Cuántas guerras no se han desencadenado por la ambición de un caudillo, por la mente enferma de un individuo que quiere hacer la historia, pasar a la historia, reconstruir la historia.
No es Rusia, es Putin, el caudillo que, al igual que otros en el pasado, se sueña construyendo un imperio, reconstruyendo el imperio venido a menos, que sueña con un mundo dividido en dos, y él la voz de una mitad, como en el pasado, que sueña con una nueva guerra fría, con nuevas fronteras, esta vez no la cortina de hierro, un muro intangible determinado por la ambición.
Nos enfrentamos a una posible tercera guerra mundial, el mundo es frágil, la paz más frágil de lo que pensábamos. Nos enfrentamos a una mente enferma de ambición, y no existe una receta para enfrentar a los caudillos, a los autócratas, a los dictadores. No es el bloqueo económico, al déspota no le importa el bienestar de su pueblo, o de los pueblos que somete, no es una respuesta armada, al contrario, le conviene, se ve héroe defendiendo el honor perdido de su patria.
Nos enfrentamos a la frontera ilimitada de la locura de un nuevo zar, del poder absoluto, del ya conocido “o conmigo, o contra mí”.
Una vez más por los caminos de la ignominia veremos las columnas de refugiados buscando una mano amiga, un techo; buscando ese cada día más escaso “derecho a vivir”.
No existe una receta, pero existe una solución y ella está en todos nosotros, todos, incluyendo atacantes y atacados, en una humanidad que diga no, no a la locura, no a la ambición, no a la muerte.
No se trata del petróleo y se trata del petróleo, no se trata del gas y se trata del gas, no se trata del trigo y se trata del trigo, no se trata de la explotación y se trata de la explotación, no se trata de sanciones económicas que terminarán en el sufrimiento de los pueblos, sanciones que el caudillo utiliza a su favor diciendo “ven, nos atacan, el mundo está en contra nuestra”.
Quizás la solución se encuentra en nosotros mismos si somos capaces de levantarnos y decir ¡nunca más! e impedir que se creen las condiciones para que surja el caudillo, el autócrata, el dictador. Y no es que la historia se repita, somos nosotros quienes no hemos tenido la entereza y la fuerza necesarias para cambiar y así cambiar el rumbo de la historia.
Basta de putines, basta de permitir que se creen las condiciones para que nuevos caudillos triunfen y en su enfermedad nos pongan ad portas de una nueva guerra.
No sé que medidas hay que tomar, sé lo que no podemos aceptar, mientras tanto la muerte surca los cielos de Ucrania, la muerte cae sobre las mujeres, los niños, los hombres de Ucrania, y en las sombras, en ambos lados, más de un comerciante de la muerte se frota las manos esperando las ganancias de la guerra.
* Escritor, poeta y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.
Discurso íntegro del anuncio de Putin de la operación militar en Ucrania


























