Presupuesto 2013 y propuesta reeleccionaria de Obama

 

Karina Borodnikoff

El pasado lunes 13 de febrero el presidente de los Estados Unidos envió al Congreso los presupuestos correspondientes al 2013, a través de los cuales reclama más impuestos para los ricos y alienta a las inversiones para crear empleo.

El pasado lunes 13 de febrero el presidente de los Estados Unidos envió al Congreso los presupuestos correspondientes al 2013, a través de los cuales reclama más impuestos para los ricos y alienta a las inversiones para crear empleo.

La propuesta establece una tasa especial para las grandes fortunas, impuestos a los ingresos más elevados, generación de inversiones en infraestructuras y educación y el diseño de un plan a largo plazo para la reducción del déficit sin que esta acción perjudique o estanque la generación de empleo y el crecimiento económico.

Esta acción de la Administración Obama puede ser considerada casi simbólica ya que dichos presupuestos no tienen posibilidad alguna de ser aprobados, al igual que los del año anterior, frente a un Capitolio liderado por los republicanos quienes ya han advertido que serán “rechazados antes de su llegada”.

La presentación presupuestaria que elaboró la Casa Blanca para el ejercicio del 2013 no será siquiera evaluada por los representantes republicanos del Congreso, quienes padecen una memoria en vías de extinción a la hora de recordar cuál es su responsabilidad  primaria y elemental como funcionarios públicos. Las propuestas presentadas deben ser evaluadas en un marco de análisis en donde las decisiones finales tengan que ver con los beneficios y capacidad de crecimientos del conjunto de la población estadounidense y no dentro de parámetros especulativos que posicionen a la fuerza política opositora en condiciones ventajosas en las próximas elecciones.

En oposición a lo que Europa considera una buena opción, Washington no cree en la austeridad como camino viable en la recuperación sino que, por el contrario, cree que puede ser contraproducente. Es por ello que la propuesta demócrata apela a la autorización de gasto de 3,8 billones de dólares entre el 1 de octubre de 2012 y el 30 de septiembre de 2013. Un año en el que se proyecta una reducción deficitaria de 1,33 billones, lo implicaría pasar de 8,5 % al 5,5% del PBI.

Dentro de lo estipulado, se proponen reducciones de gastos en el presupuesto militar. Pero el foco está puesto en el aumento de los impuestos, ya que el Presidente propone eliminar las exenciones fiscales, que existen en la actualidad, para aquellos cuyos ingresos superen los 250 mil dólares anuales por familia.

Se propone aplicar una tasa especial que asegure el pago de al menos el 30 % de impuestos en aquellos contribuyentes que ganen por encima del millón de dólares anuales.

De esta manera, la Administración pretende recaudar un monto superior a 1,5 billones de dólares a los largo de los próximos 10 años.

“Hemos elaborado este presupuesto”, enfatizó Barack Obama, “en torno a la idea que siempre ha prevalecido en este país de que todo el mundo tiene que ser tratado de forma equitativa. Rechazamos el modelo económico basado en el concepto de que cada cual se apañe como pueda, una fórmula que solo ha conseguido ampliar el abismo que separa a los pobres de los ricos”.

Los daños causados por la profunda crisis económica que comenzó en el 2008 están aún muy frescos y siguen vulnerando a amplios sectores de la población. Sin embargo, Obama se muestra optimista frente a los resultados logrados en el intento el paliar el duro momento que se debió enfrentar. El reflejo de este aire de recuperación está plasmado en los 3,7 millones de puestos de trabajo que se han creado en los últimos tres años.

“Lo último que podemos hacer ahora es regresar a las políticas que nos metieron en esta crisis”, manifestó el Presidente.

Los dirigentes republicanos, fieles a su estilo combativo de todo lo que venga de sus rivales políticos, se oponen a ciegas a la propuesta presentada, a toda política elevada por la administración oficialista. “El presupuesto de Obama es un insulto a los contribuyentes norteamericanos”, declaró el principal candidato presidencial de la derecha, Mitt Romney.

Los dolores de cabeza se centran en la depresión del mercado de la vivienda, el alto índice de desempleo y la degradación de las cuentas públicas. Los puntos más vulnerables de la administración de Barack Obama son los mismos que para los ciudadanos estadounidenses y para la intransigente oposición republicana. Lamentablemente, estos últimos no comprenden adecuadamente y desarrollan al máximo su capacidad especulativa a la hora de hacer política. Su estrategia de centrar los intereses de E.E.U.U. en aquellos que sean funcionales a los de su partido ponen en riesgo la recuperación de esta, por el momento, primera potencia mundial.

 

 

 

 

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