Extraños días, la vegetación te asalta, te acaricia, las miradas reverdecen, el silencio atronador de la selva se une al silencio atronador de las palabras.
Cruces, versos y vidas que se abrazan, se celan, se sonríen, primeros jugueteos de un nuevo amor, de un nuevo poema.
Pasos lerdos caminan por los senderos, presurosos pasos se abren paso en el sendero, unos y otros avanzan hacia un mismo mundo, el de un nuevo-viejo mundo reflejado en un poema.
Voces cascadas, voces rebeldes; la sumisión de unas y otros fue devorada por la poesía, por la música, por el interés de descubrir el alma de la, del, poeta.
No hay agradecimientos, se agradece la vida, la página que se abre, que se entrega, la figura de un ser que se aleja en el tiempo y el recuerdo, la página que acoge y abriga un deseo que nace, un cuerpo que reclama amor, un sexo que osa decir soy puro sexo, pura vida, un sexo que exige morir inundado de placer.
Fue un abanico de colores, abanico de palabras, tormenta que riega la semilla, palabras, esas que cobran su significado, esas que se defienden de las etiquetas; las acartonadas, esas desaparecieron en Costa Rica devoradas por las hormigas.
Las maletas se cierran, las páginas de nuevos libros se abren, los labios dejan deslizar nuevos versos en el silencio de la selva que nos invade.
Costa Rica, Chile, Argentina, México, Ecuador, Nicaragua, Colombia, Estados Unidos, Perú, España, escucharon el silencio atronador de la selva y unieron sus versos al silencio que perdura.
IV Festival Internacional de Poesía de Turrialba, Pura Vida, Pura Poesía, elíxir de la vida.
Gracias a todos, gracias a todas, gracias “Turrialba, Ruralmente Auténtica”.
* Escritor, poeta, dramaturgo y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.


























