Odio por hablar español

SOFIA VERGARA, su ex novio Nick Loeb, le señaló hace unos meses atrás que “era rudo, irrespetuoso y falta de clase que hablara español”. Todo, por clima promovido desde la Casa Blanca.
SOFIA VERGARA, su ex novio Nick Loeb, le señaló hace unos meses atrás que “era rudo, irrespetuoso y falta de clase que hablara español”. Todo, por clima promovido desde la Casa Blanca.

Desde entonces, los prejuiciosos (blancos en extrema pobreza que creen que los inmigrantes le quitan oportunidades laborales, los librepensadores con idearios neonazis, los blancos con resentimientos anti minorías en general, etc.) se han multiplicado y expresado con agresividad su rabia contra quienes hablamos español, al grado que Nick Loeb, ex novio de Sofia Vergara le señaló hace unos meses atrás que “era rudo, irrespetuoso y falta de clase que hablara español” delante de sus amigos o con los amigos de ella estando presente él.

¿Y que hace Mr. Trump ante esta mecha que él ha encendido? Atiza el fuego, fomenta el odio cotidiano entre nuevos y viejos estadounidenses, entre inmigrantes recién llegados y los que ya se han olvidado de sus raíces.

En vez de ser presidente de todos, ha creado condiciones para que estalle un enfrentamiento social, acusando a los mexicanos de ser criminales y violadores ‘malos hombres’. Y, por supuesto, que hablar español es ‘anti integrador’.

Lamentablemente, la actitud de Trump está intransigentemente llena de espíritu prejuicioso, anti inmigrante y racista.

Tal vez si la página oficial de la Casa Blanca online fuese en esloveno, italiano o húngaro (lenguas oficiales de Eslovenia, de donde es su esposa Melania) le prestaría mayor atención.

Pero no crea tanto. La página actual en inglés de la Casa Blanca carece de calidad de contenidos, y solo tiene los escasísimos discursos de quien por el azar electoral está sentado allí como jefe.

Por supuesto, sería aberrante que publicaran los ‘tuis’ de Trump como parte de su página oficial, pero podría suceder, porque hay momentos que pareciera estuviéramos en el reino de Ripley donde lo irreal es cierto.

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