Problema sin fin en la MTA

 Mendigo revisando la basura en un autobús de la linea 5 que recorre la Quinta Avenida.

Mendigo revisando la basura en un autobús de la linea 5 que recorre la Quinta Avenida.

 

Por Ximena Hidalgo-Ayala

IMPACTO

 

Finalmente las temperaturas han comenzado a ascender en los últimos días. Este invierno ha sido uno de los más fríos que ha vivido Nueva York. Aún quedan restos de la nieve manchada por la contaminación del aire y aún los desamparados habitan en el submundo del tren subterráneo, porque el frío se va pero comienzan las lluvias.

El problema de los desamparados es uno de los más trágicos en la llamada “Capital del Mundo’ y no se trata únicamente de su “apariencia”, a fin de cuentas estos mendigos son el espejo de la sociedad y expresan los contrastes de esta metrópoli. El problema de la mendigos es un asunto más serio, que implica el ineficiente manejo administrativo de los cuantiosos fondos asignados para remediar o palear esta situación, que no solo afecta la imagen de la ciudad, ante todo expone a propios y extraños a una serie de enfermedades infecciosas, por todas las bacterias que acarrean en sus cuerpos y en los bultos que arrastran consigo los desamparados.

Pero el asunto no queda ahí. Claro que es un problema que en la salida de la linea de Tren # 1 que da a la calle 32 con 8a Avenida, los mendigos prácticamente se hayan tomado toda el área desde la sección para esperar el tren, el stand de venta de tickets, todo el pasillo, gradas y área antes de salir a la calle, el cual lo han convertido en un verdadero hotel. Les resulta cómodo porque justamente en frenes se encuentra la Iglesia de San Francisco, en donde tienen alimentos, pero en donde no pueden utilizar los servicios sanitarios, por lo que se les hace más práctico utilizar la estación del tren para el efecto, con la consiguiente consecuencia de olores nauseabundos, producto de las bacterias que ahí se generan y reproducen sin fin.

Llega la primavera y los mendigos de Nueva York dejan sus refugios subterráneos para utilizar los autobuses, no solo como urinarios rodantes, además se han convertido en los últimos tiempos en lugares para escudriñar las fundas de basura en busca de algo provechoso. Son varios los casos en que los desamparados se suben a los autobuses con fundas llenas de desperdicios, las colocan en los asientos para iniciar la “clasificación”. Los choferes son en innumerables ocasiones cómplices de esta grave situación, ante la mirada atónita de los usuarios, no solo porque no les cobran el pasaje, sobretodo por permitir que suban con fundas llenas de basura y las coloquen en los asientos.

La Autoridad Metropolitan de Transporte (MTA) cada vez más ineficiente para trabajar en forma coordinada con el Departamento de Policía y con agencias de la ciudad específicamente creadas y diseñadas para absorber y digerir la mendicidad en forma positiva para la comunidad. Los padres y miembros de las familias deben estar conscientes del peligro tan grande que representa esta situación para la salud, porque la mayoría de autobuses tiene sus asientos forrados y aún cuando fueran de plástico, en la superficie quedan millones de microbios y bacterias, esperando por las inocentes e indefensas manos de los niños, personas de la tercera edad, madres embarazadas y todos quienes se sientan sin saber a lo que se exponen, se contaminen para luego desarrollar en raras enfermedades, alergias y complicaciones que van desde un simple resfriado hasta la adquisición de una bacteria a nivel cutáneo, intestinal o sanguíneo.

El transporte en Nueva York no es barato y siempre se lo ha considerado como un buen medio que moviliza a millones de personas diariamente, pero la forma dislocada de trabajar tanto de los empleados de la MTA como de las autoridades correspondientes, demuestra el deterioro no solo del sistema de transporte y servicios públicos, además demuestra el grado de descomposición de la sociedad, medido por la incapacidad y el quemeimportismo.

Este no es un asunto exclusivo de ciertos barrios, en donde comunidades no formadas políticamente, viven en medio de la basura ante la impasibilidad de los oficiales electos, a quienes poco parece importarles los servicios públicos, por las comodidades en las cuales ellos viven y que obtienen votos motivados por los deformados sentimientos de nacionalismo, antes que por verdaderos méritos de trabajo. La ciudad necesita urgentemente campañas de educación sobre la limpieza, como una forma de fomentar la buena salud y las buenas maneras.

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