La presencia de los latinoamericanos en la ciudad de Nueva York no es tan Nueva como muchos creerían.
Como lo confirman fuentes históricas documentales, esa presencia data del siglo XVII, eso considerando al mestizaje como factor de identificación racial primario. Sin embargo hace falta mucho trabajo para rescatar esa presencia y esa memoria del olvido y de su eventual desaparición.
Esa misión es fundamental para enriquecer el legado que las generaciones presentes estamos dejando a aquellos que vendrán o que nacerán aquí y que serán los herederos directos de lo más valioso que tiene el ser humano como individuos y como sociedad, el conocimiento.
El sentido de rescatar nuestro legado histórico en el presente, para conocerlo y valorarlo en el presente y conservarlo para el futuro, es algo que inconcientemente sienten muchas personas, tal es el caso de la preocupación sobre el rescate de los escudos de la Sexta Avenida de Manhattan.
La comunidad latinoamericana debe sentirse contenta de que finalmente se ha logrado iniciar el proceso de restauración de este gran legado histórico de unidad continental.
Que esta sea la oportunidad para comprender que la realidad histórica y geográfica enseña que los latinoamericanos son mucho más que eso, que son americanos porque ese es el nombre del continente y además comprender que ese continente lo comparten con otros grupos que no solamente son de origen anglo, también de una variedad original planetaria, incluyendo a los grupos nativism que están en él desde hace dice mil años por lo menos.
Esta controversia sobre los escudos nacionales y el desfonocimiento de las verdaderas motivaciones para su colocación original, debería dejar además la lección sobre la necesidad de sustentar mejor las bases históricas cuando se trata de un tema con raíces en el pasado, no solo porque es lo correcto e inteligente de hacer, además porque es necesario. Al ignorar la verdad sobre el origen de algo, se está mutilanfo el proceso, las raíces de un árbol y en lugar de tener un árbol frondoso, lleno de frutos para compartir, tendremos un poco de madera muerta entre las manos.
No hay discrepancia sobre si la presencia de los escudos en el presente toma una nueva significación, ello no debería ocurrir por una motivación circunstancial, no calculos individuales de corta duración, no se debe olvidar que en la historia, un siglo es como un frano de arena, por ello la perspectiva debería ser a largo plazo, es decir, pensando de aquí a doscientos años, por lo menos y comprender que para cuando ese tiempo llegué, los actors del presente ya no estaremos.
Realmente se debe reconocer el logro que la restauración de los escudos constituye para todas las comunidades del continente y el gran mensaje de unidad y diversidad que nos da desde el siglo pasado.
Es importante también reconocer a muchos individuos que de una u otra forma han dedicado su tiempo, sus esfuerzos, su voz, para abogar por la restauración de los escudos americanos de la bien y por ellos llamada, Avenida de las Américas.
La historia no debería comprenderse por los nombres individuales si no por los esfuerzos conjuntos, pero es una muestra del espíritu de unidad y ante todo de integridad, demostrar inclusión, hermandad y justicia, reconociendo las accounts de otros que motivation, apoyaron e impulsaron una causa.
Es decir hacer las cosas correctamente y pensando en valores y objetivo superiores, no en calculations individuales y de momento. Por ello se deben develar los restantes veinticuatro escudos nacionales, de forma más inclusiva y transparentando cualquie decisión sobre ellos tomada, porque se trata de un legado histórico.
Que los ideales de unidad e igualdad de las naciones americanas, retorne con los nuevos emblemas de la Sexta Avenida para despertar la conciencia de la propia identidad de miles de habitantes de la capital del mundo y sus descendientes.


























