una procesiÛn de Viernes Santo por la VÌa Dolorosa dentro de la Ciudad Vieja de JerusalÈn, Israel.
Clérigos católicos participan en una procesión de Viernes Santo por la Vía Dolorosa dentro de la Ciudad Vieja de Jerusalén, Israel.

 

Unas mujeres cristianas ortodoxas colocan sus cabezas sobre una piedra de m·rmol en el interior del la iglesia del Santo Sepulcro en JerusalÈn, Israel, epicentro de las celebraciones de Semana Santa.
Unas mujeres cristianas ortodoxas colocan sus cabezas sobre una piedra de mármol en el interior del la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, Israel, epicentro de las celebraciones de Semana Santa.

 

Un peregrino reza apoyado en la Piedra de la UnciÛn, a la entrada de la Iglesia del Santo Sepulcro, durante las celebraciones del Jueves Santo en JerusalÈn (Israel).
Un peregrino reza apoyado en la Piedra de la Unción, a la entrada de la Iglesia del Santo Sepulcro, durante las celebraciones del Jueves Santo en Jerusalén (Israel).

 

 

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