¿Quién decidirá las elecciones?, ¿los chinos, los rusos, o nosotros?

elecciones en EE.UU.
Uno, que piensa que su voto no cambiará nada, olvidando que si sus padres hubieran pensado lo mismo no habrían abandonado su tierra para emprender ese largo camino que los trajo a América.

Ni los chinos, ni los rusos. Nosotros.
Decidiremos nosotros, si como el avestruz escondemos la cabeza en la arena y dejamos que otros decidan por nosotros; si nos dejamos llevar por la ceguera, por la irresponsabilidad, las mismas que acompañan a la peste en su camino de muerte, las mismas que permitieron la expulsión de cientos de miles de latinos sin papeles, que escuchan y permiten la violencia contra la mujer en el cuarto vecino, que aceleran el paso cuando la policía tiene acorralado a alguien y la violencia y la muerte rondan una detención.

Decidirá aquel, que, habiendo nacido aquí y siendo ciudadano, olvida el enorme sacrificio de sus padres, los riesgos que tomaron para darle esta oportunidad, que olvida –si siguen viviendo sin papeles– el temor en el que viven.

Aquel que llegó a estudiar, o que llegó con estudios, y que soberbio, menosprecia, ignora, a aquel que sin estudios lucha día a día en empleos de mala muerte o, peor aún, con vergüenza esconde a sus antepasados sin estudios.

Decidirá cada uno de entre los 31 millones 700 mil latinos, de acuerdo con el último censo, y no todos hemos sido contados, por lo que en realidad somos cerca de 59 millones (el 18% de la población de los Estados Unidos), uno, que olvidando al resto y su condición humana, uno, que pudiendo votar no se inscribe para hacerlo.

Uno, que al no inscribirse nos hace desaparecer, vivir en las sombras, no contar, uno que permite que se nos considere ciudadanos de segunda, tercera clase, o indeseables que en algún momento cruzamos la frontera.

Uno, que aunque inscrito para votar no lo hace negando el privilegio de tener voz a José, a María, a Pedro, esos cientos de miles, millones, que no tienen ese privilegio.

Uno, que piensa que su voto no cambiará nada, olvidando que si sus padres hubieran pensado lo mismo no habrían abandonado su tierra para emprender ese largo camino que los trajo a América.

Uno, que con su voto puede exigir se dé papeles a los 11 millones de indocumentados; todos conocemos o hemos escuchado de un amigo, un pariente, un conocido que se llevó la pandemia, y de ello se habla.

Todos hemos escuchado de un amigo, un familiar, un conocido, o hemos visto el temor en los ojos de un, una, sin papeles, pero de ello no hablamos, como si fuera una vergüenza, cuando es un gesto de heroísmo de padres buscando un mejor futuro para uno.

No son los rusos, no son los chinos, los iraníes o los iraquíes quienes definirán esta elección, no son ellos quienes con su voz definirán el futuro de nuestra gente en esta América nuestra, por lo que nosotros también somos parte de esta América, y de ese futuro.

Somos nosotros quienes decidiremos, los latinos que salimos a las calles, que levantamos cabeza, que nos inscribimos para votar, nuestro derecho, el único que por el momento no nos pueden negar, ese derecho que niegan a nuestros padres o abuelos, o a los que nacimos afuera y cruzamos la frontera en brazos de los sueños de una madre.

Somos nosotros, los latinos que sumamos nuestras voces al coro de voces que reclaman justicia igualitaria, seguro médico para todos, salarios dignos, vivienda.

Nosotros somos ese uno que definirá las elecciones, si perdemos el miedo, si recuperamos el orgullo de nuestros padres, si, uno a uno, por ellos, nos inscribimos para votar, si antes de votar exigimos se ponga fin al racismo institucional, a la violencia institucional, al menosprecio por aquel amigo, vecino, familiar que lava platos, corta pasto o trabaja arriesgando su vida en la construcción, si somos uno que dice basta, yo voto, mi voto me pertenece y tienen que ganarlo, yo cuento, soy uno, uno más que ayuda a poner fin a las injusticias del sistema.

Tú, latino decides. Eres uno o eres cero. Y si ya estás registrado recuerda que puedes ser uno más uno, por lo que esta batalla no se gana solo, que puedes preguntar a tu alrededor quién, pudiendo hacerlo, no se ha registrado, ayudar a aquel o aquella que no maneja la red, o que no puede salir, a hacerlo en línea.

El plazo para registrarse en Nueva York vence el 9 de octubre, tú decides eres solamente uno, o nos ayudas a que seamos 59 millones, y contando.

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