¿Qué nos espera?

Leemos, con esperanza, que hay protestas en Afganistán tras el regreso de los talibanes. Son un puñado, pero nos agarramos de ese puñado para negarnos a ver la tragedia que se avecina, para evadir nuestra responsabilidad, para ocultar nuestros errores, puesto que, al fin y al cabo: ¿qué estamos haciendo para defender a ese puñado?
Lloramos por las mujeres de Afganistán, doblemente acorraladas, sin tener acceso a salir del país y sin tener derecho a salir de sus casas sin el acompañamiento de su mahram: padre, hermano o marido. 
Triplemente atrapadas, atrapado su cuerpo bajo el burka, su cuerpo destinado a otorgar placer a su amo.
Cuatro veces atrapadas, sin poder estudiar, el conocimiento es pecado, puede ser fuente de malas ideas.
Lloramos y nos lamentamos, a veces levantamos la voz antes de esconder las manos y bajar la vista con vergüenza, puesto que, al fin y al cabo: ¿qué estamos haciendo para defender a esas mujeres?
¿Qué nos espera a los adalides de la democracia en las largas noches en que quedamos solos con nuestra conciencia?
¿Qué nos espera en nuestra lucha contra el Covid cuando, punta de lanza del progreso científico, tenemos los medios y las herramientas para detener su avance y, sin embargo, una minoría abre la puerta trasera para que la variante Delta haga estragos? 
¿Qué nos espera? cuando una minoría dentro de esa minoría se escuda en que se violan sus derechos, “sus derechos” en una sociedad en que el derecho de los otros se niega, una minoría que clama “se nos discrimina”, que se refugia en un pasado histórico para negar el presente, para sentirse, esta vez ellos, seres superiores dueños de su destino. 
Seres refugiados en las cavernas de las religiones, en la ignorancia, en la parte más oscura e irracional de los fanatismos, apelando al burka, la peluca o el velo para mostrar al mundo el poderío de sus ideas y la negación de la ciencia y los derechos del prójimo.
¿Qué les espera a nuestras hijas, a nuestros hijos cuando les entregamos una tierra devastada por la ambición, una tierra en llamas, un desierto donde había un vergel?
¿Qué nos espera a los dilapidadores en las largas noches en que quedamos solos con nuestra conciencia escuchando la marcha fúnebre de un grifo mal cerrado donde una gota sigue a otra gota perdiéndose en las alcantarillas mientras en algún lugar del mundo un niño muere de sed?
¿Qué nos espera, Abu, me preguntan mis nietas?, y busco, con temor, una respuesta.
* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.
 
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