
El mercado se despierta, Wall Street se despierta, el mercado sube, se abren puestos de trabajo, los contagios se disparan, se cierran puestos de trabajo.
En medio de ese torbellino, y para aplacar los ánimos, llueven las ofertas de crédito fácil, de refinanciamiento de las hipotecas, de tarjetas de crédito, nuevas, o aumento de las viejas, pague después, no se preocupe, pague después.
Dieron $600 dólares de bono al mes a los desempleados, cientos de miles de desempleados, $600 hasta fines de julio, luego veremos. Algunos dicen, con esos $600 ganan más que antes y no van a querer regresar a sus trabajos.
Con esos $600 ganan más que antes, cuando deberían decir, con esos $600 los ayudamos a que no mueran de hambre, y ocultan cuánto ganábamos antes, ocultan que es una vergüenza tener salarios de miseria en el país más rico del mundo.
Nos ayudan, cierto, pero no a vivir el sueño americano, sino apenas a saborear el sueño americano, a entrar al mercado de ilusiones. Los $600 son un calmante para que no nos rebelemos, no nos sumemos a la calle en marcha, pero eso no lo dicen en el hemiciclo crisol de las leyes, eso no lo dicen en la Casa Blanca, es peligroso pensarlo, amigos.
Que lo entiendan en la Casa Blanca, que lo entiendan en la Cámara, que lo entiendan en el Senado, no queremos una ayuda para sobrevivir, se trata de la dignidad del ser humano, de nuestra dignidad, y los desempleados somos dignos.
Quizás deberíamos preguntarnos si la economía verdaderamente se está recuperando, o si solo se están protegiendo las ganancias del mundo corporativo y las estadísticas no nos ocultan la realidad.
Observemos los puestos de trabajo, los informes de creación de esos puestos son optimistas, llaman creación a lo que en verdad es simplemente reabrir ciertos puestos de trabajo, pero claro suena más propagandístico, más humano, decir creación, hablar de nuevos puestos y gritar ¡victoria! Despido y vuelvo a contratar se llama el nuevo juego de salón, no es solamente el tradicional compro y vendo.
Diariamente el número de contagios se dispara, 50.000 al día, la pandemia está fuera de control, comienzan a cerrarse los comercios tempranamente abiertos, los puestos recién reabiertos comienzan a cerrarse nuevamente, ¿se trataba de recuperación?, se preguntan los mercados, comparando el regreso con los puestos perdidos, observando cómo los puestos reabiertos comienzan a evaporarse nuevamente a medida que, por medidas de seguridad, otra vez se cierran las puertas de los negocios, 1.4 millones de trabajadores llenaron los formularios solicitando ayuda por desempleo la semana pasada.
Las matemáticas no mienten, algunos políticos sí. Según cifras oficiales del Departamento del Trabajo, perdimos 20 millones de puestos de trabajo debido a la pandemia, 4.8 millones de trabajadores regresaron al mercado del trabajo en el mes de junio, pero perdimos 1.4 millones de puestos la semana pasada, la cesantía tiene color, es del 15.4% en la población negra, del 14.5% en los hispanos, del 13.8% en los asiáticos, desigualdad estructural, la llaman. ¿Nos estamos recuperando? ¿En qué se basan los gritos de triunfo de las sirenas del mercado? ¡Fantástico!, exclama el presidente Trump. ¿Fantástico? ¿A quién pretende engañar?, o ¿se autoengaña?
Observemos el camino hacia la vacuna desde el punto de vista del mercado, no por lo que para ellos signifique cura, por lo que significa que el ejército de mano de obra podrá regresar a ocupar su lugar en la economía: producir riqueza, comprar bienes, pagar sus deudas, pagar sus tarjetas de crédito, sus arriendos, sus cuentas de luz y agua, sus remedios sin receta. Volverán a encorvar sus espaldas para llenar nuestras mesas, podrán abrir las puertas de los edificios, lavar la imagen de América.
Una vacuna, para unos, significa vida, derecho al ocio, a los parques, a los teatros, a los museos, en fin, a la vida social donde se discute de nada y de dinero, donde el mostrarse significa pertenecer, pero una vacuna, para otros significa supervivencia, derecho a trabajar, a los parques de juego de cemento y plástico, a la vida social en las tardes de ocio en las veredas de Brooklyn, de Queens, del Bronx mientras una estridente música invade los departamentos.
Y ambos grupos necesitamos la vacuna, mientras tanto nos infectamos a un ritmo de 50.000 por día, y mientras esperamos que la economía funcione para nosotros, nos seguirán prestando, continuarán hipotecando nuestras vidas, préstamos hoy que en realidad significan pesadillas para mañana. Mientras tanto, precedido por fuegos artificiales, se acerca el 4 de julio y, cada uno en su lugar, celebrará el sueño americano.
Porque quiéranlo o no, somos parte de ese sueño, salvo que soñamos diferente y como un cierto 4 de julio de 1776 llegará también nuestra independencia, hacia allá marchamos, por lo que nuestras vidas también cuentan y hoy estamos escribiendo en las calles nuestra declaración de independencia.



























