Restaurantes de Nueva York al borde de un colapso

EDITORIAL

Finalizó el 2020, un año que quedará marcado en la memoria de todos los neoyorquinos, quizás los historiadores, desde ya, están preparando sus memorias para dejar plasmadas las experiencias vividas que provocó la pandemia global del COVID- 19.

En la ciudad de Nueva York las comunidades se volvieron hacia adentro, y los restaurantes dejaron de recibir comensales, lo que llevó a sus propietarios, crear nuevas oportunidades, evolucionar la estrategia de atención al cliente y mantenerse en un modo de supervivencia económica.

Las necesidades y los cambios drásticos son evidentes, basta con pasearse por las calles de la ciudad, dirigir la mirada hacia los restaurantes, cafeterías o bares que antes de la pandemia permanecían llenos y ahora se encuentran completamente vacíos, debido a las restricciones y regulaciones emitidas por la ciudad y el estado.

El 2020 fue un año de múltiples demandas y restricciones para la industria de los restaurantes, algunos sobreviven, otros no. Han sido meses realmente desalentadores.

Los clientes en las afueras de los negocios no encontrarán las particulares y llamativas ofertas, sino rótulos que dicen: “Cerrado”, “Solo para llevar”.

Es imposible que los propietarios de restaurantes se puedan mantener ante una crisis,
que más allá de pagar miles de dólares al banco, tienen dificultades para pagar el alquiler o el salario de sus empleados. Trabajar de manera expedita para financiar soluciones prácticas, les ayudaría a sobrevivir y adaptarse en este 2021.

Julia Gómez, originaria de Puebla, México, es propietaria de un restaurante de comida mexicana “El Rey”. Recuerda que nunca en su vida había estado tan pendiente de las noticias, ya sea por televisión redes sociales o periódicos digitales, desde que inicio la pandemia.

Gómez, al igual que varios propietarios de restaurantes en la ciudad de Nueva York,
han estado luchado “contra viento, marea y frio” para mantener las puertas abiertas de
su negocio, a medida que las visitas a los restaurantes han disminuido.

“Todos estamos sufriendo, estamos al borde de un colapso”, dijo Gómez a quien le ha tocado despedir más de la mitad de su personal. “Me encantaría que viniera el alcalde
para que se dé cuenta de nuestra situación”, agregó.

La situación de Julia Gómez es similar a la de miles de propietarios de restaurantes,
que, a pesar de estar pasando dificultades económicas, continúan recibiendo visitas de
funcionarios de la ciudad que llegan inspeccionar su negocio para que todo “esté en
regla”.

“Nosotros demandamos a la ciudad que se deberían crear comisiones para trabajar de
la mano con líderes comunitarios y prestamistas sin fines de lucro para eliminar los
costos de las renovaciones de licencias y permisos que exige la ciudad”, dijo Gómez.

Nos comenta que los empleados le llaman casi todos los días porque están “desesperados por regresar a trabajar”, pero es imposible poderlos contratar nuevamente si el restaurante no recibe clientes, ni ingresos.

Si se les brindará una ayuda de emergencia y préstamos a bajo costo, los propietarios de negocios podrían reinventarse para mantener a sus empleados.

A lo largo de este tiempo, han venido demandando a la alcaldía de más apoyo económico para poder mantenerse. Al despedir empleados, se pierden puestos de trabajo, se generan dificultades financieras y esto conlleva a una inseguridad alimentaria, e incluso, falta de vivienda.

Los propietarios de restaurantes ven un largo y arduo camino de recuperación. Esperan
poder recuperarse hasta el próximo verano, cuando la economía tome su curso, mientras las autoridades continúan trabajando en la administración de vacunas y la erradicación del virus.

“Lo que queremos es que nos dejen abrir, pero sino nos permiten eso, entonces que nos ayuden a cubrir varios meses de alquiler y servicios públicos para el negocio”, demanda Julia.

Los pequeños negocios, especialmente los restaurantes desde antes de la pandemia ya estaban sufriendo porque las rentas son muy altas, una de las estrategias que podría desarrollar el gobernador Cuomo y el alcalde de Blasio es, disminuir la renta o cancelarla mientras se sobrelleva la pandemia.

Esta crisis requiere de una comprensión más profunda para visualizar los problemas de la desigualdad, la pobreza y la enorme concentración de la riqueza entre unos pocos.

Para reconstruir la economía es importante ser determinantes y tener disponibilidad.
Las autoridades estatales, deberían poner fin a las exenciones fiscales para los neoyorquinos más ricos, que en esta pandemia aumentaron sus ganancias, mientras
los pequeños negocios se iban a la quiebra.

Con ese dinero de los impuestos a millonarios se crearía un paquete de alivio económico, que no solo ayudaría a la industria de los restaurantes, sino a miles de familias que a causa de la pandemia están pasando diferentes vicisitudes y necesidades.

En la ciudad de Nueva York, no existe un programa único que revierta el daño que esta pandemia ha infligido a los restaurantes. Pero las esperanzas están puestas en la nueva administración presidencial que prometió ayuda financiera y soluciones rápidas y audaces.

La industria de los restaurantes es conocida por los bajos salarios, la escasa movilidad laboral, la alta rotación y el agotamiento.

Con esta crisis un fondo de alivio directo a los propietarios de restaurantes y prestamos con 0 % de interés se convertiría en una medida paliativa para mantenerse, evitar un cierre y reabrir una vez que la crisis haya pasado.

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